lunes, 31 de enero de 2011

EN LA VIDA... LAS MISMAS CALLES

A eso de las 2 de la tarde salí a comprar unos libros por mi casa. Caminé unas cuadras y pensé que ahora que volví a subir cosas al blog, un tema entretenido era las calles que antes me generaban alegría, luego nostalgia y ahora, son calles y nada más que eso. Llegué a la librería y no había nada que me convencía, así que volví para mi casa con el insoportable calor veraniego. Me senté en la computadora intentando poner en palabras lo que pensaba de esas dos cuadras de la Ciudad y que venía martillandome la cabeza. No pude. Me resigné a los cinco minutos de arrancar. Será la falta de ritmo de escritura o realmente no estaba convencido de lo que quería manifestar. Mandé unos CV y me tiré a dormir un rato.

A eso de las 6 de la tarde tenía que ir a ver a un tipo para hablar de un probable laburo. Me daba paja volver a cambiarme, así que solo me puse las zapatillas y salí sin bañarme, ni lavarme los dientes ni verme al espejo ni arreglarme. Solo me comí un beldent de menta que estaba tirado en el mueble desde el sábado.
El lugar al cual tenía que ir quedaba a seis cuadras de mi casa, para el lado de Villa Crespo, caminé para ese diracción nuevamente con el sol pegandome en la nuca y la transpiración empezando a fluir. No tenía el ipod, tuve que usar el celular para distraerme. Llegué a la esquina de Salguero despreocupado, sin pensar demasiado y mandando un msj de texto hasta que levanté la vista porque venía venir de lejos a una rubia. Claramente mi fanatismo por ellas generó que mis ojos se claven en esa persona. De lejos no veo bien, y no me había percibido quien era. Le ví cara conocida y no había errado, definitivamente era alguien importante. Hay veces que uno está preparado para encontrarse con alguien que en algún momento fue importante, muy. Yo no estaba preparado. ¿Quién lo está?. De hecho, el tema con esa persona de a poco se va sanando y empieza a trasformarse en el pásado. De eso era lo que quería escribir en el fallido intento del regreso de la librería y no pude. De curar las heridas. De cambiar lo amargo por miel. De los fantasmas del recuerdo que ya no salen de noche a paotiarme. De que esas dos cuadras que separan la casa de ella de la mía ya no me generaban lo mismo que meses antes, donde la nostalgia tanguera le ganaba a cualquier otro síntoma. Será el maldito destino, será una prueba del cielo o será simplemente una casualidad que me la volvieron a cruzar cuando menos lo esperaba. Cuando ni lo esperaba en realidad.

La saludé con un abrazo y una risa. Ella lo hizo lo mismo. Me temblaron los pies y me aparecieron unos escalofríos en el cuerpo cuando ella me abrazó. De nuevo la piel de bebe y esas piernas largas cuidadas. El abrazo fue afectuso, sincero, tierno y de corazón. No estaba caretiando. Obviamente, en estas situaciones, lo primero que se charla es de lo formal. ¿La facu bien? ¿El laburo? ¿Tus cosas? ¿Qué tal las vacaciones?. Las típicas preguntas pelotudas, de rigor, que a uno le interesa en menor medida. Pero seamos sinceros, lo que nos importa realmente es a quién se está garchando y no esas cosas que van y vienen. Pero como cambiar el eje. ¿Tus garches? Suena mal, sería interesante e imposible. Te encontrás con una ex y lo primero que le decis, ¿cómo van tus orgasmos? ¿Fuiste al telo de Palermo?. Hablar de lo formal lleva tiempo, no te puedo resumir mi vida de los ultimos 6 meses en cinco minutos, tampoco te voy a invitar a tomar algo. Por eso usamos la esquina del encuentro como nuestro Bar, sin consumir, con gente pasando alrededor y las vocinas de los bondis en pleno Corrientes. Es otra manera de charlar. Es raro. Como que ninguno se anima a decirle al otro que se quiere ir para no quedar mal. Porque en realidad te queres sentar, pero no da. Palabras más, palabras menos, se diluye la charla entre te acordás de tal, de lo que pasó hace mucho tiempo y así una sarta de pelotudeces constantes. Te das un abrazo de despedida, largo, que te dan ganas de quedarte un rato más, por los episodios pasados, y que ya sabes que no se van a repetir. Los soñadores, somos utópicos, pero por dentro realistas. Y sabemos que ese abrazo final es final. Jugamos a que no, pero lo es.

