lunes, 15 de noviembre de 2010
HOGAR DULCE HOGAR
Creí que lo que más extrañaba hacer con vos era garchar. Me equivoqué. Lo que más extraño es tu Hogar. El significado de esa palabra es simple. Hogar es refugio, no en el sentido físico. Va por el lado sentimental, en una palabra, en un gesto, una caricia, un beso o una simple mirada. Eso me falta en las noches de soledad y los instantes de fragilidad. Tu olor quedó impregnado en el ascensor de mi casa. Ni siquiera en mi cama. Es subir y sentir el aroma vos. Lo de mi cama ya es repetitivo y aburrido. No es sexual, no son tus movimientos ni tu dinamismo erótico. Es tu amor. Ese amor que no soportás que te digan que lo tenés. Es ese te quiero que te salía del corazón porque sabías que te daba eso que nadie te daba. Cuidarte, preocuparme y respetarte. Vos me lo devolvías a tu manera. No me lo devolvías, hacías lo que sentías mejor dicho. Me querías a tu manera. Sin tabues, con restricciones, con frialdad en ciertos casos pero con sinceridad. No es casual que alguien que siempre decía no, se la pasaba accediendo a propuestas. Que nunca haya hecho un planteo y que disfrutaba cada salida con esa sonrisa inigualable. Ayer caminaba por Puerto Madero y extrañaba esos días de sol que ibamos a tomar un helado y a querernos un poco como novios, dejando atras nuestra faceta de amantes. De poder compartir charlas y algún que otro gusto. De sacarte a pasear cuando tu tristeza te invadía por completo. Tu agradecimiento con un abrazo de oso por haberte sacado de tus mambos por lo menos un rato. Todavía me pregunto como hacías para no decir que no nunca. Me pone contento saber que pude hacerte una mina completa. No me pone contento que no te siga haciendo feliz. En la vulnerabilidad es cuando los recuerdos me ganan. Antes era en cualquier momento, cualquier excusa era buena para hacerte aparecer. Ahora no. Ahora es la situación de debilidad, de querer esos rasgos tuyos conmigo. El remedio podría ser una noche juntos, sin hacer nada, solo mirarnos a los ojos y no decir nada. Así me quedaría dormido rápido. No necesitaría de pastillas ni de tranquilizantes. Serías la suplencia de las drogas legales. Y la generadora de que consuma drogas no legales. Buscar en los excesos la manera de escaparse de la realidad es absurdo. Cuando caigo a la realidad de nuevo, me doy cuenta que todo fue un rato de locura y de intentar remplazarte con algo cuyo efecto no queda para siempre. Lo tuyo no era un rato, era todo el día. Era ese mensaje sutil de que en cinco minutos venías a mi casa. De que entendías que tenías que estar acá y suspendías tus compromisos. O esas lluvias que generaban esos faltazos facultativos mientras escuchabamos la radio y nos reíamos sin parar. Nunca pensé que todo esto se transformaría en algo abstracto. Sabiendo que no era para siempre, prefería mentirme que lo iba a ser. Es triste saber que la cura no existe. O que existe pero no la puedo comprar. Ni aunque esté en coma profundo voy a tener la medicina. El punto final y yo no nos llevamos bien. Seremos soñadores y desvirtuadores de realidad, de no querer ver el NO, de necesitar al SÍ. Es paradojico que una sola vez en tu vida dijiste que no. Pero ese no fue tan rotundo que no permitió nunca más volver a lo que fuimos. Las cosas pasan por algo y se dan por algo. Creer en las segundas oportunidades no es algo lejano. No es que cada corazón merece una oportunidad. Es que cada cabeza merece no ser tan mambeada. Las segundas oportunidades sirven para que el que sufrió tenga su premio por esos meses de llanto. No suelen ser buenas. Pero sirven para que el del llanto no llore más y empiece a reírse. De todo se aprende. Volver al hogar es una salvación mental. Es reducir el mambo. Es no mambear por otras cosas que nos rodean. Vos sabés de estas cosas. Es raro. Eras tan directa. La tenias más clara de lo que creía. Te subestimé muchas veces. Vos, siempre vos, tenías la capacidad mental para callarle la boca a todos. Nadie sabía de tus cosas, y de tus quilombitos. De que por dentro te morías por ser una dulce de leche y por fuera querías mostrarte como una fuerte que caminaba por la vida llevandose el mundo por delante. Hay cosas demasiado íntimas, que ni explicandolas durante todo un año y en clases de dos horas, la gente no va a entender. Es el famoso secreto de las cuatro paredes. Lo que pasa ahí dentro, ahí muere. Eso hace que vos no puedas morir en mi cabeza. Ni hablar del corazón. Ahí vas a vivir por siempre. Sé que para vos hay que darle una mirada más que positiva a la vida. Es lo que siempre me voy a llevar de vos, lo que aprendí. Esas ganas de vivirla juntos estan intactas. Esa necesidad de volver a tu HOGAR.
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