viernes, 26 de noviembre de 2010

EL POLVITO DEL AMOR

Cuando uno extraña a una persona la hace aparecer en conversaciones en las cuales no tiene nada que ver. Ponele, estás hablando con un amigo de un gol de Messi y tirás de repente "me acuerdo la final de la copa intercontinental del 2009, no pude ver el partido porque estaba con Fulanita y fuimos a tal lado". Nada que ver. Involucramos a esa persona en un contexto que no le pertenece. Porque tenemos ganas de nombrarla y punto. O porque nos queremos lastimar un poco en base a los recuerdos. Para mí hay que diferenciar entre el recuerdo porque sí y el recuerdo en serio. Mis ultimos tres viernes me hicieron maquinar con respecto a mi situación del año pasado. Si bien es verdad que hago aparecer a esa persona en muchísimos momentos que no debería hacerlo, estoy convencido que el recuerdo de los viernes es válido. Las razones son claras: era saber lo que hacía a la noche, estar tranquilo y despertarme con ella. No niego que el hecho de estar con amigos tomando unos fernets o unas birras no sea gratificante. Hablo de estar con esa persona, estar inmune a la nostalgia. No sólo garchar, va más alla de eso. Tampoco el necesitar a esa persona porque estás mal. Es otra cosa: la rutina sana, la de que llega el viernes y salimos a tomar algo, al cine y terminar tirados en la cama acurrucados. Esas cosas son impagables y únicas. No sé porque motivo me agarro esto los últimos viernes. No me paso hace ocho meses, me pasa ahora. Cuando la persona ya tiene menos espacio en la mente. Cuando capaz ya no la nombro porque si. Aparece en el momento que vuelvo de salir, paso por la puerta de la casa y me mambeo. Es el momento que voy a prender el aire intentando aliviar el calor y me voy a tapar sin ella. Es el momento que te levantás el sábado sin su compañía. Es el momento que querés volver a esos momentos. No es una tristeza, es un vacío. Ya no es volver el tiempo atrás utopicamente. Es querer vivir el presente de otra manera. Seguramente a lo largo de estos meses, muchos viernes otras personas ocuparon su lugar. No hay que confundir ocupar con remplazar. Ocupar es fácil. Remplazar es imposible. No hay persona física que pueda ocupar su lugar.

A la mañana me levanté con un sueño horrible de que esa persona irremplazable estaba con otro flaco. Fue fuerte la situación. Un sueño cruel que puede ser verdad. Si lo es, mejor no enterarse. Hoy, ya en la madrugada del sábado, no me voy a dormir triste. Pero sí con la necesidad de necesitar de ese polvo. Que es más que un polvo. Es el polvito del amor.

lunes, 22 de noviembre de 2010

CARTAS SIN MARCAR

Corría febrero de este año y estaba atravesando un momento de incertidumbre. La persona con la cual venía teniendo una relacion hermosa se había ido de viaje y me había planteado la idea de no seguir juntos cuando ella volvía de sus vacaciones. No era un corte pero tampoco era un te quiero. Era incertidumbre. No hay palabra más sencilla para describir ese momento. En medio de ese caos mental pasaron cosas, desde un viaje a Uruguay hasta unos días en Capital padeciendo la ausencia de quién consideraba la persona que me hacía más feliz en este planeta. Ella me había planteado que no quería ni mails ni llamados ni ningún contacto durante ese mes y pico que se iba. A mí la idea no me copó en lo absoluto. Pero como siempre, termine respetandola, como siempre, como siempre, como siempre. Comerse las paredes, maquinar sobre lo que va a pasar una vez que llegue de su viaje y no poder disfrutar del todo mis merecidas vacaciones no son sítnomas para nada agradables. Claro, es la reciprocidad. Uno se quema la cabeza en la persona que extraña y ama. La otra persona no pasa por lo mismo, se le habra cruzado mi imágen alguna que otra vez y seguía en su mundo. Contraste. En ese estado tenía que salir a curtir la vida. Como buen masoquista que soy, el día anterior a que ella vuelva y me de o no una respuesta a nuestro futuro, me alquilé dos películas de esas tontas romanticonas. La primera era La Cruda Verdad y la segunda La novia de mi mejor amigo. Típicas historias que por momentos te hacen reír y por momentos, si estas débil te hacen piantar una lágrima. No creo que hayan sido las películas, fue una suma de cosas, una angustia acomulada diría. Me acuerdo exactamente que apenas terminó la última de las películas me puse a llorar como un nene. En todo ese mes y pico no había tenido la oportunidad de descargarme de esa forma. Me guardaba todo por dentro, como una especie de miedo a largar todo lo que me pasaba. Detoné. Al otro día venía ella y no sabía que mierda iba a pasar.
Hoy tuve una sensación parecida a la de ese día. Me alquilé una película acorde al día. Esas que para el feriado no fallan: Cartas a Julieta. Desde el primer momento sabía que me estaba sometiendo a una especie de bombas molotov en mi cuarto del cual ya no tenía salida. Soy muy maricón con esas cosas. Me ponen nostálgico y me voy acordando de mis vivencias sentimentales. Sumado a que la protagonista tenía unos razgos físicos similares a la de la persona que se me venía a la mente, el coctel no era recomendable para la salud. Como me había pasado en febrero, apenas terminó la peli, puse la cara en mi almohada y lloré. No tanto como en febrero, pero sí con las mismas ganas. Me sequé las lágrimas y me sentí un pelotudo. Si bien hay otras cosas que pasaron en todos estos meses, lloré un poco por esa misma persona. Inmediatamente me acordé de una parte de la peli que decía algo así como que el amor te da revancha y el destino siempre tiene un as bajo la manga. Ya no me creo mucho esas cursiadas. Pero me encantan y me hacen un poquito más soñador. Es un poco lo que hablaba con Jenn la semana pasada: si no hubiese echo todo lo que hice, capaz hoy estaría con la persona que me gustaría estar. Es por esa sensación que mientras uno más lucha y más se la juega por el otro, menos resultados positivos tiene. En cambio, quieto y comiendote el dolor por dentro, los resultados favorables llegan. Es una mierda esa teoría, sin embargo funciona en la mayoría de los casos. No me arrepiento de haber perdido con la mía. De jugar mi juego, de mostrarme como soy, de haber sacado a la luz todo lo que pasé, de mostrarme tal cual soy y de seguir pidiendo utópicas oportunidades. Si así trabaja mi cabeza, así se mueve mi cuerpo. No hay resistencia. No la hubo. Valorar mi juego es algo que no supieron hacer. Está la conciencia tranquila que uno dejó todo en la cancha. A mi me siguen gustando los finales felices. La vida no es una película, por eso termino escribiendo mi propio guión. Y ni siquiera así, le doy el final que me gustaría que tenga. El final de mi historia es sabido, no hay retorno, es la victoria del No. Está escrito.

