Hace unos años Calamaro sacó cinco discos de una, El Salmón. Sin vueltas. Argumentó que no podía parar de escribir. Estaba en un momento especial de su vida y componía, así canalizaba todo lo que le sucedía. Hoy fue un día que pensé en eso que dijo el gran Andrés. En que estoy en un momento de escritura permanente, en el cual necesito llegar a mi casa, poner la música de fondo despacito, acostarme en mi cama y escribir en la notebook algunas cosas que me van surgiendo en el transcurso del día. Sea para bien o para mal, se transforman en una especie de terapia. No digo que cuando terminó de escribir me siento completo, pero sí en el momento en el cual pongo los dedos en las teclas, la angustia se va por un rato. No es que quiera mostrarle al mundo lo que me pasa, o el a veces sufrimiento que me genera determinada situación. Simplemente es un modo de relajación, de plasmar sentimientos (cito nuevamente a mi gran amiga escritora).
Pensé en hacer una especie de anuario, en lo que fue pasando todo este año, ir mes por mes, desde enero hasta hoy. Pero creo que eso funciona mejor como balance del año, esperar hasta diciembre, porque seguramente seguiran sucediendo cosas. Espero que sean mucho mejores que las que pasan ahora y que pueda modificar el angulo de lo que escribo. Capaz empezar a hablar de asesinatos, de la fiebre amarilla, de la cosecha de vinos en Mendoza o de cuantas calorías tiene una hamburguesa. Hoy en día no me sale. Los temas se vuelven repetitivos y pueden perder emoción para el que lo lea. Para mí sigue siendo apasionante y sano. Es escribir con el corazón, usando un poco la cabeza. Una buena combinación que si la aplicaría en mi vida frecuentemente, los resultados serían más favorables. Lo que pasa es que hay veces que uno puede darse manija con un tema, y que la gente de diga BASTA, cambia, enterralo, fue. Pero hay cosas muy intimas que uno vive con una persona, que es díficil de explicar. Es inexplicable mejor dicho. No lo va a entender nadie. Solo queda entra las dos personas que vivieron una historia. Por más psicólogo, recetas o lo que sea, eso va a quedar para siempre en tu mente. No la vas a borrar con nada. Salvo que utopicamente exista El eterno resplandor de una mente sin recuerdos, para borrarte aquellos momentos maravillosos vividos junto a alguien y que se transforman en un fantasma que sale a correrte por las noches.
Todos sabemos "que los fantasmas del recuerdo salen de noche a patotearte, vos andás descalzo y en puntas de pie ".
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