domingo, 1 de mayo de 2011

LAS COSAS QUE NO SE TOCAN

Me acosté en mi cama y miré el techo como suelo hacer cada vez que me baja el día de golpe. Miré en detalle la lámpara que ilumina mi habitación y me di cuenta que el artefacto solo cumplía con su función básica. Que había alguien que realmente iluminaba mi habitación y todo lo que me rodea hace ya un tiempo. Es díficil asumir que te quieran. Capaz para el que viene de padecer la falta de afecto (por llamarlo de algún modo), que venga alguien que con una simple sonrisa te alivie el día es algo único, que te hace emocionar hasta las lágrimas. No hace falta el agradecimiento, es verdad. Pero todos merecemos en la vida ese instante de placer. El amor nos da una cierta energía que dificilmente te la pueda dar otro síntoma.

Me estoy tapando con mi frazada, me corro un poco para la derecha y veo que tengo vacía la parte izquierda. Me siento un poco solo, como que me acostumbré a que me den esas caricias o ese beso de las buena noche. Por suerte, puedo decir que esta vuelta no es alguien que se fue para no volver. Lo que sí puedo decir es que me está enseñando cosas fundamentales: a volver a creer en el amor, a volver a creer en mí, a volver a creer en el placer de compartir la cama con alguien, a creer en que las risas sean la mejor terapia contra la tristeza, a creer en la seguridad de que un simple te quiero vale más que mil palabras, a que las cosas llegan de golpe cuando menos lo esperás, a compartir y a crecer, que de eso se trata el asunto. Las cosas fundamentales impulsan todo lo que nos rodea. El amor es el artífice principal de que el resto de la rutina esté en su debido orden. Quiero pensar que hay muchas más cosas que uno tiene que descubrir en la vida. Y espero que todas esas cosas fudamentales se relacionen con vos.

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