Cuando uno extraña a una persona la hace aparecer en conversaciones en las cuales no tiene nada que ver. Ponele, estás hablando con un amigo de un gol de Messi y tirás de repente "me acuerdo la final de la copa intercontinental del 2009, no pude ver el partido porque estaba con Fulanita y fuimos a tal lado". Nada que ver. Involucramos a esa persona en un contexto que no le pertenece. Porque tenemos ganas de nombrarla y punto. O porque nos queremos lastimar un poco en base a los recuerdos. Para mí hay que diferenciar entre el recuerdo porque sí y el recuerdo en serio. Mis ultimos tres viernes me hicieron maquinar con respecto a mi situación del año pasado. Si bien es verdad que hago aparecer a esa persona en muchísimos momentos que no debería hacerlo, estoy convencido que el recuerdo de los viernes es válido. Las razones son claras: era saber lo que hacía a la noche, estar tranquilo y despertarme con ella. No niego que el hecho de estar con amigos tomando unos fernets o unas birras no sea gratificante. Hablo de estar con esa persona, estar inmune a la nostalgia. No sólo garchar, va más alla de eso. Tampoco el necesitar a esa persona porque estás mal. Es otra cosa: la rutina sana, la de que llega el viernes y salimos a tomar algo, al cine y terminar tirados en la cama acurrucados. Esas cosas son impagables y únicas. No sé porque motivo me agarro esto los últimos viernes. No me paso hace ocho meses, me pasa ahora. Cuando la persona ya tiene menos espacio en la mente. Cuando capaz ya no la nombro porque si. Aparece en el momento que vuelvo de salir, paso por la puerta de la casa y me mambeo. Es el momento que voy a prender el aire intentando aliviar el calor y me voy a tapar sin ella. Es el momento que te levantás el sábado sin su compañía. Es el momento que querés volver a esos momentos. No es una tristeza, es un vacío. Ya no es volver el tiempo atrás utopicamente. Es querer vivir el presente de otra manera. Seguramente a lo largo de estos meses, muchos viernes otras personas ocuparon su lugar. No hay que confundir ocupar con remplazar. Ocupar es fácil. Remplazar es imposible. No hay persona física que pueda ocupar su lugar.
A la mañana me levanté con un sueño horrible de que esa persona irremplazable estaba con otro flaco. Fue fuerte la situación. Un sueño cruel que puede ser verdad. Si lo es, mejor no enterarse. Hoy, ya en la madrugada del sábado, no me voy a dormir triste. Pero sí con la necesidad de necesitar de ese polvo. Que es más que un polvo. Es el polvito del amor.
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