Nos volveremos a ver, no porque uno llame al otro. Eso no va a pasar, sin dudas. No lo vamos a esperar. No llamemos al destino. Dejemos que se mueva por el sector de la cancha que más cómodo se siente. Te sorprende. Te maneja. Prometo que pasar por la esquina de Medrano va ser lo que fue el último tiempo: un gran recuerdo de una persona hermosa e importante. Ahora la calle es la estación de subte, el Mc Donalds y demás negocios. Bueno, va a ser siempre tu hogar también. Y es lindo que volvamos a nuestro hogar por lo menos un ratito de nuestras vidas.

domingo, 30 de enero de 2011

PROMESAS SOBRE EL VIDET

En el mismo momento que te mire fijo a los ojos, me di cuenta que no te quería perder. Apareciste en mi vida sin que te buscara y fueron más los momentos felices que tristes. Fueron más los momentos de risa que de llantos. Fueron momentos. De momentos quiero vivir, compartir, sentir. Necesito de esos momentos. Darme cuenta que hay gente diferente, que piensa distinto y canaliza a su manera. Hay que amoldarse a una cabeza que uno no frecuenta. Hay que valolarlo. Aferrarse a alguien que realmente vale. Que se interesa en escuchar al otro, que opina, que la vive, que tiene ovarios y sinceridad. Que no está en la duda, que sabe lo que quiere. Claro, saber lo que uno quiere. Mierda. No estaba acostumbrado a vincularme con alguien que sabe hacia donde apunta, hacia donde quiere ir y con que armas. La vida nos enseña que hay que dajarse llevar, no forjar las cosas. Pero a veces, es conveniente entender que hay gente que en su válida razón tiene un mínimo lapsus de iluminación en el cual tienen la certeza de saber donde quieren moverse. Los envidio. Los copiaria. Estaría curtiendo mis principios si fuese como ellos. Me tengo que chocar la cabeza contra la pared, aunque hoy es por una causa justa. Interpretar al otro. Al que tiene la capacidad psicológica de plantear las cosas que no van. Por dentro me siento gratificado, orgulloso y tranquilo de que todavía haya mujeres con esa facilidad. Es bueno volver a la mañana, sin tener que comerme el bocho por un sufrimiento que ya casi no está presente y pensar un poco en el futuro. En esa idea de que no todo es tan malo. Tan gris. El color verde puede estar asomando, con sus decaídas, se destiñe a veces, pero jamás pierde la escencia del color. No quiero que se destiña lo que se construye. Quiero agregarle más colores felices al gris de la pared. O mirar el techo con tu cabeza en mi pecho y cerrar los ojos. Un abrazo, una caricia, un mimo. Seguir peleando por esas cosas. Valen la pena. Ya no es una utopía ni un sueño abstracto. Es una realidad. Hay que vivir en esta realidad. Alguien tiene que ceder, es conveniente. No tengo problemas. Entendí todo. Cediendo se gana algo valioso. El fruto de la victoria tiene un valor impagable. Es el precio del amor. Y en el amor nada se compra. Nada se pierde, todo se transforma.