domingo, 21 de noviembre de 2010

EL NIDO VACÍO

Cuando los hijos se van de la casa de sus padres suele aparecer el síntoma de "el nido vacío". Para ser más simple, los padres comienzan a sentir esa abstinencia paternal y se focalizan más en su relación que en lo qué les pasa a los hijos. Ya no tienen que preocuparse por la educación de sus crios o por cumplir ciertas obligaciones básicas. Ya los nenes crecieron y no los necesitan como antes. No es más compartir una cena todos los días o saber la agenda al pie del cañón. Las cosas cambian y empiezan a salir a la luz algunas internas de la pareja. Tienen más tiempo en preocuparse en sus problemas. En mi opinión, el síntoma arranca un poco antes, cuando los hijos ya están más grandes y les dan menos bola a los viejos, por más que vivan todos juntos todavía. Son esas ganas de independizarse sin estar independizado por completo. Es valorar más una noche de cervezas con amigos que una charla con los viejos que deriba en el futuro y otras formalidades. Es ahí cuando comienza el primer eslabón del nido. Cuando empiezan a matarse entre ellos porque los hijos ya no necesitan que les expliquen como hay que manejarse. Siempre necesitamos de los padres, eso seguro. Pero de otra forma, sin tantas indicaciones y en ciertos momentos oportunos. Sin sofocaciones ni sermones.
Todo este tema lo vengo pensando hace rato, pero digamos que hoy tuvo su punto de inflexión. Tuve una fiesta de quince en el cuál la poca gente de mi generación que conocía estaba en su mundo, en su burbuja del noviazgo, del franeleo permantente y envidiavle, cosa que me parece más que respetable. Eso me llevo a tener que buscar diálogo en gente grande que me conoce de chico y que está pasando por ese momento de la vida. Que los hijos ya crecieron y algunos hasta los transformaron en abuelos. Sienten que los abandonaron, entonces buscan la juventud a través del baile o de hacerse los pendejos con gorritos del carnaval carioca. Es entendible. Ven a dos pibes hablando y quieren sumarse a la charla. Es una forma de que el nido no esté tan vacío por un rato por lo menos. Hasta que vuelven a la casa, se miran los dos, pasan por los cuartos vacíos, ven los recuerdos: esos juguetes con los cuál ya nadie juega, esas camas que ya nadie duerme, esos ruidos que ya nadie hace y esa heladera que está completa. Debe ser díficil, es un proceso. Seguramente las parejas que sacaron los trapitos al sol en su momento, les cuesta menos el duelo del nido. Los que se guardaban los problemas porque estaban "los chicos" empiezan a matarse entre ellos y ahí los conflictos suelen tener su punto máximo.
Llamativamente no centré el post en la necesidad de estar de novio en una fiesta que conocés a pocas personas y encima están todos en algo (ni hablar de la falta de solteras sedientes de hombres, en este caso). Te da un toque de angustia. En varios momentos de la noche dije "ah, pero me quiero matar, si está fiesta hubiese sido un año antes entraba con una rubia llamativa y encima, mataba al aburrimiento". No soy careta, lo pensé en varios momentos. No sólo en la rubia llamativa sino en cualquier otra mujer interesante. Fue ahí cuando la soltería me pegó en serio. Cuando me di cuenta que tener una mina con quien compartir interesés o momentos es algo impagable. Cuando no tenes que preocuparte por quién vas a salir o por quién dejás de salir un viernes a la noche. A los 23 años el recorrido todavía es largo y uno todavía está aprendiendo las aristas del amor. En realidad, uno aprende del amor hasta el último día. No solo cuando lo tenes sino cuando no lo tenés.
El patio del salón era hermoso, tenía unos banquitos pintorescos y silloncitos para descansar. Me senté un rato a mirar a la gente, a los pendejos que chapaban, a los que bailaban, a los que se fumaban un pucho y a los que tenían que ir al baño a quebrar por todo lo que habían chupado. Me dieron ganas de tener quince años de nuevo. También me dieron de ganas de llegar alguna vez al nido vacío.

