miércoles, 1 de diciembre de 2010

ESA ESTRELLA ERA MI LUJO

Hace un tiempo había ido a un telo con una mina en un estado de borrachera importante. Ya entramos ríendonos, pero veníamos así hacía dos cuadras, donde frenabamos cada tanto a matarnos contra una pared. Habíamos chupado en gran cantidad aprovechando que ninguno estaba con el auto. La situación era una mezcla de risas y franeleo caliente. Pagué la habitación y fuimos al ascensor. Mientras lo esperabamos, veo que la cara de ella se transforma. Y que saluda al pibe que estaba pagando atras mío y que se estaba acercando con una mina al ascensor donde estabamos nosotros. Me preocupé e imaginé enseguida que era algún flaco que ella se había curtido. No me gustó la situación y sentí que la borrachera se me había ido. Los celos otra vez, no puede ser.

Como la capacidad máxima del ascensor era de tres personas y eramos cuatro, dos tenían que esperar. Claramente todos juntos no ibamos a subir, aunque sentí que el flaco se garcho a mi mina con la mirada, mientras que yo no tengo registro de su mina. El pibe nos dejó subir a nosotros. No creo que por caballerosidad sino por verguenza. Cerramos la puerta del ascensor y ella se empezó a reír, se tiró al suelo incluso, nunca la había visto así en meses. A mi no me causaba mucha gracia lo que pasaba y no iba a pedir explicaciones. Pero esas carcajadas tenían algún motivo. No me quería contar hasta llegar a la habitación y tuve miedo de la respuesta que me iba a dar. Abrimos la puerta del cuarto y entre besos calientes no dejé que el asuntito siga. No sé porque me mambie tanto con lo que había pasado. Le dije que necesitaba saber quién era el pibe de abajo. De nuevo, ella estalló en risas y mientras acariciaba mi cara, me comentó que era un flaco que se había garchado a una de sus mejores amigas. Y que parece ser que al pibe las cosas en la cama no le iban muy bien. Al principio, no le creí mucho. Pensé que era una excusa para esquivar el verdadero motivo. Que en verdad el flaco se la había movido a ella y no me lo quería contar. Al toque, me di cuenta que ella podía tener muchos defectos, pero sincera era. No hay dudas.

Seguimos nuestra aventura sexual por un rato. Y después del primer intervalo del acto empezamos hablar del tema de los telos. De cuantos conociamos, de cuales eran lindos y cuantos se parecían a Iraq. Ya habíamos ido a varios juntos, por eso el tema se hizo fácil de hablar, más alla de la confianza que nos unía. Si bien ya veníamos estando hace rato, le blanquié que conocía bastantes pero que no era el lugar donde más me siento comodo. Ella sobró la situación y me dijo que se dio cuenta. En mi cama me veía más suelto. Como que yo tenía dos formas de garchar, una mas relajada en mi cuarto y otra más brusca en un telo. No entendí por qué, pero tenía razón. Ella lo describió bien: "tu cuarto es un reflejo tuyo, es tranquilidad, es un sexo más de novios, en el telo somo más amantes y capas nos volvemos más guarros los dos, igual es lo que mejor hacemos, disfruto al máximo de las dos maneras". A ella le empezó a comer la cabeza su forma de garchar. No tenía inteción de agrandarla, de subirle el ego, pero era la mejor, no había dudas. Me hice el pelotudo y no se lo dije. Le remarqué que ella en mi cama se comportaba como mi novia, sin perder su toque característico. En un telo era una hembra que parecía que venía de una abstinencia de años. Se puso seria y me dió la razón. El telo, al fin y al cabo nos transformaba a los dos. Era más guerra. La cama era un ring de boxeo.

Se sacó la tanga y se subió arriba mío, como para corroborar mis dichos. Obvio que no me negué. Era verdad, en la cama de un telo las hormonas estaban al rojo vivo. Lo que sigue no se puede contar, es pura imaginación. Lo único que puedo decir es que esa estrella era mi lujo.

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