La lluvia golpea el techo de mi habitación desde la mañana. Las gotas se meten por las rejas de la ventana en el mueble, mojando un poco los libros. El olor a tormenta me hace acordar a ese miercoles de octubre del 2009. Estamos hablando de hace más de un año. Cuando en ese miercoles lluvioso me mandaste un mensaje al mediodía que decía "¿como estás hermoso? ¿voy a almorzar a tu casa y combatimos la lluvia?". El mensaje era simple, básico. Pero era la primera vez que me decías "hermoso". Apenas pronunciabas mi apodo, como con miedo, un poco por tímidez y otro poco, para separar el terreno. Cuando leí lo que me pusiste me dio unas ganas tremendas de abrazarte. No dudé ni un minuto en faltar al laburo y en no ir a la facultad. ¿Que cosa mejor tenía que hacer? Estar con la chica que amaba, disfrutando de tu compañía, tirados en una cama y escuchando la metro. Me acuerdo exactamente estar acostados en el mismo lugar que estoy escribiendo ahora, vos con la cabeza en mi pecho y el hombre cualquiera tirando una máxima. Nos descostillamos de risa, y nos quedamos dormidos. Desnudos. Libres. No nos importaba otra cosa. Dejabamos todo por estar juntos. No era como vos me habías escrito en el mensaje, "combatir la lluvia". Era amarnos un poco más. Descubrir que no había otra receta que la de estar juntos. Que la lluvia nos ponía cursi a los dos, pero que aprendíamos a convivir con ella de a dos. Que muchas veces seguramente los dos en medio de un diluvio habremos pensado que teníamos que quedarnos en nuestras casas solos, sin abrazos ni caricias, con la sola certeza de que teníamos que comprar chocolates para ver una película de amor cuyo final nos deparaba un llanto incontrolable. Saber que en ese momento los chocolates los teníamos que compartir, que la película ya no era tan triste y que los llantos no eran de tristeza sino de felicidad era lo que nos hacía un poco más feliz. En medio de la rutina, encontrabamos la sastifacción de tenernos.
No puedo soportar que llueva, no puedo soportar que encima sea viernes. Aprendi a soportar que no estés acá. Pero son los días como hoy, oscuros, grises y nublados, donde necesito aunque sea que estés un solo segundo en mi cama. Que me suene el celular y de nuevo el mensaje diga: ¿como estás hermoso? ¿voy a almorzar a tu casa y combatimos la lluvia? Sí. Aunque esta vuelta, que no sea sólo un almuerzo. Que sea para siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario