No te mandé un mensaje por alguna razón lógica. Es todo ilógico. La lógica por fin se nos deshizo en la boca, diría Fito. Si todo fuera lógico con vos no pasarían las cosas que pasan. No seguirían pasando situaciones extrañas. No habría un mensaje, ni siquiera un encuentro, mucho menos un beso. No te elegí por lo normal. Te elegi por lo anormal. Por las decisiones alocadas. Por tu forma de ser extraña. Por tus salidas que nadie entiende. Si cada vez que pienso en mandarte un mensaje de texto, me pondría una traba estaría en contra de mis sentimientos. Dejaría de ser yo. Me trasnformaría en un jugador. Con su estrategia, con su idea de juego bien clara y una manera de actuar distinta a la de alguien relativamente normal. No es que no me guste la gente normal, pero los anormales tienen algo diferente. No es el hecho de ser anormal, sino es el hecho de como llevan su vida. No son aburridos, lo que no quita que no sean simples. Anormalidad y simpleza van de la mano.
Sé que te reís mucho cada vez que te hablo. Sé que a veces te parezco una carga, te obligo a responderme o genero incomodidad. Por otro lado te subo el autoestima o te sentís mas linda, más mujer capaz. No sé porque las minas necesitan todo el tiempo que les digan que están lindas. Prefieren que se les diga que les queda mejor el pelo de tal color o la ropa que se compraron, a que son interesantes o inteligentes. De que tienen virtudes que no pasan por lo físico. Sabemos que tu caso puede encajar en la belleza, pero también en tu manera de ser. Y si bien a mi me vuelve loco tu forma de ser, no por eso dejo de ser como soy con vos. En la vulnerabilidad es cuando me doy cuenta que todo los conceptos se van por las ramas. Que pienso menos, actuo más, me expongo demasiado, termino lastimado, roto, y así y todo, te vuelvo a idealizar. A veces no entiendo si es que te extraño a vos. O extraño tus acciones. Si extraño tus abrazos, o extraño sentir ese abrazo tuyo. Si extraño garchar con vos, o extraño hacer el amor con vos. Me lleno de interrogantes. Me vuelvo neurótico, obesivo y terminó enroscandome la cabeza una y otra vez. Ya no pasa por una cuestión de celos. No digo que no los tenga. Ni que no piense en que te estás revolcando con otro, o peor aún, saliendo con otro. Puede que pase el tiempo, que sepa menos de vos, que vos hayas cambiado incluso. Lo que no me arrepiento de hacer, y aunque suene un poco autodestructivo, es de mendigar amor. Mendigo tu amor porque no me dejaste comprarlo. Me arrastro mirandote a los ojos desde el suelo, como un rehen de tus tetas. Y siempre, tus respuestas siempre son cortitas y al pie. Claras. Envidio sanamente tu claridad, y al que las está apreciendo. Y elijo mendigar. O mejor dicho, te elijo a vos.
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