Las luces de la habitación estaban apagadas hace un tiempo. Toda indundada de recuerdos. Cada objeto significaba el dolor del ya no ser. Por lo bajo pedían recobrar un poco de vida, que tan lastimada estaba. Reírse. Dejar de ser angustias. Convertirse en felicidad. La televisión se había cansado de quedarse hasta las cinco de la mañana encendida con series y películas, como un fiel reflejo de la soledad. El equipo de música no quería poner canciones tristes para sentirse mejor. La cama no quería que esté solo con ella, necesitaba alguién más capaz de encender la pasión. Vos entraste y prendiste la luz. Iluminaste nuevamente el cuarto. Lo llenaste de color, de vida, de ganas, de actitud por sobre todas las cosas. Sacaste de tu cartera tu perfume y dejaste la fragancia en mi almohada para que yo sienta tu olor aunque no estés durmiendo conmigo ahora. Como un mensaje, una obligación de hacer. Los objetos comenzaron a verme con otra cara. Tengo el presentimiento de que me guiñan el ojo o me aplauden. Se cansaron de ser objetos de llanto. Era hora de un cambio. No habían cumplido las expectativas otras musas. Sin embargo, ellos te señalan a vos como la responsable de este giro de 360 grados. Tu frescura, tu dulzura, tus palabras, tus mimos, tu belleza y esa forma de ser innegociable.
En esta locación se habían perdido valores. Se había ido el amor. Por sus propios medios decidó huir. Sin esperarlo, vino alguien que volvio a revivirlo, a decirle "che amor, acá estoy, existo, se que habías perdido las esperanzas". El amor ahora está más tranquilo, con sus inquietudes y sus miedos. Pero seguro, de qué es el momento y la persona correcta. Las proyecciones son inevitables, son parte del juego, de interesarse, de volver a sentir un nuevo sabor a hogar. No es una revancha. No es un remplazo. Nadie remplaza a nadie acá. Esta vuelta parece ser todo más real. Rápido y puro. Esa pureza que transmite certeza. Y esa certeza que cada vez golpea más mi cama y me convence de que sos la indicada en este momento. De que sos la pasajera de este barco que estaba vacío hace rato. De que sos vos, simplemente vos.
miércoles, 30 de marzo de 2011
viernes, 25 de marzo de 2011
VOLVER A Mí
Tengo que confesarte que cada vez que te dejo en la puerta de tu casa pongo en el auto la radio. Pero no escucho musica, elijo algún programa de AM, de gente hablando a la madrugada temas de distinta índole, desde actualidad hasta de sexo. En realidad, no solo lo hago cuando te dejo en tu casa, es una constante en mis regresos a horarios tardíos. Es una forma de sentirme acompañado los cinco minutos que tengo de viaje desde tu departamento hasta el mio. Recién escuchaba que un tipo hablaba de la felicidad. Si hay una palabra que escuche en estos días fue felicidad. Como te dije varias veces, es lo más importante que tenemos. Te hace moverte mejor en los distintos ambitos de la vida (y vos lo viviste en este mes). Sé que es dificil. Implica tomar desciciones, cambiar de aire y empezar de cero. Es un cambio. Los miedos, las inseguridades y el pasado está presente comiendote la cabeza. Vos no los escuches. Escucha tus combicciones, tu postura y tu seguridad. Si todo lo que plasmas en palabras lo decis o lo sentís en serio, te va a resultar todo más fácil. Más llevadero. El dolor está, solo que hay que reducirlo a través de gente que sí te hace bien. Sabés que te voy apoyar. Que te voy a dar ese abrazo. Que voy a poner la yaga de mis dedos en tu espalda para que estés más comoda. Y por sobre todas las cosas, voy a estar para robarte una sonrisa. Esa sonrisa rubia de barrio especial. Sé que todo esto parece un sueño, algo totalmente abstracto a la realidad. Extraño. Nunca visto. Adrenalinico. A máxima velocidad. Está pasando. Lo estamos asumiendo. Genera temores. No es cuestión de pensar a futuro. Ni de rotular. Ni de hablar del largo plazo. Es cuestión de vivir el momento. Y yo tengo claro, que en este momento, vos sos todo lo que necesito.
martes, 22 de marzo de 2011
EL PASADO
Si mirás el pasado las posibilidades se desvanecen. Si mirás el presente aumentan las probabilidades de que sigamos construyendo. El pasado es la huella de lo que fuimos, borrarlo es imposible, hay que aprender a convivir con él. Sé que si te frenas en algín momento, vas a querer volver ahí, por miedo a la rutina. Estoy seguro. Sé también que a las palabras se las lleva el viento. Que por más que prometas, en un solo hecho puede cambiar todo lo que sentís. Hay que vivir del presente y pensar en el futuro. Si crees que no tenes a largo plazo objetivos o un proyecto tenés que dar un paso al costado. Puedo sonar egoísta pero tengo mis razones. Quiero ser un poco egoista, ya fui demasiado comprensivo este último tiempo. No entiendo la velocidad de cómo se está dando esto. No puede ser todo tan perfecto. Juro que hace una semana nadie puede sacarme la sonrisa de mi cara, y me levanto con otro ánimo. Ni hablar de acostarme. Ayer cuanto te fuiste, no quería que te vayas. Disfrutaba estar con vos: acostados, mirandonos y ententendiendo que nos entendemos. Es la ecuación simple. Mi cama me guiño el ojo. Se sentía orgullosa de tu prescencia, de tu dulzura. No me suelen pasar estas cosas tan rápido. Supongo que tendrás algo que genera que te quiera ver todo el tiempo. Puede ser que sea la adrenalina, que el tiempo nos corre (o eso interpretamos nosotros). Que capaz en una semana todo vuelve como antes. Que otra vez me acuesto sólo y empiezan los malditos recuerdos. Las falsas expectativas pueden hacerme mal. Por eso, intento creer que es todo pasajero. Un amor de verano o de otoño ya. Es medio delirante todo lo que estamos viviendo.
Las ganas de abrazarnos, de sentir una química en tan poco tiempo y de tener confianza. Todo pasa por alguna razón. Elijo vivir el momento, elijo seguir manteniendo esta confianza. Sin filtros ni tabues ni ataduras. Estar bien es una decisión que vos me enseñaste. Sos responsable. No miremos el pasado, es una obligación, un juego que te propongo estos días. Es la única forma de abrazarnos y dormirnos juntos, sin que todo sea algo utópico. No hay nada mejor que una rubia después de otra rubia. No hay nada mejor que el amor después del amor.
Las ganas de abrazarnos, de sentir una química en tan poco tiempo y de tener confianza. Todo pasa por alguna razón. Elijo vivir el momento, elijo seguir manteniendo esta confianza. Sin filtros ni tabues ni ataduras. Estar bien es una decisión que vos me enseñaste. Sos responsable. No miremos el pasado, es una obligación, un juego que te propongo estos días. Es la única forma de abrazarnos y dormirnos juntos, sin que todo sea algo utópico. No hay nada mejor que una rubia después de otra rubia. No hay nada mejor que el amor después del amor.
jueves, 17 de marzo de 2011
SEÑAL QUE TE HE PERDIDO
En mi habitación todos lo que me rodean me están mirando. Se están burlando de mí. Los libros caminan y viene hacía a mí, buscando guerra. Es la reencarnación de Cortazar que me quiere asesinar por lo mal que escribo o que Sábato se quiere meter en un tunel de verdad con tal de no leer lo que intento plasmar día a día. Los discos, por su parte, creen que les estoy faltan el respeto. Sabina se agarra la cabeza e insulta "coño, yo me mato haciendo poesías para que este tío venga con poesías baratas, mierda ". Fito Páez no cree que exista el amor después del amor, y ofrecería su corazón. Ni hablar del Indio Solari que me considera un atentado a la prosa, me mira de reojo y me dice "ropa sucia afuera", y se esfuma. Los cuadros me señalan, Lennon prefiere la guerra antes que mis cursiadas. Los tres chiflados no quieren hacer reír a la gente. Curly se quiere dejar crecer el pelo y Moe es capaz de cortarse el flequillo. Calamaro se fuma un porro, me mira y se adjudica culpas por mi situación, " ¿para qué compuse Crimenes Perfectos o Para no olvidar"?, "me tenía que haber dedicado a las muzzas, pero de la pizza, y no a las musas para que este pendejo de mierda no se sienta tocado con mis temas". Ortega quiere dejar el fútbol que es lo que más ama en la vida, ni siquiera quiere jugar de nuevo en River. Rogers Waters suspendió su vista a Argentina. Manu Chao empezaría a cantar a favor del capitalismo, y sostiene que la revolución es imposible hoy en día. La botella de agua mineral se vuelca con tal de la que no la tome, prefiere ser absorbida por el suelo y los microbios. Los perfumes vacíos bailan y gozan todas las veces que me llene de ellos para ponerla y salía virgén de cada salida con cada mina. La lámpara no me deja prenderla, y cada vez que la tocó me da chispazos. Las zapatillas desatan los cordones y salen de la habitción. El jean se empieza a romper de a poco. Los chocolates anotan en una planilla como voy a quedar en veinte años gracias a ellos, mostrandome un futuro lleno de gordura. El equipo de música no deja que entré ningún disco más. La televisión se apaga. La luz comienza a titilar cada vez más fuerte. La notebook es lo único que me acompaña. La cama me tira al suelo e intenta quedarse sola. El suelo está caliente y genera que vuelve a la cama. Me van empujando entre los dos y me sacan al pasillo. Me dejan solo con la notebook, quien resignada me deja seguir escribiendo por la lástima que le genero. En el pasillo está todo oscuro y me da un poco de miedo. Entro al baño y prendo la luz, cuando quiero sentarme en el inodoro para estar más comodo, me resbaló. Salgo corriendo, y voy hasta la cocina. La heladera esta vacía, no hay ni un poco de agua. Voy hasta la alacena y sólo queda una galletita de agua, que cuando la muerdo, se deshace en diez pedazos. Abro la puerta de mi casa y voy a tomar el ascensor. No anda. Voy por las escaleras y siento que cada vez que bajo un piso, van desapareciendo los escalones. Llego abajo y saludo al portero, ni me registra. Ni siquiera me abre la puerta. Justo entrá un vecino que no me saluda, pero que me permite salir. Quedo en la calle descalzo con la notebook en la mano, mi shorcito de argentina y mi remera de la naranja mecánica. Corro hasta la esquina y te veo venir de frente. Son las 2 de la mañana de un martes, ¿qué haces aca? ¿de dónde venis?. No me respondés. Te reís de mí y te vas corriendo para el lado de tu casa. No sé si eras vos o un fantasma. O mi imaginación. No te sigo. Todo me da miedo. No hay un alma en la calle. Corro de nuevo hasta mi casa con los ojos cerrados, me siento en la puerta de mi edificio y escribo "no quiero que me abandones". Cierro la notebook, la pongo como almohada y me tiro a dormir. Me levanta un policiía y me echa. Le digo que es mi casa, no me cree. Piensa que estoy loco y me quiere llevar. Logro convencerlo y al final me suelta. Le toco la puerta al portero y no quiere abrirme, hasta que se cansa de mi insistencia y me abre. Me muestra un palo como para pegarme. Subo las escaleras a las apuradas y vuelvo a mi departamento. Por suerte deje la puerta abierta, entro de nuevo, llego a mi habitación y está todo como antes que comience el caos. La cama me brinda su amor incondicional nuevamente. Antes de cerrar los ojos, me paro, agarro tu foto y la rompo. Ahora sí, me puedo dormir. Los pedazos de fotos que quedan en el suelo se convierten en un fantasma con tu forma, se acerca a mí. Lo miro con desprecio y se va por la ventana. Espero que esta vuelta no vuelva más.
martes, 15 de marzo de 2011
HOPE
Necesito que entiendas lo que estoy diciendo. Quiero encontrar la forma exacta de que vos te acerques a mí. No creas que es para algo normal. Pienso distintas variantes y veo que todas son demasiadas predecibles. A veces imagino mandarte una carta, pero de esas antiguas, como las que escribían nuestros padres. Ir al buzón que está en la puerta de tu edificio y meter ahí algún escrito que te pueda mover algo. Sería algo demasiado cursi, ¿no?. Otra forma sería mandarte un mail, diciendote cosas dulces. Y como última opción esperarte en la puerta de tu casa. Las tres alternativas las considero totalmente estúpidas. No tengo ganas de gastar palabras en algo que te va a generar risas al por mayor. No tengo ganas de escribir un mail, no me va la tecnología para mostrar sentimientos (aunque este caso no sería algo tan frágil como en otros momentos). Sentarme en la puerta de tu casa es demasiado brusco, con tendencias obsesivas, que es mejor ocultarlas, aunque esten ahí merodiando.
Todo esto es por una razón: verte una vez más . No es ni siquiera para rogarte un amor utópico, ni para pedirte que volvamos a ser lo que fuimos, ni siquiera llorarte y decirte una zarta de chamuyos baratos. Simplemente es con el objetivo que te acerques sin miedos ni fantasmas en tu cabeza. Que entiendas que no quiero lo que antes quería. Que esto es algo más simple, menos rebuscado. Que compartamos momentos. Una vez cada tanto. No pido algo permanente ni una estabilidad absoluta. Podríamos decir que es un punto medio, con lo polémica que es esta palabra. Sé que te vas a indignar con este planteo, sé que vas a pensar que estoy muy loco. Como siempre, te digo que no me importa. Vos también estás un poco loca. Entre locos nos entendemos. En cierto punto yo ni sé lo que quiero y vos tampoco. El problema es que te veo y me dan unos cosquilleos en la panza. Escucho voces del más allá que me dicen cuando te tengo enfrente: "dale un beso, no te quedes como un tarado mirándola o escuchándola hablar". Con las voces me llevo mal. Las quiero evadir, me tapo los oídos para no escucharlas, intento taparlas con música y no puedo lograrlo. Me pongo un disco de Jack Johnson, me doy energías positivas y el sonido me lleva a vos. A imaginarte bailando conmigo en este momento, moviéndonos como dos adolescentes sin ningún tipo de problemas. Subo un poco más la música y sigo cantando. Ahora él es el que me dice esto, sin decirlo en ninguna canción: "acercate vos, hace lo que sientas, si ya tenes el no". Si, es verdad que tengo el no, pero tampoco tengo el sí. Es una guerra del no contra el sí. Yo sé que para vos es no, y que capaz puede ser sí en algún momento. Muy remota la chance, soy conciente.
Te propongo algo, ponete un tema de Jack Johnson vos también. Movete. Reíte. Canta. Baila si queres. Agarrate la cabeza, mordete los labios y decí "sos insoportable". Cuando terminés de decir eso, me mandás un mensaje de texto y ahí yo voy a saber que entendiste mi señal.