jueves, 18 de noviembre de 2010

LA PIBA DEL BLACKBUSTER

EL pibe no podía encontrar la inspiración en la escritura. Buscaba no ser repetitvo en sus palabras y en sus textos. Tenía que cambiar de aire. La urbe estaba llena de musas que dan que hablar y que tienen historias interesantes para mambear un rato. No había caso. Probó escuchando música despacito, con la computadora y un vaso de whisky. Si no se inspiraba con un poco de Silvio Rodriguez, el asunto era realmente grave. Podrido de su situación, bajó al chino a comprar un tuco porque encima no tenía qué ponerle a los fideos que estaba por cenar. No pegaba una. Los fideos ya colados y en un plato, sin aceite ni manteca ni queso de rallar. Había que ir al chino de la vuelta a comprar algo para ponerle. Para hacer más triste el asunto, se puso una malla, las ojotas y se llevó un changuito de esos que usan las viejas cuando van a hacer los mandados a la mañana temprano. Patético. Encima apenas baja, se largó a llover y tuvo que ir pisando charcos hasta llegar al maldito supermercado. Eran las 21:30, y no había nadie. Salvo él, su changuito y la china que atendía en la caja, siempre con una sonrisa odiosa. Mientras elegía si compraba fileto o napolitana, fichó a una mina que estaba comprando un vino, justo en la góndola de al lado. Se quedó mirandola, al principio para sentirse un poco menos sólo. La chica tenía unos ojos verdes grandes, el pelo recogido para atras con una vincha negra, un pantalon de los denaminados hippies con rayas grises y negras, unas all starts blancas y una musculosa que le marcaban sus diminutos pechos. Sin duda, su mirada era lo más cautivante. Por eso, nuestro amigo en cuestión se acercó y la chica le sonrío. Ya lo venía mirando de antes porque lo primero que le dijo fue: "comprate la pomarola, va como piña". El motor de la charla era el ideal, la salsa para los fideos y la chica comprando un vino. Daba para unos diez o veinte minutos de conversación. La chica se mostraba apuraba y él la quería frenar. "Vayamos a pagar" dijo ella. Encandilado por las luces de esos ojos, la siguió como si fuese la rescatista de la soledad.

- Venite a casa a cenar, tiró la piba- muy tranquila.
- Pero no me conoces, ¿vas a meter a cualquiera en tu casa? Preguntó el pibe.
- Ya vinieron tantos cualquieras a mi casa tantas veces, uno más, uno menos, ¡a esta altura!. Violador no sos, comprando un tuco lo disimulas muy bien a lo sumo. Además se nota que estas perdido, esa malla que tenes puesta es sinónimo de me puse lo primero que vi. La vivo todos los días esa.
- Así de segura, no me dejas más opción que decirte que sí. Eso sí, dejame llevarme lo que compre para otra ocasión. Dejé los fideos arriba de la mesa de la cocina.
- No te preocupes, yo estoy preparando unas milanesas. Bah, son unas milanesas que hace mi abuela y me las trae. Están en el horno en este preciso momento. Tengo una ensalada hecha en la heladera y ahora ponemos el vino que acabo de comprar.
- ¡Pero para! No hay milanesas para los dos. Vayamos primero a mi casa, bajo los fideos, los pongo en un taper y cada uno cena lo suyo.
- No te puedo decir que no, no tengo más milanesas y acá en el chino no compraría ningún lacteo. Viste ese mito de que no enchufan la heladera de noche, me da un toque de miedo. Soy medio loca, no me importan algunas cosas. Pero si puedo no morirme intoxicada de comida mejor.
- ¿Y de qué te morirías intoxicada?
- De rock and roll- respondió la mina.

No había mucho más para hablar después de esa respuesta. Caminaron con una lluvia de esas que son finitas y molestas. El amigo subió a buscar sus fideos, los puso en un taper y volviò a bajar. La chica lo espero sentada en las escalaras del departamento, en el techito para cubrirse de la lluvia.

- Bueno, yo vivo acá al lado- dijo la chica- otra vez con esa relajante actitud.
- Genial, así no nos mojamos tanto- respondió el flaco.

Subieron dos pisos por la escalera porque el ascensor estaba roto. La chica abrió la puerta de su casa y él se quedo sorprendido por el contexto que lo rodeaba. Cuadros del Che Guevara, banderas comunistas y unos vinilos de Sui Generis y Los Beatles. Sin pasar por alto, un poster de Los Redondos que data del año 1998 en Racing.

- Ah, sos ricotera veo- comentó, como si el comunismo no importaba en ese instante.
- Soy ortodoxa de Los Redondos, que es otra cosa. A ver, es mucho más fuerte que una banda. Es una filosofía de vida. No pude verlos en vivo muchas veces, es una gran tristeza. Lamentablemente mis 24 años no me dejaron apreciar su arte como me hubiese gustado. Pero al Indio ya lo fui a ver a todos lados, lloro en cada tema. Necesito que se vuelvan a juntar. Son únicos e inigualables.
- Totalmente- se quedó sin palabras. Ella había dicho todo lo que él hubiese dicho.

El pibe fue hasta la cocina como si estaría en su casa y puso en una olla los fideos para calentar, mientras abría la lata de pomarola recomendada por la piba. Ella sacaba las milanesas del horno y ponía la mesa. No hablaban mucho entre ellos. Raro. Porque tenían cosas en comùn. Parecía que la idea era hacerse compañía en ese martes lluvioso, con una soledad tocandoles el culo y jodiendolos un rato.

