lunes, 16 de mayo de 2011
DIVIDIDOS POR LA FELICIDAD
Caminaba por Santa Fé y se me iba el bondi. No tenía mucho tiempo para pensar, era el libro o llegar temprano a la facultad. Claramente la literatura ganó el partido. Entré convencido en comprarme el último de Murakami. Nunca entnedí esa manía de comprarme libros cuando todavía tengo cinco libros tirados para arrancar a leer. Se van acomulando y termino leyendo todos al mismo tiempo. Cuando miré el precio, me di cuenta que no tenía plata para comprarlo. Salí de la libreria. Me dio un poco de bronca, así que me pusé los auriculares en mis oídos y puse un poco de Sumo. Luca hablaba de los viejos vinagres, de las mañanas en el abasto y de un ojo blindado que lo mira mal. El contexto le daba la razón. Había viejos vinagres, viejas paquetas de Recoleta, y sentía que algun cheto me miraba mal de reojo. Seguro me estaba paranoiqueando. Seguí caminando, ya con la decisión tomada de no ir en bondi a la facultad, y mientras me metía en mi mundo ficticio pensaba que las cosas cambian. Que los estados de animos cambian. Que antes pensaba en algo que no tenía que pensar. Ahora pienso en algo que me mantiene fresco, nuevo , volviendo a ser yo. Si los fantasmas del recuerdo ya ni salen a patotearme. Dejando todo atrás. Siempre remarco que el pasado está a la vuelta de la esquina, igual que el dolor. Pero es cuestión de uno, no cruzarselo, intentar vivir el presente a pleno. Creo que no está mal matar al pasado escribiendolo. Pero es mucho mejor, escribir el presente. Y más, cuando te tengo en mi cama todos los días de mi vida.
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