" Your reflection is a blur, out of focus But in confusion the frames are suddenly burnt and in the end of a roll of illusion, a ghost waiting its turn, now I can see right through, it's a warning that nobody heard "
Todo esto es por una razón: verte una vez más . No es ni siquiera para rogarte un amor utópico, ni para pedirte que volvamos a ser lo que fuimos, ni siquiera llorarte y decirte una zarta de chamuyos baratos. Simplemente es con el objetivo que te acerques sin miedos ni fantasmas en tu cabeza. Que entiendas que no quiero lo que antes quería. Que esto es algo más simple, menos rebuscado. Que compartamos momentos. Una vez cada tanto. No pido algo permanente ni una estabilidad absoluta. Podríamos decir que es un punto medio, con lo polémica que es esta palabra. Sé que te vas a indignar con este planteo, sé que vas a pensar que estoy muy loco. Como siempre, te digo que no me importa. Vos también estás un poco loca. Entre locos nos entendemos. En cierto punto yo ni sé lo que quiero y vos tampoco. El problema es que te veo y me dan unos cosquilleos en la panza. Escucho voces del más allá que me dicen cuando te tengo enfrente: "dale un beso, no te quedes como un tarado mirándola o escuchándola hablar". Con las voces me llevo mal. Las quiero evadir, me tapo los oídos para no escucharlas, intento taparlas con música y no puedo lograrlo. Me pongo un disco de Jack Johnson, me doy energías positivas y el sonido me lleva a vos. A imaginarte bailando conmigo en este momento, moviéndonos como dos adolescentes sin ningún tipo de problemas. Subo un poco más la música y sigo cantando. Ahora él es el que me dice esto, sin decirlo en ninguna canción: "acercate vos, hace lo que sientas, si ya tenes el no". Si, es verdad que tengo el no, pero tampoco tengo el sí. Es una guerra del no contra el sí. Yo sé que para vos es no, y que capaz puede ser sí en algún momento. Muy remota la chance, soy conciente.
Te propongo algo, ponete un tema de Jack Johnson vos también. Movete. Reíte. Canta. Baila si queres. Agarrate la cabeza, mordete los labios y decí "sos insoportable". Cuando terminés de decir eso, me mandás un mensaje de texto y ahí yo voy a saber que entendiste mi señal.
" Your reflection is a blur, out of focus But in confusion the frames are suddenly burnt and in the end of a roll of illusion, a ghost waiting its turn, now I can see right through, it's a warning that nobody heard "
domingo, 13 de marzo de 2011
OK, PERDÓN
Rompo algunas botellas de vino que tengo en la alacena. Con los vidrios hago un camino desde tu casa hasta mi casa. Los pongo separados y en pila. Cada uno de esos pilones van a significar un recuerdo de lo que fuimos. Va a ser algún momento irremplazable de nuestra historia. Esos que nunca vamos a olvidar ni vos ni yo. Vos vas a bajar de tu departamento y vas a encontrarte con esa imagen y vas a seguir el camino. Vas a juntar cada uno de los vidrios, y cada vez que te cortes con alguno va a significar una herida, que sería lo equivalente a todas las que vos me generaste en todo este tiempo. Si tenés suerte no te vas a cortar, es poco probable. Cada vez que te cortes va a ocasionar que la cabeza te retumbe un poco. Para que pienses en mí. Se te van a cruzar imágenes del pásado, y por ahí alguna sonrisa se te forme en la cara. Te va a salir sangre y la vas a lamer pensando que ahí estoy yo. Es como una forma de pedirme perdón. A la mitad del recorrido, te vas a frenar y te vas a sentar en el escalón de un edificio. Ahí vas a agarrar el celular, que lo vas a impregnar de sangre y me vas a llamar. Voy a ver tu número y no te voy a atender. Quiero que llegués a la meta: mi casa. Vas a llorar, a gritar, a sufrir y te vas a dar cuenta que lo único que tenés que hacer es seguir juntando vidrios. Cuando estés a un paso de mi casa, vas a estar brotada en sangre. Pero te va a gustar estar así y vas a romper el celular en mil pedazos. Te vas a sacar la remera, tirandola en un zanjón y vas a quedar en corpiño. La gente te va a mirar y el policía de al lado de mi casa no te va a decir nada porque se va a quedar apreciando tu cuerpo. Vas a tocarme el portero electrico y al primer sonido no te voy a atender. Espero dos minutos a que vuelvas a tocar y recién ahí te atiendo. Al atenderte me decis "soy yo". Pienso, ¿sos vos realmente? ¿tuve que hacer todo eso para que llegues a mì?. El portero de mi edificio te va a mirar con cara rara, pero como está siempre medio dormido y le abre a cualquiera, te va a dejar pasar. Las gotas de sangre van a caer por todo el palier, por todo el ascensor y luego por la puerta de mi casa. Yo voy a salir a abrirte. Vos simplemente me vas a mirar con los ojos llorosos y vas a decirme "te amo". Tus dichos van a ser de compromiso, como una forma de que paren de sangrar tus heridas. A mí no me va a importar el por qué de ese repentino amor por mí, pero escuchar de tu boca esas palabras me va a enceguecer. Al punto que te voy abrazar y me voy a llenar de tu sangre. Vos me vas a apretar fuerte, y me vas a decorar los pisos del comedor de color rojo. Sola, vas a sacarte la pollera y me vas a empujar contra la mesa. En bombacha y corpiño vas a sacudirte toda la sangre arriba mío. A mí me va a encantar y voy a sacarme toda la ropa para cubrirme con tu sangre. Vos vas a quedarte encima mío unos minutos hasta que te desmayás. Recién ahí yo te doy un beso para reanimarte. Cuando te levantás, vas a estar en mi cama, tapada y curada de tus heridas. Me vas a acariciar la cara y vas a hacerme una sonrisita, sin decir nada. A los pocos segundos te vas a quedar dormida de nuevo. Yo me voy a acostar despacio al lado tuyo. En medio de la noche, voy a darme cuenta de que estás en mi cama de nuevo y voy a prender la lámpara, nada más para verte dormir y disfrutar el momento. A la mañana te vas a levantar primera. Te vas a ir sin levantarme ni avisarme. Vas a ir a buscar la pollera al comedor y te vas a poner una de mis remeras viejas, que vas a sacar del placar de mi habitación. Ni bien llegues a la vereda vas a juntar los vidrios que quedan, pero esta vuelta con una escoba que le pedis al verdulero de al lado de casa y así no generarte más heridas. Vas llegar a tu casa y te vas a ir a dormir de nuevo, aliviada. Yo me voy a leventer y voy a darme cuenta que te fuiste. A los pocos segundos, abro la alacena y agarro una botella de vino. Esta vuelta no la rompo. Busco dos copas y me sirvó una, para mí. La próxima vez que vos vengás a mi casa, lo vas a hacer sola. El camino ya lo conocés. Las heridas ya cicatrizaron. Mientras tanto, la otra copa la voy llenando de a poco, porque sé que en cualquier momento me tocás el portero eléctrico de nuevo.
PARA NO OLVIDAR
No quiero formalidad con vos. No quiero que seas mi novia. No quiero que seas mi amante. Ni siquiera quiero que seas mi fija de los sábados a la noche. Lo mío con vos va mucho más alla. No quiero conceptualizar nuestra relación. Tampoco quiero ni necesito llamarlo "relación". Quiero vivirla de una forma distinta. Que no haya compromisos, ataduras ni explicaciones. Que cada uno tenga la libertad de hacer lo que quiera. De acostarnos con quien se nos plazca, siempre y cuando ninguno de los dos nos enteremos. Que no sea conflctivo el amor que nos tenemos. Que el cariño este sabiendo marcar los límites. Acá juegan los sentimientos. No hay dudas de que hay sentimientos del pasado. Pero estos sentimientos marcados influyen en cierto punto en vos. Yo soy realista, no veo problemas en compartir momentos con alguien que me genera alegría. Disfruto con vos, y de vos. De cada momento. Desde tomar una simple cerveza a estar sentados fumando un cigarrillo. De cantar una canción en el auto hasta reirme de tu sonrisa hermosa. Disfruto verte caminar, reir y tocar tu piel de vez en cuando. Robarte un abrazo. Todavía tengo la sensación de estar abrazados en la calle, como en los viejos tiempos. Pese a todos los recuerdos especiales, no quiero la formalidad. No quiero un te quiero, no quiero cursiadas. Quiero los abrazos, las risas y los buenos momentos. De otra forma, sin complicaciones ni planteos. Que si tengo ganas de llamarte un martes a las siete de la tarde para ir a tomar un vino, lo pueda hacer. Que si vos tenes ganas de ir a comer una pizza un miercoles a las once de la noche también lo puedas hacer. Sin la necesidad del compromiso. Sin el deber de fidelidad. Solamente vivir momentos. Sé que la pasas bien conmigo. Sé que te relajas. Sé que podemos hablar de todos los temas sin restricciones. Siento que te entiendo en casi todo lo que me decis. A veces ni tenes que decirme las cosas para que yo entre en razón. Es como una energía especial. Una conexión única.