Mientras comían se preguntaron las profesiones y los estudios, que no viene mucho al caso de la historia. Ella contó que estaba sin laburo. Había estado trabajando en un Blackbuster pero como la empreso quebró, cerraron todas las sucursales. No tuvo otra alternativa que empezar a buscar otro laburo. El asunto era jodido, no encontraba nada. Tenía que bancarse con sus ahorros y no aceptaba guita de los viejos. Era una hippie con plata la verdad, o mejor dicho, sus viejos tenían toda por lo que comentaba. Pero a ella no le interesaba esa vida. Desde los 18 se mantenía sola y no pensaba cambiar su política. Siempre en laburitos chiquitos porque estudiar medicina no le daba tiempo para algo full time. Por eso, en el Blackbuster laburaba cuatro horitas por día desde los 20 y le alcanzaba para el ritmo de vida que llevaba a cabo.

Terminando los fideos, el pibe de nuevo sintiendose en su casa, fue a poner un cd al equipo de música del comedor. Vio la colección de ella y encantado de la vida puso uno de Pescado Rabioso. La piba terminaba su milanesa y analizaba cada una de las canciones que pasaba. Las letras, el estilo musical y otras sepas. Filosofaban un rato con un vino y unos cigarros como acompañantes. Miraron la hora y se había echo un poco tarde, la una de la mañana específicamente. Al otro día había una rutina y no podían colgar hasta tarde con tantas palabras que se llevaba el viento con el humo de los puchos. Había que bajar las persianas.

El pibe se fue. La piba le abrió la puerta y le dió un abrazo afectuoso. Capaz la próxima vez que se vean garchen o capaz pongan un disco de Los Redondos y siguen filosofando un rato o capaz el pibe encontró a la musa para sus futuros escritos.

lunes, 15 de noviembre de 2010

HOGAR DULCE HOGAR

Creí que lo que más extrañaba hacer con vos era garchar. Me equivoqué. Lo que más extraño es tu Hogar. El significado de esa palabra es simple. Hogar es refugio, no en el sentido físico. Va por el lado sentimental, en una palabra, en un gesto, una caricia, un beso o una simple mirada. Eso me falta en las noches de soledad y los instantes de fragilidad. Tu olor quedó impregnado en el ascensor de mi casa. Ni siquiera en mi cama. Es subir y sentir el aroma vos. Lo de mi cama ya es repetitivo y aburrido. No es sexual, no son tus movimientos ni tu dinamismo erótico. Es tu amor. Ese amor que no soportás que te digan que lo tenés. Es ese te quiero que te salía del corazón porque sabías que te daba eso que nadie te daba. Cuidarte, preocuparme y respetarte. Vos me lo devolvías a tu manera. No me lo devolvías, hacías lo que sentías mejor dicho. Me querías a tu manera. Sin tabues, con restricciones, con frialdad en ciertos casos pero con sinceridad. No es casual que alguien que siempre decía no, se la pasaba accediendo a propuestas. Que nunca haya hecho un planteo y que disfrutaba cada salida con esa sonrisa inigualable. Ayer caminaba por Puerto Madero y extrañaba esos días de sol que ibamos a tomar un helado y a querernos un poco como novios, dejando atras nuestra faceta de amantes. De poder compartir charlas y algún que otro gusto. De sacarte a pasear cuando tu tristeza te invadía por completo. Tu agradecimiento con un abrazo de oso por haberte sacado de tus mambos por lo menos un rato. Todavía me pregunto como hacías para no decir que no nunca. Me pone contento saber que pude hacerte una mina completa. No me pone contento que no te siga haciendo feliz. En la vulnerabilidad es cuando los recuerdos me ganan. Antes era en cualquier momento, cualquier excusa era buena para hacerte aparecer. Ahora no. Ahora es la situación de debilidad, de querer esos rasgos tuyos conmigo. El remedio podría ser una noche juntos, sin hacer nada, solo mirarnos a los ojos y no decir nada. Así me quedaría dormido rápido. No necesitaría de pastillas ni de tranquilizantes. Serías la suplencia de las drogas legales. Y la generadora de que consuma drogas no legales. Buscar en los excesos la manera de escaparse de la realidad es absurdo. Cuando caigo a la realidad de nuevo, me doy cuenta que todo fue un rato de locura y de intentar remplazarte con algo cuyo efecto no queda para siempre. Lo tuyo no era un rato, era todo el día. Era ese mensaje sutil de que en cinco minutos venías a mi casa. De que entendías que tenías que estar acá y suspendías tus compromisos. O esas lluvias que generaban esos faltazos facultativos mientras escuchabamos la radio y nos reíamos sin parar. Nunca pensé que todo esto se transformaría en algo abstracto. Sabiendo que no era para siempre, prefería mentirme que lo iba a ser. Es triste saber que la cura no existe. O que existe pero no la puedo comprar. Ni aunque esté en coma profundo voy a tener la medicina. El punto final y yo no nos llevamos bien. Seremos soñadores y desvirtuadores de realidad, de no querer ver el NO, de necesitar al SÍ. Es paradojico que una sola vez en tu vida dijiste que no. Pero ese no fue tan rotundo que no permitió nunca más volver a lo que fuimos. Las cosas pasan por algo y se dan por algo. Creer en las segundas oportunidades no es algo lejano. No es que cada corazón merece una oportunidad. Es que cada cabeza merece no ser tan mambeada. Las segundas oportunidades sirven para que el que sufrió tenga su premio por esos meses de llanto. No suelen ser buenas. Pero sirven para que el del llanto no llore más y empiece a reírse. De todo se aprende. Volver al hogar es una salvación mental. Es reducir el mambo. Es no mambear por otras cosas que nos rodean. Vos sabés de estas cosas. Es raro. Eras tan directa. La tenias más clara de lo que creía. Te subestimé muchas veces. Vos, siempre vos, tenías la capacidad mental para callarle la boca a todos. Nadie sabía de tus cosas, y de tus quilombitos. De que por dentro te morías por ser una dulce de leche y por fuera querías mostrarte como una fuerte que caminaba por la vida llevandose el mundo por delante. Hay cosas demasiado íntimas, que ni explicandolas durante todo un año y en clases de dos horas, la gente no va a entender. Es el famoso secreto de las cuatro paredes. Lo que pasa ahí dentro, ahí muere. Eso hace que vos no puedas morir en mi cabeza. Ni hablar del corazón. Ahí vas a vivir por siempre. Sé que para vos hay que darle una mirada más que positiva a la vida. Es lo que siempre me voy a llevar de vos, lo que aprendí. Esas ganas de vivirla juntos estan intactas. Esa necesidad de volver a tu HOGAR.

