jueves, 16 de diciembre de 2010

VENCEDORES VENCIDOS

Los recuerdos se hacen de mujeres perdidas. Cuando uno escribe sobre determinada mujer, sea a través de distintas alternativas artísticas, lo hace cuando ya no tiene a esa mina al lado. Hay casos que sí las tienen y digamos que se encuadra la fígura de la felicidad a la perfección. Por lo general no salen buenas cosas, salvo que quien las escriba sea alguien dotado de poesía exacta. De esas poesías que dan ganas de compartir ese momento de risas absolutas con el autor. Creo que al escribirle al amor perdido le da otro gustito. Más allá de ser una forma de canalizar las penas, salen cosas más reales y muestra que un hombre también sufre por amor. El rótulo que pone la sociedad de que es la mujer la única que sufre, es algo realmente falso. Los pibes también lloramos y sufrimos. Nos rompen el corazon. Al principio nos escudamos con lo más fácil, lo que más tenemos a mano, "y si, es una puta de mierda". Es la salida más simple. Por dentro sabés que es mentira. Cuando analizás en profundidad todo lo que pasó, te das cuenta que no es así y escribiendo te das cuenta de ese contraste. Al principio es una puta, que te dejo para garcharse a cualquier otro que no seas vos y que no le interesás más porque se quiere acostar cada fin de semana con uno distinto. No. Te cortan porque nos les cabes más, pueden querer garchar con otro, pero no es sólo ese factor. Porque si compartís un sexo único, y los dos lo saben, hay otras aristas que hacen que no se siga con la relación si por el lado sexual viene todo barbaro. Llámese rutina, compromiso, libertad, cansancio o el nombre que sea. El sexo puede ser un nexo tajante en el vínculo, elemental para la convivencia. Pero aún con ese sexo fantástico, las cosas pueden terminar. Ahí, en esa evolución de escritos que planteaba antes, la mina pasa de ser la más puta a que sea la más hermosa del universo, la idealizas y pensás que nunca vas a conseguir otra igual que ella. Después, vuelve a ser una puta, después es la mejor y así sucesivamente. Es un ida y vuelta que también depende del estado de ánimo de uno. Si estás en una racha de no estar con nadie, pensás que la otra sí lo está y la odias un poquito. Si estás tranquilo, puede que consideres que al final era buena, que la querés y le deseas lo mejor en su vida. Caminas en la cornisa todo el tiempo.

Lo que sí me da vuelta en la cabeza estos días es cómo reaccionaría una mina a la cuál le dedicas ciertas palabras con dosis elevada de romanticismo, sin llegar a ser cursi pero ocasianando que tu gente lea lo que escribiste y digan cosas como "se me puso la piel de gallina", "me sentí identificado", "lloré con tal parte". La gente con la cual lo compartís o lo mostrás, la siente como vos, sufre a la par y se sienten tocado con esa angustia a flor de piel. Ahora, a la destinataria, ¿qué se le cruza por la cabeza?: ¿se caga de risa?, ¿se ríe de lo pelotudo que sos por dedicarle algo a ella?, ¿le muestra a sus amigas lo que escribste en una previa mientras se emborracha para humillarte adelante de todas?, ¿lo leé para subirse el atuestima?, ¿se creé capaz de hacer lo mismo con sus próximos hombres?. Puedo plantear interrogantes toda la noche y no voy a encontrar la respuesta indicada. Depende de la persona y de sus caraceterísticas. La mina que se lo toma mal está en su derecho y la mina que piensa que el flaco dejó todo en la cancha, puede darle otra oportunidad. Los amores no están perdidos. A mí, me gusta pensar así. Uno puede pelear una y mil veces para recuperar lo que perdió. Se puede chocar contra una pared y rebotar hasta el casillero cero. Tiempo después, intentás seguir avanzando. Y en algún momento te quedás donde estás. No por falta de actitud, sino por saber la respuesta. Por una lucha en vano, que fue una lucha porque te derrotaron de pie.

Si me pongo a leer a una mina que escribe sobre amores perdidos, me emociono. Pienso que si estaría en el lugar del flaco, le daría una chance. Ahora, me pongo en el lugar del que dejó, y también me pica el bichito de entender que se terminó. Ya fue. Es una contradicción permanente. Así y todo, reconozco que espero devoluciones que nunca serán devueltas por ciertas musas. Que espero rozar la neurona del amor y llegar al corazón. Y sobre todo, espero que en los bolsillos de mis pantalones siga habiendo papeles escritos dedicados a mujeres perdidas.

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