Estando al lado tuyo no hay tiempo. Me meto en un mundo distinto. Una especie de división del mundo en dos fracciones, el primero es el real, el de la gente que nos rodea, el del mozo que nos trae las cervezas, el del barman que hace los tragos y el de los autos que me tocan la vocina porque doble mal. El otro es el nuestro, sin horarios, sin celulares, sin otra cosa que nosotros dos entendiendonos. Es un planteo un poco complicado tal vez. Es una prueba a la cual hay que someterse. A intentarlo. A insistir. A recuperar el tiempo perdido sin que el tiempo nos corra. Sabiendo que pueden pasar una semana, dos o tres sin hablarnos. Y que así y todo, podamos sentarnos o acostarnos en una cama cerrando los ojos y estando tranquilos que hay una persona que entiende a la otra. Que en estos tiempos que corren, de escasez de coincidencias, exsten dos personas que se quisieron pero que eligen no querese como antes. Pero que quieren pasarla bien, sabiendo cada uno lo que le gusta al otro y como hacerlo sentir feliz. No solo pasa por algo sexual, pasa por la sensación de comodidad. De que está todo dicho y hecho. De que no hay carga ni presiones. Solamente nuestro mundo, ese que decidí llamarlo el de ficción, que tiene una dosis elevada de realidad y que solo nosotros interpretamos. Una ficción que nos encanta vivir, y un mundo en el cual la tranquilidad nos genera una estabilidad desestabilizante. No quiero ser tu mejor amante. Simplemente quiero ser yo. Y que vos seas vos. Que seamos nosotros. Que no vamos a volver a ser lo que fuimos. Nos vamos a reinvetar. Es una nueva faceta nuestra. Que no sea un recuerdo prohibido olvidado en el olvido. Que haya una tarde de lluvia, de tu pelo enredado. Y cuando nos despertemos en un día presumido, nos quedemos un poco en las alturas. Para que contar el tiempo que se ha ido, para que contar el tiempo que nos queda. A vivir se ha dicho. Será posible, será dormido.
Estando al lado tuyo no hay tiempo. Me meto en un mundo distinto. Una especie de división del mundo en dos fracciones, el primero es el real, el de la gente que nos rodea, el del mozo que nos trae las cervezas, el del barman que hace los tragos y el de los autos que me tocan la vocina porque doble mal. El otro es el nuestro, sin horarios, sin celulares, sin otra cosa que nosotros dos entendiendonos. Es un planteo un poco complicado tal vez. Es una prueba a la cual hay que someterse. A intentarlo. A insistir. A recuperar el tiempo perdido sin que el tiempo nos corra. Sabiendo que pueden pasar una semana, dos o tres sin hablarnos. Y que así y todo, podamos sentarnos o acostarnos en una cama cerrando los ojos y estando tranquilos que hay una persona que entiende a la otra. Que en estos tiempos que corren, de escasez de coincidencias, exsten dos personas que se quisieron pero que eligen no querese como antes. Pero que quieren pasarla bien, sabiendo cada uno lo que le gusta al otro y como hacerlo sentir feliz. No solo pasa por algo sexual, pasa por la sensación de comodidad. De que está todo dicho y hecho. De que no hay carga ni presiones. Solamente nuestro mundo, ese que decidí llamarlo el de ficción, que tiene una dosis elevada de realidad y que solo nosotros interpretamos. Una ficción que nos encanta vivir, y un mundo en el cual la tranquilidad nos genera una estabilidad desestabilizante. No quiero ser tu mejor amante. Simplemente quiero ser yo. Y que vos seas vos. Que seamos nosotros. Que no vamos a volver a ser lo que fuimos. Nos vamos a reinvetar. Es una nueva faceta nuestra. Que no sea un recuerdo prohibido olvidado en el olvido. Que haya una tarde de lluvia, de tu pelo enredado. Y cuando nos despertemos en un día presumido, nos quedemos un poco en las alturas. Para que contar el tiempo que se ha ido, para que contar el tiempo que nos queda. A vivir se ha dicho. Será posible, será dormido.
sábado, 12 de marzo de 2011
PIENSO (LUEGO EXISTO)
Pienso que vos pensas que yo pienso en vos todavía. No pienso que vos pienses que yo pienso en otra mujer. Pienso que crees que yo creo que sos la única. No pensas que a lo mejor hay otras compitiendo. Pienso que si pensás un segundo en lo que estoy diciendo pensarías volver un instante conmigo. A la vez pienso que pensas que estoy un poco loco. Pero que eso que pensas de mí te gusta. Porque al fin y al cabo, pensas que pensando en mí hay alguién que está pensando en vos. Pensar que no pienso en otra persona es un error. Pienso que sos irremplazable, como todos los seres humanos. Si me pondría a pensar más a fondo sobre vos capaz no pensaría lo que pienso de vos. A veces pienso que vos no sabés lo que pienso de tu manera de ser. Que solamente pensas que yo pienso en volver todo el tiempo con vos. Estas con un pensamiento equivocado. Lo que yo pienso es que pensar en vos me genera pensamientos hermosos. Y en vez de pensar cosas que me generan tristeza, prefiero pensar en vos. Al pensar en vos terminó pensando demasiado. Creo que termino siempre pensando en mandarte alguna señal. Pienso que la señal la tomás cuando solamente a vos te conviene. Yo pienso en lo que vos pensas y me da la impresión de que tu pensamiento es egoísta. Así y todo, pienso que el egoísmo es lo que me hace pensar si realmente es lo que pienso de vos. No pienso que vos pienses que yo no te quiero. Te deje muy en claro que mis pensamientos sobre vos son únicos. Que por más que piense que no piense en vos, termino pensando un rato. Despues vuelvo a pensar en eso que pensé y me contradigo. Pienso que sos la más linda. Cuando te veo compruebo mi pensamiento. Pienso que tenés las piernas más lindas de la tierra. Eso no quita que no piense que tenés defectos. No quiero que pienses mal con lo que estoy pensando. Simplemente te digo lo que pienso de vos. Aunque vos pienses que yo solo pienso que vos pensás en como hacerme mierda. No pienso que seas una hija de puta. Lejos estoy de pensar eso. Estoy mas cerca de pensar que mis pensamientos sobre vos te llegan de alguna forma. A vos te gusta que piense en vos y generás que cuando deje de pensar en vos, vuelva a pensar en lo mismo. Es como que pensas que si yo pienso en vos, estás inmune. Pienso que estás con muchos otros tipos. Pero que esos tipos no piensan en vos como yo pienso en vos. Pienso que no debería pensar tanto en vos. Debería pensar más en mi. En pensar como quererme más. Lo que pasa es que al pensar en mi, pienso en vos, y terminó pensando que vos pensas que escribo todo lo que pienso. No pienses eso. Hay cosas que pienso que no escribo. Y cosas que no pienso que escribo. Y hay tambíen cosas que siento que no las pienso, y las digo sin pensar. A vos te gusta cuando hablo sin pensar porque me empiezo a trabar. Y pensás que me quedo sin argumentos o intento defenderme. No quiero que pienses que me justifico. No voy a justificar el hecho de pensar en vos. Voy a pensar por qué pienso en vos. Pensa un poco en todo lo que hice por vos. Y no pienses en que te quise lastimar. Solamente pensa en los momentos más placenteros juntos. Si llegas a pensar en mi, pensalo de verdad. Eso sí, pensa en llamarme. No pienses que no prendo el celular. Pensa en que siempre te voy a atender. Seguramente en ese momento este pensando en vos. Pensalo.
