viernes, 24 de diciembre de 2010

LA ANTINAVIDAD

Son las 22:50 del 24 de diciembre del 2010. Es nochebuena. Para los que no festejamos navidad puede ser que el día de hoy suela ser uno más de tantos. De hecho, hice lo que haría en cualquier día común de la semana. No organice ninguna cena, no me colé en ninguna reunión ni me preocupé por el asunto. Simplemente comí una rica comida casera en mi casa y a esperar el transcurso de la noche. Es rara la ciudad en estas fechas. Navidad en la calle sí se nota, por más que yo no sienta la fiesta. No es un fin de semana ni un día de madrugada en la semana. Hay olor a navidad. La gente tiene otras vibras y se nota. Algunos están más amables que en los caóticos días de verano en el cuál se matan para entrar a un subte o subirse a un bondi. Les dura poco igual.

A mí el 24 me marca que está terminando el año y me pone melanco. Si lo soy por naturaleza, se potencia. Hoy en varios momentos del día tuve lágrimas en los ojos. No supe bien por qué era. Tenía la necesidad de sentarme a escribir lo que me pasaba en varios momentos. Supongo que eran los tan queridos y odiados recuerdos. De pensar que el año se está terminando y hay ciertas cosas que todavía no cicatrizaron (o no terminaron). Nunca creí que iba a llegar a esta altura con esta necesidad. Retrocedería un año ya mismo. Si me darían a elegir un deseo, sería esa utópica ilusión de volver el tiempo atrás. Eso que tantas veces critiqué. No lo careteo. Daría lo que no tengo por volver al 24 de diciembre del 2009. Volver a esas risas y no tener vidriados los ojos.

Banco la antinavidad de estar tranquilo en mi casa, con un vaso de vino blanco y comiendo frutas. Si creyera en Papa Noél le pediría una sola cosa. Nada material. Le pediría amor. Amor del bueno, del sano, del que te enciende para vivir, del que te transmite buenas energías, del que funciona como motor en la vida. A veces siento que merezco que me lo regalen, por lo que hice, por lo que pelié, por lo que sufrí, por lo que lloré, por lo que viví. Sabemos que no hay reciprocidad de todo lo que hacemos, sino la vida sería muy fácil. Aunque tarde o tarde llegan los resultados de lo que uno hace. Capaz que no al corto plazo, en algún momento llega, de eso estoy seguro. Intento soñar con esa teoría. Igualmente como mi deseo es imposible de cumplir. Me quedó con uno sólo, que no lo digo para no quemarlo. Es el mismo que pido cuando pasa un tren o cuando cumplí años. Mantengo mi sueño intacto. De los deseos y de los sueños me ato. Voy a seguir peleaando, si hace falta hasta el 2020 para que se cumpla. Y citando al gran Cortazar, mi deseo tiene que ver con algo que el plasma tan hermosamente: " ven a dormir conmigo, no haremos el amor, el nos hará ".

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