sábado, 13 de noviembre de 2010

REVOLUTION (ROCK)

La semana estuvo plagada de emociones. Desde el recital de Paul hasta pequeñas cosas de la vida que no vienen al caso. La música es uno de los artes más maravillosos que tenemos, lo dije en sucesivos posts. Vendría a ser el acompañante ideal para momentos. Esa sería la definición perfecta: momentos de alegría, de tristeza, de nostalgia y de bronca. Siempre está ahí la música para canalizar.

Se me viene a la mente aquel marzo del 93`, tenía seis años y venía caminando con mi familia por la calle Corrientes. Frené en una disquería a comprarme cds, me dieron la posibilidad de elegir que quería escuchar. Al contrario de cualquier nene que podía haber elegido algo de Brigada Cola o alguna moda pasajera del momento, fui a Los Beatles. Let it be me impactó, la tapa medio diabólica tal vez. También ese día aproveché el precio y me llevé uno de León Gieco. No empezó mi romance con la música ese día. Seguramente arrancó mucho antes, cuando que me ponían en casa Floyd o Sui Generis. Después volqué y terminé escuchando cualquier cosa, que en la actualidad sigo escuchando. No es cualquier cosa en verdad. Musicalmente no seran geniales ciertas bandas que escuchó. Pero como siempre digo, es MUSICA. Escuchar una letra, una melodía por más pésima que sea que llegué a lo más profundo del corazón es muy valioso. Cuando el jueves estaba en el recital de Paul me pasó eso exactamente. Más allá que musicalmente es lo mejor que escuché en mi vida, las letras y esa voz que parecía no haber sufrido variaciones en todos estos años me llegó al corazón. Escuchar Blackbird o Something es un placer que no cambio por nada del mundo. Es la raíz beatle, es estudiar para la clase de lengua escuchando Revolver o Help. Ayer escuchaba a Ciro alucinado por lo que vivió, no por su show, sino por Sir Paul y me emocioné con él. Podía haberse agrandando y contar de lo que tocó él como telonero. Sin embargo, estaba tan impactado que contó detalles del show de Paul: su humildad, su paciencia, los detalles mínimos lo hacen único. Todavía no tomo dimensión de que ví a un beatle en vivo, con todo lo que trae pegado eso. Escuché que Calamaro se enojaba con Ciro por ser telonero y ceder derechos de autor para tocar ahí. Tengo un aprecio especial por Calamaro, más que sabido. Y me parece que esta vuelta se equivocó feo. Más allá de opinar sobre algo que no tiene por qué meterse, tocar con Paul supera cualquier barrera. Me pareció una crítica hueca y sin sentido. Por más que sea el gran Salmón, cuando se equivoca feo hay que decirlo. No esta impune. Las viejas diferencias del pasado es mejor guardarlas en casa.

Podes tener toda la guita del mundo, lo que vos quieras, vivir como un rey y las ganas de salir de gira no se remplazan por nada. Sentir el amor de tu gente. Paul podría estar revolcanse en sus millones y nos trajó lo mejor que tiene: su legado. Generaciones que vienen van a apreciar estos sonidos orgásmiscos por el resto de sus vidas. Las ganas de hacer rock and roll no se van y ojalá todos los músicos lleguen a esa edad con esa pasión. El rock and roll no morirá jamás, los Beatles tampoco.