jueves, 10 de marzo de 2011
TE REGALO AMORES
Nunca me gustaron los boliches. La mutltitud de gente, el calor humano y el excesivo olor a cigarrillo nunca fueron de mi agrado. El último tiempo le agarré otro gusto a ir bailar un rato, y me lo tomé más relajado. Compro un trago o un fernet y el tiempo pasa. Paseo, veo mujeres, charlo con alguna, me río con mis amigos y bailamos alguna que otra vez. Se baila poco, pero se intenta pasarla bien, a la manera de uno. Nunca imaginé en mi vida, que en un boliche y con una canción entren a jugar los recuerdos. Uno vive de recuerdos, es verdad. Pero que los recuerdos jueguen en medio de una casi borrachera segura, en un momento de alegría y rodeado de buenas energías es de nurótico, claramente. Que un tema de salsa te llegue al corazón es díficil de asumir para alguien que curte otra onda musical. No me olvido esa madrugada en ese boliche careta de Puerto Madero, cuando de repente dejó de sonar un hit de los 90`, La isla del sol y apareció Te regalo amores, algo más actual. Me fui de la pista corriendo, directo a la calle y me tomé el primer taxi que ví. Mis amigos ni registraron que me había ido. Recien cuando se fueron, a eso de las siete de la mañana, me mandaron un mensaje para ver donde me había metido. Les respondí que me había ido por una descompostura inexistente, así se quedaban tranquilos. En realidad me había escapado. Era como que la canción me perseguía. Ella me estaba persiguiendo, me decía "acá estoy yo, no te vas a liberar ni en tu máximo momento de distracción". Me dio pánico. Llegé a mi casa y me tapé hasta la cabeza, todo vestido, hasta quedarme dormido. Eso que no estaba borracho, pero algo paso. Algo me llegó evidentemente.
La canción, que si bien es muy linda, no son las que me suelen pegar. Me hizo acordar a ella, a esos momentos en su auto cuando ponía ese combinado de hits del momento. Ella subía el volumen al máximo y cantaba como loca, como en una especie de descarga. Nunca entendí a quien le regalaba tanto amor. A mi me lo daba, no en una forma absoluta claramente. Sentía que esa canción mostraba un poco tu fragilidad. Era el momento que más débil te sentías. Se te notaba en la cara. Toda la dureza, o lo entera que te mostrabas se te caía con ese tema. Me acuerdo cuando frenaste el auto en una esquina de Belgrano, me miraste y me abrazaste. No entendía que te estaba pasando y te abracé fuerte. No me dijiste nada, solo paraste para darme un abrazo. Fue un momento raro, del cual nunca hablamos y jamás entendí la razón de tus lágrimas. La marca de tus manos en mi espalda es lo que conservo al día de hoy. No sé si te hizo acordar a algún ex tuyo, o a un momento específico que no podías contarme. No sé si simplemente te volviste una chica frágil por un instante. Lo que sí voy a guardar siempre, es cuando me miraste a los ojos en ese freno misterioso y me dijiste "amor del bueno". Todavía la cantó para adentro, "amor del bueno", "amor del bueno". Capaz eso era lo que me querías decir y te costaba decirlo. Como siempre.
La canción, que si bien es muy linda, no son las que me suelen pegar. Me hizo acordar a ella, a esos momentos en su auto cuando ponía ese combinado de hits del momento. Ella subía el volumen al máximo y cantaba como loca, como en una especie de descarga. Nunca entendí a quien le regalaba tanto amor. A mi me lo daba, no en una forma absoluta claramente. Sentía que esa canción mostraba un poco tu fragilidad. Era el momento que más débil te sentías. Se te notaba en la cara. Toda la dureza, o lo entera que te mostrabas se te caía con ese tema. Me acuerdo cuando frenaste el auto en una esquina de Belgrano, me miraste y me abrazaste. No entendía que te estaba pasando y te abracé fuerte. No me dijiste nada, solo paraste para darme un abrazo. Fue un momento raro, del cual nunca hablamos y jamás entendí la razón de tus lágrimas. La marca de tus manos en mi espalda es lo que conservo al día de hoy. No sé si te hizo acordar a algún ex tuyo, o a un momento específico que no podías contarme. No sé si simplemente te volviste una chica frágil por un instante. Lo que sí voy a guardar siempre, es cuando me miraste a los ojos en ese freno misterioso y me dijiste "amor del bueno". Todavía la cantó para adentro, "amor del bueno", "amor del bueno". Capaz eso era lo que me querías decir y te costaba decirlo. Como siempre.
miércoles, 9 de marzo de 2011
NOCHE DERROCHE
Cumplir seis meses de novio es un logro. Aunque parezca poco tiempo, no muchas parejas se dan ese lujo hoy en día. Es algo que se cada vez se da con menos frecuencia en los tiempos que corren. Por lo menos en mi prontuario. Siempre me costó enlazarme con alguién. O mejor dicho, estar en una relación de verdad. Con todo lo que eso lleva. Compromiso, lealtad, fidelidad o como se llame. Por eso, aquel día de diciembre no era uno más. Durante todo el día estuve prometiendo sorpresas. En realidad, no había nada raro. No soy complejo y ella no lo era. Lo mejor era cenar en un buen restaurante y terminar la noche en un buen telo. Era la combinación perfecta. Lo que los dos más disfrutabamos: comer bien y coger bien. Así de simple. Por aquel entonces, la plata no abundaba, ahora tampoco, en esos tiempos menos todavía. Necesitaba invitarla, agasajarla sin que me genere un costo excesivo. Por eso miré los descuentos que tenía por intermedio de una tarjeta. Hasta que encontré un restaurante italiano que nunca había ido y que tenía una fachada pintoresca. Un 40% de descuento era un buen número. Ya tenía la cena. Me quedaba definir la segunda parte del plan: el telo. Luego de consultar a varios especialistas en el tema, me incliné por uno temático en Palermo. Digamos que venía barbaro, los dos estaban en el mismo barrio. Como eran habitaciones temáticas, podía elegir la que quería y mirando unas fotos por internet del lugar, me gustó uno medio extravagante con una cama de agua, un hidromasaje del tamaño de una pelopincho, espejos por todos lados, sillones estilo antiguo y un plasma enorme. Además con esa misma tarjeta, tenía otro 20% de descuento. Por ende, mi plan estaba resuelto y no me iba a generar un gasto excesivo de dinero. Igualmente cuando uno esta de novio, no piensa en gastos, piensa en invertir. Pero realmente cuando la plata no sobra, ahorrarse unos mangos no viene mal.
