miércoles, 3 de noviembre de 2010

OKTUBRE

Luciano se había estancado en octubre del 2009. Desde que Carla terminó la relación en enero del 2010, él decidió que todos los meses que seguían iban a seguir siendo Octubre. Eligió ese mes porque había logrado estabilidad en la pareja, por más que iban cinco meses, Octubre era especial.´A partir del veinte de enero creó un plan: iba a hacer las mismas cosas que cada día de Octubre y se iba a poner la misma ropa, incluso. Era tan neurótico y obsesivo que se acordaba día a día lo que se había puesto y lo que había hecho, sea con Carla o no. Si el día uno había ido a trabajar, iba hacer lo mismo todos los meses que le seguían, si el día cuatro habia ido al cine con Carla, iba a ir solo, pero lo iba hacer igual. Había enloquecido. Así fue que del veinte al treinta y uno de enero se la pasó llorando como un nene y a partir del primero de febrero arrancó su neurosis. Suspendió sus vacaciones y comenzó con su idea. El día uno fue a trabajar como el primero de Octubre, a pesar de que se había pedido el mes para vacacionar (ganó un aumento de sueldo por dicha acción), a la noche fue a cenar con los amigos (él organizó la cena, y se encargó de ir al mismo lugar), y claro, se puso la misma ropa. El día dos de febrero lo mismo que el dos de Octubre, fue a trabajar, pero como ese día había ido al cine con Carla, fue solo, y en vez de dormir con ella, dormía con una foto en la cual estaban juntos. Los tres días que le faltaban para completar el mes de Octubre, argumentaba una fiebre y se quedaba tirado en su cama. Lo mismo repitiría con el día que sobraba de cada mes.

Así fueron pasando los días, cumplía al pie de la letra su agenda y evitaba que haya algún error en su plan. Al principio nadie notaba las andanzas de Luciano. Algunos se intrigaban de por qué se había quedado en Buenos Aires en el mes de sus merecidas vacaciones. Otros le querían presentar mujeres, y él se negaba asiduamente. En abril los rumores de su locura comenzó a circular entre la familia. Sobre todo, cuando él se empezó a creer en serio que seguía con Carla. Iba a bailar con los amigos y cuando alguna mujer se le acercaba, él decía que estaba de novio y las espantaba. No se lo comentaba a los amigos ni a la gente que convivía con él. A pesar de las sospechas, lo dejaron con su neurosis pensando que tal vez se le iría sola. En mayo intentaron que empiece terapia, se rehuso. Luego a la fuerza, lo querían internar. Se mantuvo fuerte en su postura, y no podían sacarlo de su locura. Estaba empecinado en volver con Carla, sea como sea. Estar loco es otra cosa, argumentaba. Estar enamorado se parece, pero no lo es. Había que terminar con su idea de alguna forma. No podía vivir toda su vida atado a un recuerdo y al pasado. Si la familia no ponía cartas en el asunto, tenía que aparecer alguien que pudiese solucionar el tema. Carla podía ser la opción más viable, la unica capaz de bajarlo a tierra en todas sus crisis. El problema es que no había forma de contactarla. Luciano era el único que sabía su teléfono o algun dato personal de ella. Y como era tan contundente en sus opiniones, no iba a tocer el brazo y llamarla. No perdía su orgullo, pero sí su cordura. El tres de noviembre del 2010, la mejor amiga de Luciano, Cecilia, venía caminando con su ipod cantando en voz alta un tema de los Fabulosos Cadillacs hasta que su mirada se perdió en una morocha, con pechos grandes y un caminar elegante. Efectivamente era Carla. Estaba esplendida, como siempre. Cacilia, que siempre la despreció por sus reiteradas escenas de celos que tenía hacía ella, no dudó en acercarsele a saludar. En verdad, sabía que ella era la solución, sino jamás lo hubiese hecho. Carla la saludó en forma asquerosa, como siempre. Y Cecilia se hizó un poco la simpática para que ella acepte lo que le iba a proponer: que vaya a hablar con Luciano y lo haga recapacitar para que vuelva a ser el de antes. Carla aceptó la propuesta, totalmente preocupada por la situación, al punto que quizo llamarlo en ese mismo momento. Cecilia la frenó y le dijo que vaya directo a un restaurante. Su amiga ya sabía lo que tocaba le tocaba a él esa noche: ir a comer al lugar mexicano, como todos los tres de cada mes. Carla fue a eso de las diez de la noche, para estar segura que Luciano iba a estar ahí. Al entrar lo vió sentado de espalda, en una mesa del fondo y fue directo a sentarse a la silla que estaba frente a él. Mientras que Luciano comía unos nachos con queso y tomaba una cerveza, Carla le dijo: "estás enfermo, dejame ayudarte". Sin emitir otra palabra, directa, clara, precisa. Él la miró con los ojos llorosos, y sintiendo su fragilidad más que nunca, le dijo que la extrañaba y la necesitaba. Ella no quería lastimarlo más, y cualquier palabra en ese momento iba a sonar fuerte. Estaba todo dicho. Hay momentos que es preferible decir dos o tres cosas e irse. Por eso, Cecilia le dijó: "hay que saber ponerle un punto final a las cosas, entendelo". Esa frase le simplificó el camino a Luciano, un simple "punto final". Algo que ella nunca le había dicho desde que terminaron y que a veces uno necesita para olvidarse de la otra persona. Un simple detalle ya sabido, que uno necesita escucharlo para perder esa mínima llama que se prende utopicamente. No dejar las puertas abiertas. Carla se levantó de la mesa, le acarició el pelo y se fue. Luciano dejó lo que estaba comiendo, pagó en la caja y se fue directo a su auto. Abrió el baul y sacó un shorcito de futbol y unos botines. Se sacó la camisa, el jean y se cambió la vestimenta por completo. Fue directo a Aeroparque y sacó un pasaje para irse a Córdoba al día siguente. El día cuatro de noviembre ya no era cuatro de Octubre del 2009: era cuatro de noviembre del 2010.

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