sábado, 6 de noviembre de 2010

EL JUEGO DEL MIEDO

Sebastián y Lorena habían decidido que ese sábado caluroso de noviembre tenían que ir al cine. Era una de esas noches ideal para ir a tomar una cerveza al aire libre y aprovechar ese rico aroma que desprende esa mezcla de primavera-verano. Sin embargo, les picó el antojo de pochoclos y ver una película de terror: el juego del miedo seis. A él no le disgutó la idea: el cine del Abasto estaba cerca de su casa, tenía el descuento del dos por uno y podían terminar la noche en un telo que estaba a tres cuadras, que si bien no era nada lujoso, para un turno de dos horas estaba más que bien. La pasó a buscar por la casa que estaba a cinco cuadras y fueron hasta ahí. Vale aclarar que ellos no eran novios ni eran fijas. Eran algo, o comenzaban a ser algo luego de tres meses de salidas. Sin que les pese un noviazgo, se vislumbraba un compromiso no implícito. Lorena era muy distinta a él, tenía unas ganas impresionantes de ponerse de novia y comenzar una relación lo más rápido posible. Sebastián tenía ganas de ir despacio, hacía poco tiempo venía de terminar con su ex y no quería apresurarse. No dudaba que le empezaba a picar el bichito del amor. Sobre todo, con minas como Lorena, que no se enojaba por nada y tenía un elevado grado de dulzura (a veces excesivo). Cuando esa noche de sábado la pasó a buscar por la casa, dejó el auto en el estacionamiento del shopping y subieron hasta las salas. La cola era muy larga, y tuvieron miedo de no conseguir entradas. La suerte parecía estar de su lado porque quedaban dos asientos disponibles. Compraron sus ansiados pochoclos y vieron la película. Se dieron la mano en varios momentos por el temor que les causaba y ella le hacía caricias en la pierna como para intentar aliviar el nerviosismo. Lo pudieron soportar y salieron de la sala abrazados como para entrar en clima. A Lorena le habían dado ganas de ir al baño, así que fueron hasta el fondo y él la espero apoyado contra una pared. En el momento que ella entraba al baño, salía Ana, su ex. Quedó duro. La miró a los ojos y le hizo una sonrisa. A ella se la veía nerviosa, había algo que andaba mal. Claro, al lado de él había un chico que la estaba esperando. En una secuencia de miradas y gestos, en la duda de que si tenían que saludarse o no, los dos se acercaron y se saludaron con un tibio abrazo. Ana era medio zorra en algunos aspectos. Por eso, aprovechando la distancia entre Sebastián y su chico, no tuvo mejor idea que presentarlos. Estaba entrando en guerra. Le dió pie a Sebastián para sacar un tema de conversación mientras salía Lorena. Se hizó el simpàtico con los dos y les preguntó que película habían visto. Llamativamente fue la misma, y comentaron la rareza de no encontrarse en la sala. Mientras conversaban salió Lorena del baño. Sebastián aprovechó para devolverlsela a su ex. Lorena no sabía quien era y la saludó simpaticamente, como siempre. Lo contrario a la otra. Si había guerra había que jugar, pensaba él. Para eso Ana era especialista, no tuvo mejor que idea que proponer ir a una pizzería a dos cuadras del shopping y que estaba toda la noche abierta. No había excusas del horario, eran las cuatro de la mañana. A Lorena le encantó la idea pensando que era una amiga de él. A él en cambio le cambió la cara. Le estaba embarrando el terreno. Tenía que aceptar la propuesta para no quedar como el débil de siempre. Sorprendió a Ana con la respuesta positiva y fue a buscar cada uno su auto. En ese viajecito de dos cuadras que sirvió para acercar un poco más el coche, Lorena le preguntó quien era la chica. Él no dudo en mentirle. Le dijo que era una amiga de la infancia que hace mucho no veia. La ingenua Lorena creyó los dichos. En verdad no podía imaginar otra situación en sus ojos de enamorada. En el corsa de Ana, su chico bastante limitado no preguntó nada, él quería garcharsela. No importaba si había que comer pizza, ceviche o comida hungara ni si había que ir con los padres, las amigas o un cura y un rabino. Había que ponerla y punto.

En la pizzería el limitado tomó la posta del pedido y de la charla. Se hacía el tipo de negocios con una empresita que tenía dedicada a la venta de artefactos para la cocina. Sebastián se mordió el labio unas cuantas veces mientras la miraba a Ana. Hizo hablar a Lorena para mostrarle que era una mina super inteligente y sobre todo, centrada. El hueco se tuvo que callar la boca porque entre lo tarado que estaba quedando y sus chances de no coger aumentaban, era mejor guardar silencio. Con el hambre y la tensión que había, en veinte minutos todos habían terminado la pizza. El bobo quizo pedir otra más pero Lorena se resistió. Le vinó bien a Sebastián para poder ir levantando campamento. No quería jugar más. Las miradas con su ex se estaban volviendo alevosas, dañiñas y le iban a jugar en contra. Además se había dado cuenta que el chico de ella realmente no era nada serio y seguramente era uno más de su tan prolongada lista. Dejó plata de más sobre la mesa y saludó a la "no" pareja. No escucho los pedidos de Ana para quedarse y se fue de la mano con Lorena. No lo hizó para mostarle a su ex que estaba en algo un poco mas serio que ella. Aunque inconciemente sí. Ana se quedó con una bronca de aquellas. Entre el pelotudo que seguía diciendo cosas sin sentido, Sebastián que seguro se iba a garchar y parecía que estaba empezando una nueva vida, estalló del enojo. Empezó a insultar a su chico tratandolo de fracasado, mentiroso y aparato. Se levantó de la silla y se fue directo al auto. Ni bien se subió, hizó unas dos cuadras y le mandó un mensaje de texto a Sebastián que decía: "quiero terminar la noche con vos". Cuando recibió el mensaje, él estaba por entrar al telo que tenía planeado. Estaba dolido por la situación, un poco desganado pero ya había sufrido suficiente por esa perra como para seguir dandose manija. Aprovechó el semáforo en rojo para leer lo que decía y quizo que la tierra lo tragase cuando vio en sus ojos el contenido. No podía ser tan hija de puta, tan cotradictoria en sus palabras. Ana siempre odió esos mensajes de garche y ahora ella se ponía en el papel de emisora. Se intercambiaban los roles. A Sebastián le hizó un escalofrío en todo el cuerpo pero tuvo la mente fría para acordarse de esos tiempos que él mandaba mensajes con esa necesidad a flor de piel de terminar la noche con ella. Ana no respondía o ponía excusas baratas para no verlo. Le había costado superar toda la ruptura como para volver a lo mismo. Lorena no merecía una excusa burda para dejar de estar con ella. Entró al telo, dejó el auto, pagó y fueron a la habitación. Antes de empezar con el sexo, Sebastián fue al baño, leyó el mensaje de nuevo, largó un insulto al aire en voz baja y apagó el ceular. Ya no había vuelta atrás. No quería volver al juego del miedo.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

