lunes, 6 de diciembre de 2010
FILOSOFÍA BARATA
No hay inspiración hace rato. Es como que no encuentro temas interesantes para postear. O los que encuentro los veo repetitivos y aburridos. A veces son ráfagas que me aparecen en un momento, que me digo a mi mismo "este tema estaría bueno". Cuando me siento a escribir en la computadora, no sé por donde empezar. No hay una musa específica a la cual defenestrar o idealizar. Si la hay, es preferible mantenerla escondida. Es una cuestión de respeto. Como que esa palabra está tomando más valor. El respeto a mi mismo, a quererme a mi mismo mejor dicho. A no mostrar las miserias. Es la etapa de erradicar penas, de que cada vez estén más lejos. Aunque tengo que admitir que de vez en cuando caigo en la melancolía de la noche. No puedo escribir de día todavía. Sigo en las penumbras buscando ese momento de sacar todo de adentro. Cuando ya leí un libro, cuando ya comí el postre y solo me queda apoyar la cabeza en la almohada. Es ahí, el momento de intentar conciliar el sueño que surjen las mejores ideas. Que te cae el día de golpe. Que la musa inspiradora que no asoma en el día asoma por un rato, como a querer molestar por entrar en mi mente. Robandome los pensamientos y las buenas energías que uno intenta retener. Será ese silencio caótico, ese aire acondicianado viejo que larga un frío que me hace tapar hasta el cuello o esa película que engancho en el zapping televisivo. Será ya no una necesidad, sino una forma de ser. La soledad en su estado más puro, la cama vacía y esperando a aquella persona que nunca va a llegar. Con el utópico sueño intacto de encontrar a otra persona que sepa valorar el esfuerzo y la vocación del poeta frustrado. Esas ganas de buscar la felicidad, de escribir derroches de risas y carcajadas. De esperanzas futuras, lleno de amor. Porque la teoría de que si el amor se cae todo alrededor se cae, se hace cada vez más fuerte. La caída del amor genera el estado de cursiada más significante del ser humano. Saca sus pasiones ocultas, las no ocultas y las quiere compartir con la sociedad. Una sociedad que idealiza una forma de vida y una rutina. La rutina odiada del trabajo, de la facultad y de los parciales violentos. Cuando nos violentamos tenemos motivos, no es así porque sí. Nos da resentimiento cuando nos dejan, cuando perdemos algo que queremos y luchamos hasta el final para recuperarlo. Esa pelea no da sus ganancias y no queda otra que resignarse. Sin antes decir, una sarta de palabras nostálgicas que esa persona que queremos que la lea, no la lee. Que a esa persona le chupa tres carajos si nos estamos muriendo de amor. Porque no conoce el amor o porque piensa que el amor es algo complejo que lo único que trae son problemas. Pensando que el sexo sin amor es por lo único que uno tiene que pelear. Llegar a ese orgasmo ganador para irse a dormir más tranquila. Sin importar recibir ese abrazo y ese beso que es mucho más fuerte que ponerse en cuatro y que te penetren con tanta fuerza que el goce ya no es goce sino sufrimiento. Pero que te gusté tanto ese sufrimiento porque es la forma de canalizar asperesas. La vida no es que te cojan bien, es que te cojan con amor. Con amor sexual, no deja de ser sexo, pero mezclado con esa dosis exacta de suspiros. De saber que estás tranquilo que diste todo, que no sólo te importaba acabar en esas tetas e irte dormir. Sino que acabar en esas tetas tiene un significado metáforico que pocos saben. Es tener la llave de la felicidad interna. El conflicto pasa cuando la persona se transforma en un par de tetas que camina o en un culo. No, ese es el error. No ver a la persona completa. Mataté ejercitando el cuerpo para ponerte las polleras cortas y mostrar tus piernas. Después cuando te mostrás como sos en realidad, el valor intelectual se reduce cuánto más aumenta la firmeza de tus tetas. Pasa a ser nulo. Pasas a no tener cabeza. A ser un ente que camina por la sola inercia de las piernas. Sentandote en una mesa, tomando una cerveza y sabiendo que lo único que aprendiste en la vida, es que en la cama hay que ser puta. Feísimo. Esta bueno ser una puta en la cama, pero una dama en la mesa. No hay nada peor de que sólo quieran acabar con vos y pedirte el remise porque no te soportan más. Se puede cambiar. Es cuestión de amar sin complejos, es cuestión de ser asquerosamente cursi, es cuestión de sacarse la mierde de encima.
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