En el día habíamos hablado una vez para saludarnos por el "mes" y le prometí llevarla a unos luagres especiales. Lo que estaba haciendo en idioma criollo era algo así como "vender humo". Sabía por dentro que no era nada increíble. Pero sí, una buena salida. Lo importante era la compañía, supongo. Ella no se mostraba tan entusiasta con respecto al día. A decir verdad, no le ponía muchas ganas a esos días. Me sentía la mina de la relación, hay que blanquearlo. A ella no le importaban las fechas. Dudo si realmente sabía que los nueves cumplíamos mes. No es más que parte de su personalidad. Había que quererla así. O dejarla, cosa que no hubiese hecho nunca, me parece. Cuando subió al auto me dio un beso. Me acuerdo que tenía puesto un vestido gris con unas calzas negras y unos zapatos del mismo color. Lo primero que me preguntó fue a donde la llevaba y le dije la verdad. Empece por el primer paso, el restaurant. Una vez que llegamos, lo conocí por dentro, no estaba nada malo, tenía unos cuadros tangueros en las paredes mezclado con los colores italianos. El primer plato se podía elegir entre varios que estaban en una mesa especial. Si adivinabas cuánto pesaba te llevabas el plato gratis. No hicimos uso de ese beneficio. Fuimos directo al principal. Nos reímos, tomamos un vino, nos quisimos un poco más y nos dimos la mano unas cuantas mesas uno en frente de otro. Ella me regalaba una sonrisa cada tanto. Yo estaba omnubilado en cada acción que ella hacía. Para mí, todo lo que venía de ella era increíble. Una idealización intensa, no recomendable. Ella pidió unos ravioles de verdura con una salsa de camarones. Me di cuenta enseguida que era el plato más caro del restaurante. Se lo estaba regalando, pero me daba un poco de bronca que justo pida ese plato. Solía pedir siempre lo más caro, cada vez que ibamos a cenar. Dejé pasar el hecho y pensé en el descuento como para amortiguar el derroche de dinero. Yo me pedí unos spaguetis gratinados, algo más simple y menos costoso, claro. Pedimos un vino tinto, un cabernet suavignon. Brindamos. Comimos. Ella dejó medio plato, a diferencia mía que casi limpie el mío con el pan. En esa cena hubo una discusión en la que estuvimos de acuerdo, si alguna vez teníamos hijos los ibamos a mandar a una escuela laica. No queríamos encerrarlo en la burbuja del judaísmo. Pensandolo un poco más friamente, fue la proyección más grande que hicimos estando juntos. Cuando el mozo vino amablemente a retirar los platos, le pedí la cuenta. Me preguntó si tenía algun descuento, a lo que atine a decirle que sí, tenía la tarjeta especial. Saqué la billetera y no estaba. Saqué todas las tarjetas y no había caso. Ella me decía de fondo que seguramente me la había olivdado en mi casa. No aportaba mucho ese comentario en ese momento. Me paré, revise mi jean, los bolsillos de la camisa y no había caso. En esos segundos segundos que el moso fue a traer la cuenta, rezé por dentro para que no sea un precio imposible. El mozo trajo la cuenta y mi cara no salió del asombro. La suma de dinero era realmente alta. Me agarré la cabeza disimuladamente. No tuve alternativas, pagué y no emití ni una palabra más. Ella ni amagó en sacar de su cartera algo de plata. Típico. Si bien yo había ideado el plan, pretendía el amague de invitar. Obviamente no se lo iba a aceptar. Pero el gesto me iba a dar una sonrisa, minimamente. No hubo nada. Me resigné a pagar. Necesitaba lavarme la cara.
Fui al baño a lavarme antes de arrancar la segunda parte de la noche, me insulté a mi mismo por olvidarme la tarjeta en la mesa de luz de al lado de mi cama. ¿Cómo la pude dejar ahí?, ¿cómo no corroboré antes de salir si la tenía?. Todo por no ser impuntual para pasarla a buscar y que no se enoje. Le fastidiaba la puntualidad como a nadie. Todo para hacerla sentir un poco más reina de lo que era. Me di fuerzas internamente, me convencía de que la situación ya había pasado y ahora venía una linda noche de sexo. De amarnos un poquito más mejor dicho. Cuando llegamos al telo, me miró con cara de que ya lo conocía. Me desinfló un poco la sopresa. Le dije al tipo de la entreda que venía a la habitación "casanova", asi se hacía llamar. Por suerte, no estaba ocupada. Dejamos el auto en el garage, y cuando abrimos la puerta de la habitación nos quedamos sorprendidos. Realmente era perfecta. Tenía todos los lujos que aparecían en la página de internet. Ella no tardó ni un minuto en prender el hidromasaje y en poner en la tele un canal de música. Raro. Siempre poníamos la radio cada vez que ibamos a un telo, porque nos daba risa el contraste musical. A los cinco minutos nos desnudamos el uno al otro y entramos al agua. Estaba caliente y empezamos a salpicarnos, cuan nene de cinco años. Al ratito empezamos a besarnos y a los minutos ya estabamos protagonizando una película porno. Ella afuera del hidro, yo adentro, y una posición de esas que solo se dan en películas pornográficas. En medio del polvo, ella se dio vuelta y me dijo que se sentía en una película para adultos. Eso no hizo más que excitarme más y en generar que la agarré y la llevé directo a la cama, donde no podía dejar de besarla por todo el cuerpo ni un segundo. Al instante sentí unas nauseas inesperadas, y mi cara cambió de color. No quise arruinar el momento de ella que estaba disfrutando como nunca, y ya había acabado tres veces en cuarenta minutos. No sé como había hecho para mantenerme en pie. Asi que le seguí dando placer manualmente, no podía seguir de otra manera. Ella se componetraba en llegar al orgasmo ganador. Y yo en no vomitar los fideos. Cuando llegó a su quinto orgasmo, volvió a la realidad y me preguntó si me sentía bien. No le mentí y le comenté que me había bajado la presión o algo similar. Se empezó a reir porque no entendía como aguante en ese estado haciendo el amor. Y justamente la respuesta estaba en su pregunta, era el amor que le tenía. El hacerla sentir importante, en no ser egoísta, en verla feliz. En pensar en ella, simplemente. Me dio un abrazo y unas caricia en la espalda, mientras apoyaba sus tetas en mi pecho. El turno había terminado y me ayudó a cambiarme. Yo ya estaba completamente vestido y ella desnuda. Desde la cama aprecié como otras tantas veces, ese cuerpo, que cada vez que lo veía, me preguntaba como hacía para tenerlo tan cuidado. Cómo podía tener los pechos tan duros y la cola tan parada. Cómo tantos años de gimnasia daba su fruto. Cómo su pelo suelto era algo único, no quería que se lo ate nunca. Seguí con detalle como se ponía el vestido gris, como se miraba al espejo para que la calza le remarque más la cola. Y como hacía todo lo posible por ser lo que era, hermosa.
Me sentía realmente muy mal, así que le pedí que manejara. No se negó. Al salir del telo, me había olvidado que esa tarjeta me daba el descuento para ahí también y que nuevamente estabamos en la misma situación que horas antes. La habitación me iba a costar más cara. Ahora había que sumarle mi estado. Nuevamente resignado le pagué al tipo de la puerta. Otra vez, ni amagó en ayudarme. Ni un salvavidas. En el viaje no emití sonido. Ella prendió la radio y puso Coldplay para relajar el ambiente. No nos dirijimos la palabra, hasta que ella me preguntó donde prefería dormir. Le respondí que solo y en mi casa. Se sorprendió un poco, pero no lo discutió. Acató mi decisión. Bajó en su casa y esas pocas cuadras que nos separaban de nuestros hogares, las maneje yo, a un ritmo lentisimo. Me saludó con un beso en la boca y un abrazo largo. Cuando estaba por arrancar porque ví que ya había entrado al edifcio, dió vuelta atras sorpresivamente y se acercó de nuevo al auto. Subió, dió un puertazo, me miró fijo y me dijo "gracias por la mejor noche de mi vida". Se volvió a bajar, y arranqué. Las nauseas comenzaron a irse, y la risa transformó mi rostro enfermizo en felicidad pura. No necesité de ningún antiacido ni remedio para recuperarme. Solo de esas palabras. La mejor cura la tenía al alcance. Era su amor. Era ella. .
