Gustavo ya no estaba con Lucía. No estaba triste por eso. En realidad tenía sus bajones, especialemente cuando volvía del laburo en el bondi y se ponía a escuchar Radiohead. Ahí le caía la ficha, cuando escuchaba Creep o Karma Police empezaba a molestarlo el recuerdo de ella. Sin embargo, seguía su ritmo de vida normalmente. Conocía otras mujeres, tenía sexo del bueno y no le faltaba nunca una compañera con la cual tenía con quien terminar alguna que otra noche. Pero había algo que lo alteraba y que lo hacía meditar si realmente se había olvidado de Lucía. Ese algo era la masturbación. No la mastarbución en sí. Sino la masturbación con el recuerdo de ella. Había compartido momentos de cama por tres años, en donde el sexo ocupaba una parte fundamental en su vida. Y si bien, en su nueva vida el sexo no lo había dejado de lado, no era el mismo que con Lucía. El conflicto pasaba en que si bien extrañaba hacer el amor con ella, no podía masturbarse pensando en esos momentos de placer. No era por falta de imaginación, porque justamente para eso era especialista. Además habían cumplido todas sus fantasías juntos. Si Radiohead era su cable a tierra en cuanto a lo que significaba Lucía, la masturbación era directamente la realidad. En su inconciente no se la había sacado de la cabeza. Disfrazo toda la ruptura para mostrarse más fuerte. Digamos que canalizó por el lado de la joda para no querer ver lo que caía de maduro: que su amor por ella se mantenía intacto. Quizo entender el por qué de la situación. Intentó masturbarse con Lucía una o dos veces más, hasta que no pudo más. No había caso. Él no podía hacerlo. Necesitaba de la compañía de ella. Por eso, empezó terapia, algo que jamás pensó que iba a hacer. Lo charló y fue madurando el hecho de que se había transformado en un negador. En un desvirtuador de realidades. Que había usado ese metodo para que su olvido pasará más rapido. Raro, porque él fue quién terminó la relación. No le gustaba nada lo que estaba pasando, pero no quería hablarlo con Lucía. ¿Qué le iba a decir? " Mira Lu, la verdad es que no me puedo hacer la paja pensando en vos ". Era demasiado asquerosa esa forma de decirle las cosas. Es que otra no le quedaba, porque así era el. No iba a buscar una manera delicada de decircelo. Tampoco se lo iba a decir, en realidad. Lo que quería era olvidarse de ese sexo, para poder pensar en otra cosa cuando tenía que sastifacerse sólo. No pasaba por ver una película erótica, las fotos de una modelo o pensar en la mina que se había acostado el fin de semana. Pasaba porque se le venía la imágen de Lucía en el momento que quería arrancar a masturbarse, y se inhibía. Como una especie de pecado. Cómo si el castigo divino iría sobre él por esa acción. El asunto era claro, el amor no se había despegado de su ser. La forma de solcionar todo parecía sencilla: llamar a Lucía e intentar arrancar de cero. Pero Gustavo no estaba convencido, por algo también había decidido no seguir con ella. Prefirió pensar en los defectos. Trabajó con el psicólogo en eso. En todo lo malo de ella. En los motivos por el cual terminó. En su histeriquismo, su ciclotimia, su cara de culo cuando salían con parejas amigas y así la lista podría seguir diez o quince renglones más.
Fueron pasando los meses, como así también las mujeres que se acostaban con él, de a poco podía volver a masturbarse, y Lucía no aparecía en su mente. Era un trabajo arduo, pero estaba predispuesto a salir. Una noche de primavera decidió suspender la sálida con una de sus mujeres y se quedó en su casa. No se acordaba cuándo había sido el ultimo fin de semana que no pisó la calle. Seguramente fue en su etapa de novio, viendo alguna película o algo similar. Se comió un paquete de sugus y se tiró a dormir para intentar aprovechar el domingo soleado e ir con los amigos a pasar el día a una quinta. En el medio de la noche tuvo un sueño erótico. No se acordaba con quién, pero tenía la necesidad de descargarse. Se destapó, se bajó su boxer y cerró los ojos. Los movimientos y el sexo oral de Lucía pidieron permiso en sus recuerdos. Aprovechó lo que ocurría y no se resistió a seguir, hasta que acabó. A partir de ese momento, Lucía era historia pasada.
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