sábado, 13 de noviembre de 2010

REVOLUTION (ROCK)

La semana estuvo plagada de emociones. Desde el recital de Paul hasta pequeñas cosas de la vida que no vienen al caso. La música es uno de los artes más maravillosos que tenemos, lo dije en sucesivos posts. Vendría a ser el acompañante ideal para momentos. Esa sería la definición perfecta: momentos de alegría, de tristeza, de nostalgia y de bronca. Siempre está ahí la música para canalizar.

Se me viene a la mente aquel marzo del 93`, tenía seis años y venía caminando con mi familia por la calle Corrientes. Frené en una disquería a comprarme cds, me dieron la posibilidad de elegir que quería escuchar. Al contrario de cualquier nene que podía haber elegido algo de Brigada Cola o alguna moda pasajera del momento, fui a Los Beatles. Let it be me impactó, la tapa medio diabólica tal vez. También ese día aproveché el precio y me llevé uno de León Gieco. No empezó mi romance con la música ese día. Seguramente arrancó mucho antes, cuando que me ponían en casa Floyd o Sui Generis. Después volqué y terminé escuchando cualquier cosa, que en la actualidad sigo escuchando. No es cualquier cosa en verdad. Musicalmente no seran geniales ciertas bandas que escuchó. Pero como siempre digo, es MUSICA. Escuchar una letra, una melodía por más pésima que sea que llegué a lo más profundo del corazón es muy valioso. Cuando el jueves estaba en el recital de Paul me pasó eso exactamente. Más allá que musicalmente es lo mejor que escuché en mi vida, las letras y esa voz que parecía no haber sufrido variaciones en todos estos años me llegó al corazón. Escuchar Blackbird o Something es un placer que no cambio por nada del mundo. Es la raíz beatle, es estudiar para la clase de lengua escuchando Revolver o Help. Ayer escuchaba a Ciro alucinado por lo que vivió, no por su show, sino por Sir Paul y me emocioné con él. Podía haberse agrandando y contar de lo que tocó él como telonero. Sin embargo, estaba tan impactado que contó detalles del show de Paul: su humildad, su paciencia, los detalles mínimos lo hacen único. Todavía no tomo dimensión de que ví a un beatle en vivo, con todo lo que trae pegado eso. Escuché que Calamaro se enojaba con Ciro por ser telonero y ceder derechos de autor para tocar ahí. Tengo un aprecio especial por Calamaro, más que sabido. Y me parece que esta vuelta se equivocó feo. Más allá de opinar sobre algo que no tiene por qué meterse, tocar con Paul supera cualquier barrera. Me pareció una crítica hueca y sin sentido. Por más que sea el gran Salmón, cuando se equivoca feo hay que decirlo. No esta impune. Las viejas diferencias del pasado es mejor guardarlas en casa.

Podes tener toda la guita del mundo, lo que vos quieras, vivir como un rey y las ganas de salir de gira no se remplazan por nada. Sentir el amor de tu gente. Paul podría estar revolcanse en sus millones y nos trajó lo mejor que tiene: su legado. Generaciones que vienen van a apreciar estos sonidos orgásmiscos por el resto de sus vidas. Las ganas de hacer rock and roll no se van y ojalá todos los músicos lleguen a esa edad con esa pasión. El rock and roll no morirá jamás, los Beatles tampoco.

No hay comentarios:

Publicar un comentario