Decime que me odias. Decime que te olvidaste de mí. Decime que no soy absolutamente nada, pero cuando digo nada es nada en serio. No soy ni un extraño. Soy lo equivalente a un papel tirado en la calle. Mandame a la mierda. Decime que te reís de lo que escribo de vos. Decime que no te robo una lágrima. Sólo te tiras a la cama a reirte con la almohada de cómplice. Pienso que pensás que soy un loco, psicótico o un patético. Interpreto que no sabés ni un poco cuánto te extraño. Ni que haría todo por volver no a estar con vos toda la vida, sino una milésima de segundo. Se frontal, como siempre, y dejame llorando una vez más. Que esa tristeza sea la última. Que no haya otra. Que no haya posibilidad de un regreso. Se clara y precisa. Soy lo más patético que viste en tu vida y tenés unas ganas inmensas de decirmelo. Te pido encarecidamente que no lo dudes. Puede llegar a ser la forma para creer que no valés nada. No creo. Siempre termino creyendo que valés de alguna u otra forma. Busco la manera de mentirme a mi mismo para idealizarte un poquito más cada día.
Que te podría tratar como nadie. Que podría robarte no una sonrisa, varias, en un rato. Que me podría meter en la cama con vos hasta el fin del mundo. Cierro los ojos y se me viene tu figura. Tu sonrisa inolvidable. Tus rarezas hermosas. No hay otra forma más sutil para describirte: rara. Rara linda. Coqueta. Vos. Elegante. El andar de una modelo. Creersela, pero en el buen sentido de la palabra. Seguridad. Inseguridad sólo ante determinados temas. Tirame una piedra cuando pasas por mi casa, rompeme la puerta de entrada y poné en el papel "basta, no quiero que me escribas más nada, no entendés las cosas parece". Basta de llamarme así. Putiame. Traeme a toda la barrabrava y cagamé a trompadas. Dejame en terapia intensiva a causa de los golpes y con perdida de conocimiento. Vení hasta mi cama, y mientras duermo, clavame un cuchillo donde más te guste. Desangrame. Dejame morirme en tus brazos. Escupime si me cruzás algunas vez. Mirame y esquiva la mirada. Soñame como algo asqueroso. Lo más vomitivo que puedas soñar. Matá al sueño. Cambialo por alguien que te mueva en serio. Explicame que el amor es sufrir. Que la consigna con vos es siempre la misma: sufrir. Tratame de suceptible, obsesivo y freak. Una cachetada podría ser la solución. Bajame a tierra y poné las cosas en su lugar. Volvamos de cero. No te conocí. Vos no me conociste. Caminamos en el subte y no sabemos de nuestra existencia. Vos sos un ente que camina en la ciudad, al igual que cualquier transeunte de este caos cotidiano. Yo soy simplemente un nombre. Nunca te acostaste con alguién con mi nombre, cuando lo escuchás para vos es la nada misma. Nulo. Cagate en todo lo que te dije. Agarrá lo que te escribí y quemalo. Poné también alguna foto nuestra. No te olvides de ningún detalle. Que sea una tarea limpia. Sacá la basura. Llamame y decime que soy el ser más despreciable que conociste. Un insoportable. Un adicto a tu belleza. Mentime. Sostené la falsedad de que cambiaste y que ya no sos simple. Ahora no te gusta más estar tirada en el pasto, tomar una cerveza un día de calor ni disfrutar la vida. Enseñame que vos me generes lo mismo. Rompeme el corazón más todavía, diciendome que estás de novia. Que encontraste tu otra mitad. Incluso te vas a recorrer el mundo con él. Clavame una puñalada con palabras. No actués. Pronuncia una sarta de cosas que nunca pasaron para hacerme entender que es un no. Leeme. Escribí para mí una carta que diga lo que para vos es el amor. Sorprendeme. Mostrate. Entregate al placer de la paz mental. Vomita tu realidad, tu sensibilidad, tu necesidad. No te ocultes en tu cuerpo perfecto. Jugá con el corazón. Escuchá una canción que te haga llorar y selecciona las partes que no aguantaste el dolor. Haceme entender que vos también sufrís. Que no te gusta dominar. Ni siquiera tenés la capacidad para hacerlo. Busca en el placard algo que signifique para vos amar a alguien. Hacemelo llegar de alguna manera.
Antes de subirte a un avión, mira a tus alrededores, cerrá los ojos y en un instante, acordaté de todo lo que hice por vos. Cuando los vuelvas a abrir, seguí caminando y subite pensando que es el último viaje de tu vida. Vivila. Disfrutala. Suma experiencia. Conocé otras culturas. Intentalo. Convencete. Usa tu cabeza. Habla. Camina. Que te agarre melancolía, entre el alchol y los excesos. Acostate con alguien del cual no disfrutes. Malas anécdotas. Sentate con tus recuerdos mientras te fumás un pucho. Un solo segundo acordate de nuestras risas continuadas, de nuestra tranquiliad, de nuestros abrazos, de nuestros silencios y de nuestra química. Cerra la puerta, apaga la luz y volvé a realajarte.
Hagas lo que hagas, digas lo que digas y sientas lo que sientas, nunca, pero nunca vas a ser un recuerdito.
No tengo a donde ir.
Sabés donde encontrarme.
En algun lugar, te espero.
Anotalo en tu libro de viaje.
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