En el día habíamos hablado una vez para saludarnos por el "mes" y le prometí llevarla a unos luagres especiales. Lo que estaba haciendo en idioma criollo era algo así como "vender humo". Sabía por dentro que no era nada increíble. Pero sí, una buena salida. Lo importante era la compañía, supongo. Ella no se mostraba tan entusiasta con respecto al día. A decir verdad, no le ponía muchas ganas a esos días. Me sentía la mina de la relación, hay que blanquearlo. A ella no le importaban las fechas. Dudo si realmente sabía que los nueves cumplíamos mes. No es más que parte de su personalidad. Había que quererla así. O dejarla, cosa que no hubiese hecho nunca, me parece. Cuando subió al auto me dio un beso. Me acuerdo que tenía puesto un vestido gris con unas calzas negras y unos zapatos del mismo color. Lo primero que me preguntó fue a donde la llevaba y le dije la verdad. Empece por el primer paso, el restaurant. Una vez que llegamos, lo conocí por dentro, no estaba nada malo, tenía unos cuadros tangueros en las paredes mezclado con los colores italianos. El primer plato se podía elegir entre varios que estaban en una mesa especial. Si adivinabas cuánto pesaba te llevabas el plato gratis. No hicimos uso de ese beneficio. Fuimos directo al principal. Nos reímos, tomamos un vino, nos quisimos un poco más y nos dimos la mano unas cuantas mesas uno en frente de otro. Ella me regalaba una sonrisa cada tanto. Yo estaba omnubilado en cada acción que ella hacía. Para mí, todo lo que venía de ella era increíble. Una idealización intensa, no recomendable. Ella pidió unos ravioles de verdura con una salsa de camarones. Me di cuenta enseguida que era el plato más caro del restaurante. Se lo estaba regalando, pero me daba un poco de bronca que justo pida ese plato. Solía pedir siempre lo más caro, cada vez que ibamos a cenar. Dejé pasar el hecho y pensé en el descuento como para amortiguar el derroche de dinero. Yo me pedí unos spaguetis gratinados, algo más simple y menos costoso, claro. Pedimos un vino tinto, un cabernet suavignon. Brindamos. Comimos. Ella dejó medio plato, a diferencia mía que casi limpie el mío con el pan. En esa cena hubo una discusión en la que estuvimos de acuerdo, si alguna vez teníamos hijos los ibamos a mandar a una escuela laica. No queríamos encerrarlo en la burbuja del judaísmo. Pensandolo un poco más friamente, fue la proyección más grande que hicimos estando juntos. Cuando el mozo vino amablemente a retirar los platos, le pedí la cuenta. Me preguntó si tenía algun descuento, a lo que atine a decirle que sí, tenía la tarjeta especial. Saqué la billetera y no estaba. Saqué todas las tarjetas y no había caso. Ella me decía de fondo que seguramente me la había olivdado en mi casa. No aportaba mucho ese comentario en ese momento. Me paré, revise mi jean, los bolsillos de la camisa y no había caso. En esos segundos segundos que el moso fue a traer la cuenta, rezé por dentro para que no sea un precio imposible. El mozo trajo la cuenta y mi cara no salió del asombro. La suma de dinero era realmente alta. Me agarré la cabeza disimuladamente. No tuve alternativas, pagué y no emití ni una palabra más. Ella ni amagó en sacar de su cartera algo de plata. Típico. Si bien yo había ideado el plan, pretendía el amague de invitar. Obviamente no se lo iba a aceptar. Pero el gesto me iba a dar una sonrisa, minimamente. No hubo nada. Me resigné a pagar. Necesitaba lavarme la cara.
Fui al baño a lavarme antes de arrancar la segunda parte de la noche, me insulté a mi mismo por olvidarme la tarjeta en la mesa de luz de al lado de mi cama. ¿Cómo la pude dejar ahí?, ¿cómo no corroboré antes de salir si la tenía?. Todo por no ser impuntual para pasarla a buscar y que no se enoje. Le fastidiaba la puntualidad como a nadie. Todo para hacerla sentir un poco más reina de lo que era. Me di fuerzas internamente, me convencía de que la situación ya había pasado y ahora venía una linda noche de sexo. De amarnos un poquito más mejor dicho. Cuando llegamos al telo, me miró con cara de que ya lo conocía. Me desinfló un poco la sopresa. Le dije al tipo de la entreda que venía a la habitación "casanova", asi se hacía llamar. Por suerte, no estaba ocupada. Dejamos el auto en el garage, y cuando abrimos la puerta de la habitación nos quedamos sorprendidos. Realmente era perfecta. Tenía todos los lujos que aparecían en la página de internet. Ella no tardó ni un minuto en prender el hidromasaje y en poner en la tele un canal de música. Raro. Siempre poníamos la radio cada vez que ibamos a un telo, porque nos daba risa el contraste musical. A los cinco minutos nos desnudamos el uno al otro y entramos al agua. Estaba caliente y empezamos a salpicarnos, cuan nene de cinco años. Al ratito empezamos a besarnos y a los minutos ya estabamos protagonizando una película porno. Ella afuera del hidro, yo adentro, y una posición de esas que solo se dan en películas pornográficas. En medio del polvo, ella se dio vuelta y me dijo que se sentía en una película para adultos. Eso no hizo más que excitarme más y en generar que la agarré y la llevé directo a la cama, donde no podía dejar de besarla por todo el cuerpo ni un segundo. Al instante sentí unas nauseas inesperadas, y mi cara cambió de color. No quise arruinar el momento de ella que estaba disfrutando como nunca, y ya había acabado tres veces en cuarenta minutos. No sé como había hecho para mantenerme en pie. Asi que le seguí dando placer manualmente, no podía seguir de otra manera. Ella se componetraba en llegar al orgasmo ganador. Y yo en no vomitar los fideos. Cuando llegó a su quinto orgasmo, volvió a la realidad y me preguntó si me sentía bien. No le mentí y le comenté que me había bajado la presión o algo similar. Se empezó a reir porque no entendía como aguante en ese estado haciendo el amor. Y justamente la respuesta estaba en su pregunta, era el amor que le tenía. El hacerla sentir importante, en no ser egoísta, en verla feliz. En pensar en ella, simplemente. Me dio un abrazo y unas caricia en la espalda, mientras apoyaba sus tetas en mi pecho. El turno había terminado y me ayudó a cambiarme. Yo ya estaba completamente vestido y ella desnuda. Desde la cama aprecié como otras tantas veces, ese cuerpo, que cada vez que lo veía, me preguntaba como hacía para tenerlo tan cuidado. Cómo podía tener los pechos tan duros y la cola tan parada. Cómo tantos años de gimnasia daba su fruto. Cómo su pelo suelto era algo único, no quería que se lo ate nunca. Seguí con detalle como se ponía el vestido gris, como se miraba al espejo para que la calza le remarque más la cola. Y como hacía todo lo posible por ser lo que era, hermosa.
Me sentía realmente muy mal, así que le pedí que manejara. No se negó. Al salir del telo, me había olvidado que esa tarjeta me daba el descuento para ahí también y que nuevamente estabamos en la misma situación que horas antes. La habitación me iba a costar más cara. Ahora había que sumarle mi estado. Nuevamente resignado le pagué al tipo de la puerta. Otra vez, ni amagó en ayudarme. Ni un salvavidas. En el viaje no emití sonido. Ella prendió la radio y puso Coldplay para relajar el ambiente. No nos dirijimos la palabra, hasta que ella me preguntó donde prefería dormir. Le respondí que solo y en mi casa. Se sorprendió un poco, pero no lo discutió. Acató mi decisión. Bajó en su casa y esas pocas cuadras que nos separaban de nuestros hogares, las maneje yo, a un ritmo lentisimo. Me saludó con un beso en la boca y un abrazo largo. Cuando estaba por arrancar porque ví que ya había entrado al edifcio, dió vuelta atras sorpresivamente y se acercó de nuevo al auto. Subió, dió un puertazo, me miró fijo y me dijo "gracias por la mejor noche de mi vida". Se volvió a bajar, y arranqué. Las nauseas comenzaron a irse, y la risa transformó mi rostro enfermizo en felicidad pura. No necesité de ningún antiacido ni remedio para recuperarme. Solo de esas palabras. La mejor cura la tenía al alcance. Era su amor. Era ella. .