OKTUBRE

Luciano se había estancado en octubre del 2009. Desde que Carla terminó la relación en enero del 2010, él decidió que todos los meses que seguían iban a seguir siendo Octubre. Eligió ese mes porque había logrado estabilidad en la pareja, por más que iban cinco meses, Octubre era especial.´A partir del veinte de enero creó un plan: iba a hacer las mismas cosas que cada día de Octubre y se iba a poner la misma ropa, incluso. Era tan neurótico y obsesivo que se acordaba día a día lo que se había puesto y lo que había hecho, sea con Carla o no. Si el día uno había ido a trabajar, iba hacer lo mismo todos los meses que le seguían, si el día cuatro habia ido al cine con Carla, iba a ir solo, pero lo iba hacer igual. Había enloquecido. Así fue que del veinte al treinta y uno de enero se la pasó llorando como un nene y a partir del primero de febrero arrancó su neurosis. Suspendió sus vacaciones y comenzó con su idea. El día uno fue a trabajar como el primero de Octubre, a pesar de que se había pedido el mes para vacacionar (ganó un aumento de sueldo por dicha acción), a la noche fue a cenar con los amigos (él organizó la cena, y se encargó de ir al mismo lugar), y claro, se puso la misma ropa. El día dos de febrero lo mismo que el dos de Octubre, fue a trabajar, pero como ese día había ido al cine con Carla, fue solo, y en vez de dormir con ella, dormía con una foto en la cual estaban juntos. Los tres días que le faltaban para completar el mes de Octubre, argumentaba una fiebre y se quedaba tirado en su cama. Lo mismo repitiría con el día que sobraba de cada mes.

Así fueron pasando los días, cumplía al pie de la letra su agenda y evitaba que haya algún error en su plan. Al principio nadie notaba las andanzas de Luciano. Algunos se intrigaban de por qué se había quedado en Buenos Aires en el mes de sus merecidas vacaciones. Otros le querían presentar mujeres, y él se negaba asiduamente. En abril los rumores de su locura comenzó a circular entre la familia. Sobre todo, cuando él se empezó a creer en serio que seguía con Carla. Iba a bailar con los amigos y cuando alguna mujer se le acercaba, él decía que estaba de novio y las espantaba. No se lo comentaba a los amigos ni a la gente que convivía con él. A pesar de las sospechas, lo dejaron con su neurosis pensando que tal vez se le iría sola. En mayo intentaron que empiece terapia, se rehuso. Luego a la fuerza, lo querían internar. Se mantuvo fuerte en su postura, y no podían sacarlo de su locura. Estaba empecinado en volver con Carla, sea como sea. Estar loco es otra cosa, argumentaba. Estar enamorado se parece, pero no lo es. Había que terminar con su idea de alguna forma. No podía vivir toda su vida atado a un recuerdo y al pasado. Si la familia no ponía cartas en el asunto, tenía que aparecer alguien que pudiese solucionar el tema. Carla podía ser la opción más viable, la unica capaz de bajarlo a tierra en todas sus crisis. El problema es que no había forma de contactarla. Luciano era el único que sabía su teléfono o algun dato personal de ella. Y como era tan contundente en sus opiniones, no iba a tocer el brazo y llamarla. No perdía su orgullo, pero sí su cordura. El tres de noviembre del 2010, la mejor amiga de Luciano, Cecilia, venía caminando con su ipod cantando en voz alta un tema de los Fabulosos Cadillacs hasta que su mirada se perdió en una morocha, con pechos grandes y un caminar elegante. Efectivamente era Carla. Estaba esplendida, como siempre. Cacilia, que siempre la despreció por sus reiteradas escenas de celos que tenía hacía ella, no dudó en acercarsele a saludar. En verdad, sabía que ella era la solución, sino jamás lo hubiese hecho. Carla la saludó en forma asquerosa, como siempre. Y Cecilia se hizó un poco la simpática para que ella acepte lo que le iba a proponer: que vaya a hablar con Luciano y lo haga recapacitar para que vuelva a ser el de antes. Carla aceptó la propuesta, totalmente preocupada por la situación, al punto que quizo llamarlo en ese mismo momento. Cecilia la frenó y le dijo que vaya directo a un restaurante. Su amiga ya sabía lo que tocaba le tocaba a él esa noche: ir a comer al lugar mexicano, como todos los tres de cada mes. Carla fue a eso de las diez de la noche, para estar segura que Luciano iba a estar ahí. Al entrar lo vió sentado de espalda, en una mesa del fondo y fue directo a sentarse a la silla que estaba frente a él. Mientras que Luciano comía unos nachos con queso y tomaba una cerveza, Carla le dijo: "estás enfermo, dejame ayudarte". Sin emitir otra palabra, directa, clara, precisa. Él la miró con los ojos llorosos, y sintiendo su fragilidad más que nunca, le dijo que la extrañaba y la necesitaba. Ella no quería lastimarlo más, y cualquier palabra en ese momento iba a sonar fuerte. Estaba todo dicho. Hay momentos que es preferible decir dos o tres cosas e irse. Por eso, Cecilia le dijó: "hay que saber ponerle un punto final a las cosas, entendelo". Esa frase le simplificó el camino a Luciano, un simple "punto final". Algo que ella nunca le había dicho desde que terminaron y que a veces uno necesita para olvidarse de la otra persona. Un simple detalle ya sabido, que uno necesita escucharlo para perder esa mínima llama que se prende utopicamente. No dejar las puertas abiertas. Carla se levantó de la mesa, le acarició el pelo y se fue. Luciano dejó lo que estaba comiendo, pagó en la caja y se fue directo a su auto. Abrió el baul y sacó un shorcito de futbol y unos botines. Se sacó la camisa, el jean y se cambió la vestimenta por completo. Fue directo a Aeroparque y sacó un pasaje para irse a Córdoba al día siguente. El día cuatro de noviembre ya no era cuatro de Octubre del 2009: era cuatro de noviembre del 2010.

