domingo, 30 de enero de 2011
PROMESAS SOBRE EL VIDET
En el mismo momento que te mire fijo a los ojos, me di cuenta que no te quería perder. Apareciste en mi vida sin que te buscara y fueron más los momentos felices que tristes. Fueron más los momentos de risa que de llantos. Fueron momentos. De momentos quiero vivir, compartir, sentir. Necesito de esos momentos. Darme cuenta que hay gente diferente, que piensa distinto y canaliza a su manera. Hay que amoldarse a una cabeza que uno no frecuenta. Hay que valolarlo. Aferrarse a alguien que realmente vale. Que se interesa en escuchar al otro, que opina, que la vive, que tiene ovarios y sinceridad. Que no está en la duda, que sabe lo que quiere. Claro, saber lo que uno quiere. Mierda. No estaba acostumbrado a vincularme con alguien que sabe hacia donde apunta, hacia donde quiere ir y con que armas. La vida nos enseña que hay que dajarse llevar, no forjar las cosas. Pero a veces, es conveniente entender que hay gente que en su válida razón tiene un mínimo lapsus de iluminación en el cual tienen la certeza de saber donde quieren moverse. Los envidio. Los copiaria. Estaría curtiendo mis principios si fuese como ellos. Me tengo que chocar la cabeza contra la pared, aunque hoy es por una causa justa. Interpretar al otro. Al que tiene la capacidad psicológica de plantear las cosas que no van. Por dentro me siento gratificado, orgulloso y tranquilo de que todavía haya mujeres con esa facilidad. Es bueno volver a la mañana, sin tener que comerme el bocho por un sufrimiento que ya casi no está presente y pensar un poco en el futuro. En esa idea de que no todo es tan malo. Tan gris. El color verde puede estar asomando, con sus decaídas, se destiñe a veces, pero jamás pierde la escencia del color. No quiero que se destiña lo que se construye. Quiero agregarle más colores felices al gris de la pared. O mirar el techo con tu cabeza en mi pecho y cerrar los ojos. Un abrazo, una caricia, un mimo. Seguir peleando por esas cosas. Valen la pena. Ya no es una utopía ni un sueño abstracto. Es una realidad. Hay que vivir en esta realidad. Alguien tiene que ceder, es conveniente. No tengo problemas. Entendí todo. Cediendo se gana algo valioso. El fruto de la victoria tiene un valor impagable. Es el precio del amor. Y en el amor nada se compra. Nada se pierde, todo se transforma.
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