jueves, 19 de mayo de 2011
Y TODO LO DEMÁS TAMBIÉN
El semáforo se pone en verde. Avanzo. Pongo primera, segunda y tercera. De nuevo me agarra otro semáforo. Me quedo en la esquina, miro a la derecha y veo una pareja caminando de la mano. Él se ríe y ella le festeja su risa. Caminan unos metros más y se pierden entre la oscuridad de la noche. El semáforo de nuevo se pone en verde. Nuevamente hago los cambios correspondientes, pero esta vez agarro la onda verde y no paro hasta llegar a mi casa. Dejo el auto en el garage y me doy cuenta que no tengo sueño. Que es un jueves, que son las dos de la mañana y no quiero meterme en la cama. El quiosko que está al lado de mi casa está cerrado. La estación de servicio que está enfrente cerró definitivamente hace un tiempito. Pienso en que muchas veces me salvo cuando necesitaba comida para enfrentar el bajón y de otras necesidades también. Creo conveniente caminar un par de cuadras. Antes caminar un par de cuadras no me hacía bien. Eran los recuerdos. Estaban ahí, como molestandome para no poder despegar. Entonces, sabiendo que no hay nadie molestandome, decidí caminar. Despacio. A paso de viejo diría. No hay un alma en la calle, hace frío y no sé si es tan seguro el barrio. Pero me gusta el barrio. Es la escencia, la cuna, la infancia. Hago las dos cuadras y no me genera nada, ningún sintoma de extrañamiento. Es hora de volver a casa. Paso por un quiosko y compro unos chicles. Me quedo parado en la puerta de un bar, y como uno mientras miro la nada misma. Me quedó un minuto y me doy cuenta que realmente no paso ni una persona. Cuando estoy por llegar pienso en que haría si no tendría lo que tengo ahora. Sería todo más díficil, tal vez. Tenemos problemas, tenemos relaciones pasadas, tenemos momentos de fragilidad, tenemos momentos de bronca, tenemos historias, tenemos recuerdos, y por sobre todo, tenemos sentimientos. Lo más importante, al fin y al cabo, es que nos tenemos. El resto es puro humo. Y todo lo demás también.
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