lunes, 1 de noviembre de 2010

KARMA POLICE

Gustavo ya no estaba con Lucía. No estaba triste por eso. En realidad tenía sus bajones, especialemente cuando volvía del laburo en el bondi y se ponía a escuchar Radiohead. Ahí le caía la ficha, cuando escuchaba Creep o Karma Police empezaba a molestarlo el recuerdo de ella. Sin embargo, seguía su ritmo de vida normalmente. Conocía otras mujeres, tenía sexo del bueno y no le faltaba nunca una compañera con la cual tenía con quien terminar alguna que otra noche. Pero había algo que lo alteraba y que lo hacía meditar si realmente se había olvidado de Lucía. Ese algo era la masturbación. No la mastarbución en sí. Sino la masturbación con el recuerdo de ella. Había compartido momentos de cama por tres años, en donde el sexo ocupaba una parte fundamental en su vida. Y si bien, en su nueva vida el sexo no lo había dejado de lado, no era el mismo que con Lucía. El conflicto pasaba en que si bien extrañaba hacer el amor con ella, no podía masturbarse pensando en esos momentos de placer. No era por falta de imaginación, porque justamente para eso era especialista. Además habían cumplido todas sus fantasías juntos. Si Radiohead era su cable a tierra en cuanto a lo que significaba Lucía, la masturbación era directamente la realidad. En su inconciente no se la había sacado de la cabeza. Disfrazo toda la ruptura para mostrarse más fuerte. Digamos que canalizó por el lado de la joda para no querer ver lo que caía de maduro: que su amor por ella se mantenía intacto. Quizo entender el por qué de la situación. Intentó masturbarse con Lucía una o dos veces más, hasta que no pudo más. No había caso. Él no podía hacerlo. Necesitaba de la compañía de ella. Por eso, empezó terapia, algo que jamás pensó que iba a hacer. Lo charló y fue madurando el hecho de que se había transformado en un negador. En un desvirtuador de realidades. Que había usado ese metodo para que su olvido pasará más rapido. Raro, porque él fue quién terminó la relación. No le gustaba nada lo que estaba pasando, pero no quería hablarlo con Lucía. ¿Qué le iba a decir? " Mira Lu, la verdad es que no me puedo hacer la paja pensando en vos ". Era demasiado asquerosa esa forma de decirle las cosas. Es que otra no le quedaba, porque así era el. No iba a buscar una manera delicada de decircelo. Tampoco se lo iba a decir, en realidad. Lo que quería era olvidarse de ese sexo, para poder pensar en otra cosa cuando tenía que sastifacerse sólo. No pasaba por ver una película erótica, las fotos de una modelo o pensar en la mina que se había acostado el fin de semana. Pasaba porque se le venía la imágen de Lucía en el momento que quería arrancar a masturbarse, y se inhibía. Como una especie de pecado. Cómo si el castigo divino iría sobre él por esa acción. El asunto era claro, el amor no se había despegado de su ser. La forma de solcionar todo parecía sencilla: llamar a Lucía e intentar arrancar de cero. Pero Gustavo no estaba convencido, por algo también había decidido no seguir con ella. Prefirió pensar en los defectos. Trabajó con el psicólogo en eso. En todo lo malo de ella. En los motivos por el cual terminó. En su histeriquismo, su ciclotimia, su cara de culo cuando salían con parejas amigas y así la lista podría seguir diez o quince renglones más.

Fueron pasando los meses, como así también las mujeres que se acostaban con él, de a poco podía volver a masturbarse, y Lucía no aparecía en su mente. Era un trabajo arduo, pero estaba predispuesto a salir. Una noche de primavera decidió suspender la sálida con una de sus mujeres y se quedó en su casa. No se acordaba cuándo había sido el ultimo fin de semana que no pisó la calle. Seguramente fue en su etapa de novio, viendo alguna película o algo similar. Se comió un paquete de sugus y se tiró a dormir para intentar aprovechar el domingo soleado e ir con los amigos a pasar el día a una quinta. En el medio de la noche tuvo un sueño erótico. No se acordaba con quién, pero tenía la necesidad de descargarse. Se destapó, se bajó su boxer y cerró los ojos. Los movimientos y el sexo oral de Lucía pidieron permiso en sus recuerdos. Aprovechó lo que ocurría y no se resistió a seguir, hasta que acabó. A partir de ese momento, Lucía era historia pasada.