sábado, 29 de enero de 2011

TUS BESOS

Besos con sabor a excesos
Besos que endulzan hasta la sal más salada del universo
Besos con aroma tabaco pero sin llegar a ocasionar una enfermedad en el cuerpo
Besos que curan el alma
Besos que funcionan como terapia ante el malestar
Besos que reflejan el estado más puro del hombre
Besos con un toque de canabbis que no trae más que el toque de la victoria y la serenidad
Besos que le ganan a la soledad, siempre ahí, esperando que caigamos
Besos que triunfan sobre los silencios
Besos que ocultan a los miedos en un lugar que es preferible no encontrar jamás
Besos que duran por horas, por meses o por siglos, inmunes a otras bocas que no sea la de esa persona indicada
Besos que quedan marcados como una especie de tatuaje que otro beso no puede tapar
Besos indescriptibles, perfectos o justos
Besos transparantes, poéticos y filosóficos
Besos que callan peleas, gritos o rencores
Besos suaves, delicados y con los ojos cerrados, sin permitir que se abran en ningún momento. Pecando ante el más mínimo despegue de las lenguas.
Besos que no se terminan nunca y cuando se terminan, quedan fijados en el labio (y en todo el cuerpo)
Besos en estado de nerivosismo que se transforman en estabilizadores emocionales
Besos que tapan estados de imperfecciones
Besos simples, sin complejos, sin tabues y ataduras
Besos cómplices, audaces y necesarios
Besos sinceros y sutiles
Besos que no hacen más que recordar un segundo, un instante pleno de felicidad absoluta y son la esperanza utópica de que en un atardacer, mientras la luna se pone lentamente, esos besos serán testigos de ese acontecimiento. Cuando vos, siempre tan vos, vas a venir a sentarte conmigo en la arena suave, con el ruido del mar de fondo y sin nadie más que nosotros. El beso de la eternidad, el beso que nunca morirá, el beso tuyo, el que nunca despegará de mi mente y al cual aspiro besar nuevamente.

miércoles, 5 de enero de 2011

UN JUEGO ABSURDO

La mujer utópica es una mina que cumple con dos requisitos que parecen incompatibles: linda e inteligente. Cuando por lo general un pibe sale con una piba, lo primero que te preguntan tus amigos es ¿linda o inteligente?. Como si ambas facetas no puedan unirse generando justamente la idea principal del post, la utopía. Una mina que ya estuviste no es utópica. Ni siquiera cuando ese alguien no te da más bola y vos querés estar igual. El solo echo de haber estado en algún momento significa que no es un imposible. Compartiste momentos y situaciones. Te quiso. Te necesitó. Te buscó. La utópica nunca pensó en vos, no te necesitó ni piensa en vos. No podes creer que exista alguien con todas las cualidades juntas. Es esa mezcla rara: una mina que la ves compartiendo una cena familiar, caminás por la calle de la mano o te tirás en una cama teniendo sexo brusco. Son todas las combinaciones más extremas. No es la perfección. Por lo menos, yo no creo en la perfección. Siempre hay una mina que nos gusta mucho, más que otras. Las otras, las que no nos gustan tanto, son las que nos dan bola. En cambio, ellas, las utópicas ni nos miran ni nos registran. A lo sumo, les generás lástima. Ni así les sacás un sí. ¿por qué me gusta esa? ¿por qué no me gusta la que me esta abrazando y valorandome? ¿por qué insisto en un NO seguro?. Soy partidario de que están estas minas que nos vuelan la cabeza, que no podés creer que la naturaleza les hayan dado semejantes virtudes y uno está tan lejos de conseguirlas. Las escuchás hablar, las ves caminar o reirse y decís "¿por qué tiene que ser un sueño para mí?". Generan que te baje el autoestima, están del otro lado del camino. Está bueno que existan igualmente. Pero solamente van a exisitr, nada más. No sueñes con ganartela o con un beso de película con espectadores de fondo aplaudiendo la escena. Solamente apoya la cabeza en la almohada y pensa por dentro "que linda chica utópica". Es un juego al que hay que someterse. Es un juego en el que uno sale lastimado. Es un juego absurdo.