Corría febrero de este año y estaba atravesando un momento de incertidumbre. La persona con la cual venía teniendo una relacion hermosa se había ido de viaje y me había planteado la idea de no seguir juntos cuando ella volvía de sus vacaciones. No era un corte pero tampoco era un te quiero. Era incertidumbre. No hay palabra más sencilla para describir ese momento. En medio de ese caos mental pasaron cosas, desde un viaje a Uruguay hasta unos días en Capital padeciendo la ausencia de quién consideraba la persona que me hacía más feliz en este planeta. Ella me había planteado que no quería ni mails ni llamados ni ningún contacto durante ese mes y pico que se iba. A mí la idea no me copó en lo absoluto. Pero como siempre, termine respetandola, como siempre, como siempre, como siempre. Comerse las paredes, maquinar sobre lo que va a pasar una vez que llegue de su viaje y no poder disfrutar del todo mis merecidas vacaciones no son sítnomas para nada agradables. Claro, es la reciprocidad. Uno se quema la cabeza en la persona que extraña y ama. La otra persona no pasa por lo mismo, se le habra cruzado mi imágen alguna que otra vez y seguía en su mundo. Contraste. En ese estado tenía que salir a curtir la vida. Como buen masoquista que soy, el día anterior a que ella vuelva y me de o no una respuesta a nuestro futuro, me alquilé dos películas de esas tontas romanticonas. La primera era La Cruda Verdad y la segunda La novia de mi mejor amigo. Típicas historias que por momentos te hacen reír y por momentos, si estas débil te hacen piantar una lágrima. No creo que hayan sido las películas, fue una suma de cosas, una angustia acomulada diría. Me acuerdo exactamente que apenas terminó la última de las películas me puse a llorar como un nene. En todo ese mes y pico no había tenido la oportunidad de descargarme de esa forma. Me guardaba todo por dentro, como una especie de miedo a largar todo lo que me pasaba. Detoné. Al otro día venía ella y no sabía que mierda iba a pasar.
Hoy tuve una sensación parecida a la de ese día. Me alquilé una película acorde al día. Esas que para el feriado no fallan: Cartas a Julieta. Desde el primer momento sabía que me estaba sometiendo a una especie de bombas molotov en mi cuarto del cual ya no tenía salida. Soy muy maricón con esas cosas. Me ponen nostálgico y me voy acordando de mis vivencias sentimentales. Sumado a que la protagonista tenía unos razgos físicos similares a la de la persona que se me venía a la mente, el coctel no era recomendable para la salud. Como me había pasado en febrero, apenas terminó la peli, puse la cara en mi almohada y lloré. No tanto como en febrero, pero sí con las mismas ganas. Me sequé las lágrimas y me sentí un pelotudo. Si bien hay otras cosas que pasaron en todos estos meses, lloré un poco por esa misma persona. Inmediatamente me acordé de una parte de la peli que decía algo así como que el amor te da revancha y el destino siempre tiene un as bajo la manga. Ya no me creo mucho esas cursiadas. Pero me encantan y me hacen un poquito más soñador. Es un poco lo que hablaba con Jenn la semana pasada: si no hubiese echo todo lo que hice, capaz hoy estaría con la persona que me gustaría estar. Es por esa sensación que mientras uno más lucha y más se la juega por el otro, menos resultados positivos tiene. En cambio, quieto y comiendote el dolor por dentro, los resultados favorables llegan. Es una mierda esa teoría, sin embargo funciona en la mayoría de los casos. No me arrepiento de haber perdido con la mía. De jugar mi juego, de mostrarme como soy, de haber sacado a la luz todo lo que pasé, de mostrarme tal cual soy y de seguir pidiendo utópicas oportunidades. Si así trabaja mi cabeza, así se mueve mi cuerpo. No hay resistencia. No la hubo. Valorar mi juego es algo que no supieron hacer. Está la conciencia tranquila que uno dejó todo en la cancha. A mi me siguen gustando los finales felices. La vida no es una película, por eso termino escribiendo mi propio guión. Y ni siquiera así, le doy el final que me gustaría que tenga. El final de mi historia es sabido, no hay retorno, es la victoria del No. Está escrito.
No hay comentarios:
Publicar un comentario