martes, 8 de marzo de 2011
LA BOMBA LOCA
No sé si efectivamente eras vos. El exceso de alchol, el humo de la marihuana en el ambiente y la gente bailando desaforadamente, me hicieron verte ahí. Si era una ilusión optica era muy real. Estabas con una musculosa roja, que te remarcaban las tetas, un mini short blanco y ojotas. Simple, pero sexy. Estabas toda mojada por la transpiración. En el lugar no se podía estar del calor que hacía. La humedad aumentaba cada vez más llegando a ser casi un suplicio estar ahí adentro. Sin embargo no te importaba nada. Ningún factor hacía frenar la adrenalina de la música. La bomba de tiempo no dejaba respirar un segundo. Candombe, carnaval, cumbia y todos los sonidos te hacían imparable. Eras un huracan. Vos bailando. Yo mirando. Me froté los ojos varias veces para corroborar que eras vos, me fui al baño a lavarme la cara incluso, me compré la quinta cerveza para asegurarme que eras vos. Eras. Te rodeaban unos tipos, vos los alejabas con grandeza. Como una señora. Generabas una especie de temor para los que venían atras. No había ni siquiera una amiga alrededor tuyo, no querías que ese instante sea empañado por nadie. No mirabas más que tus movimientos de piernas. Las caderas que iban de un lado al otro. Y un vaso de fernet en la mano para dar un poco de frescura a ese derroche de calentura.
No podía acercarme a vos. No podía hacerte perder ese instante de gloria. No quería arruinarte. Probablemente ni me ibas a registrar, y en caso de que sí, me ibas a sacar como sacaste a todos los tipos que te rodeaban. Sos una mina que en el boliche cualquiera se acercaría, tenés el punto de atracción ideal, el básico: rubia y tetona. A mí me divertía verte bailar. Verte compenetrada en lo tuyo. Ver como todos los buitres caían a tus pies y a vos no te importaba. Podía ser un buitre, pero con ciertos privilegios. Con un pasado. Sin un presente. Con un futuro incierto, mentiroso y negador. Si los efectos de todas las mezclas en algún momento bajarían, la imágen tuya se me iría. Tal vez realmente eras vos. Prefiero que no baje mi estado, y quedarme con que eras vos. Claro, y que esta noche te quiero conmigo, loca.
No podía acercarme a vos. No podía hacerte perder ese instante de gloria. No quería arruinarte. Probablemente ni me ibas a registrar, y en caso de que sí, me ibas a sacar como sacaste a todos los tipos que te rodeaban. Sos una mina que en el boliche cualquiera se acercaría, tenés el punto de atracción ideal, el básico: rubia y tetona. A mí me divertía verte bailar. Verte compenetrada en lo tuyo. Ver como todos los buitres caían a tus pies y a vos no te importaba. Podía ser un buitre, pero con ciertos privilegios. Con un pasado. Sin un presente. Con un futuro incierto, mentiroso y negador. Si los efectos de todas las mezclas en algún momento bajarían, la imágen tuya se me iría. Tal vez realmente eras vos. Prefiero que no baje mi estado, y quedarme con que eras vos. Claro, y que esta noche te quiero conmigo, loca.
domingo, 6 de marzo de 2011
DE MENSAJES Y OTRAS ADICCIONES
No te mandé un mensaje por alguna razón lógica. Es todo ilógico. La lógica por fin se nos deshizo en la boca, diría Fito. Si todo fuera lógico con vos no pasarían las cosas que pasan. No seguirían pasando situaciones extrañas. No habría un mensaje, ni siquiera un encuentro, mucho menos un beso. No te elegí por lo normal. Te elegi por lo anormal. Por las decisiones alocadas. Por tu forma de ser extraña. Por tus salidas que nadie entiende. Si cada vez que pienso en mandarte un mensaje de texto, me pondría una traba estaría en contra de mis sentimientos. Dejaría de ser yo. Me trasnformaría en un jugador. Con su estrategia, con su idea de juego bien clara y una manera de actuar distinta a la de alguien relativamente normal. No es que no me guste la gente normal, pero los anormales tienen algo diferente. No es el hecho de ser anormal, sino es el hecho de como llevan su vida. No son aburridos, lo que no quita que no sean simples. Anormalidad y simpleza van de la mano.
Sé que te reís mucho cada vez que te hablo. Sé que a veces te parezco una carga, te obligo a responderme o genero incomodidad. Por otro lado te subo el autoestima o te sentís mas linda, más mujer capaz. No sé porque las minas necesitan todo el tiempo que les digan que están lindas. Prefieren que se les diga que les queda mejor el pelo de tal color o la ropa que se compraron, a que son interesantes o inteligentes. De que tienen virtudes que no pasan por lo físico. Sabemos que tu caso puede encajar en la belleza, pero también en tu manera de ser. Y si bien a mi me vuelve loco tu forma de ser, no por eso dejo de ser como soy con vos. En la vulnerabilidad es cuando me doy cuenta que todo los conceptos se van por las ramas. Que pienso menos, actuo más, me expongo demasiado, termino lastimado, roto, y así y todo, te vuelvo a idealizar. A veces no entiendo si es que te extraño a vos. O extraño tus acciones. Si extraño tus abrazos, o extraño sentir ese abrazo tuyo. Si extraño garchar con vos, o extraño hacer el amor con vos. Me lleno de interrogantes. Me vuelvo neurótico, obesivo y terminó enroscandome la cabeza una y otra vez. Ya no pasa por una cuestión de celos. No digo que no los tenga. Ni que no piense en que te estás revolcando con otro, o peor aún, saliendo con otro. Puede que pase el tiempo, que sepa menos de vos, que vos hayas cambiado incluso. Lo que no me arrepiento de hacer, y aunque suene un poco autodestructivo, es de mendigar amor. Mendigo tu amor porque no me dejaste comprarlo. Me arrastro mirandote a los ojos desde el suelo, como un rehen de tus tetas. Y siempre, tus respuestas siempre son cortitas y al pie. Claras. Envidio sanamente tu claridad, y al que las está apreciendo. Y elijo mendigar. O mejor dicho, te elijo a vos.
Sé que te reís mucho cada vez que te hablo. Sé que a veces te parezco una carga, te obligo a responderme o genero incomodidad. Por otro lado te subo el autoestima o te sentís mas linda, más mujer capaz. No sé porque las minas necesitan todo el tiempo que les digan que están lindas. Prefieren que se les diga que les queda mejor el pelo de tal color o la ropa que se compraron, a que son interesantes o inteligentes. De que tienen virtudes que no pasan por lo físico. Sabemos que tu caso puede encajar en la belleza, pero también en tu manera de ser. Y si bien a mi me vuelve loco tu forma de ser, no por eso dejo de ser como soy con vos. En la vulnerabilidad es cuando me doy cuenta que todo los conceptos se van por las ramas. Que pienso menos, actuo más, me expongo demasiado, termino lastimado, roto, y así y todo, te vuelvo a idealizar. A veces no entiendo si es que te extraño a vos. O extraño tus acciones. Si extraño tus abrazos, o extraño sentir ese abrazo tuyo. Si extraño garchar con vos, o extraño hacer el amor con vos. Me lleno de interrogantes. Me vuelvo neurótico, obesivo y terminó enroscandome la cabeza una y otra vez. Ya no pasa por una cuestión de celos. No digo que no los tenga. Ni que no piense en que te estás revolcando con otro, o peor aún, saliendo con otro. Puede que pase el tiempo, que sepa menos de vos, que vos hayas cambiado incluso. Lo que no me arrepiento de hacer, y aunque suene un poco autodestructivo, es de mendigar amor. Mendigo tu amor porque no me dejaste comprarlo. Me arrastro mirandote a los ojos desde el suelo, como un rehen de tus tetas. Y siempre, tus respuestas siempre son cortitas y al pie. Claras. Envidio sanamente tu claridad, y al que las está apreciendo. Y elijo mendigar. O mejor dicho, te elijo a vos.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)