Nunca me gustaron los boliches. La mutltitud de gente, el calor humano y el excesivo olor a cigarrillo nunca fueron de mi agrado. El último tiempo le agarré otro gusto a ir bailar un rato, y me lo tomé más relajado. Compro un trago o un fernet y el tiempo pasa. Paseo, veo mujeres, charlo con alguna, me río con mis amigos y bailamos alguna que otra vez. Se baila poco, pero se intenta pasarla bien, a la manera de uno. Nunca imaginé en mi vida, que en un boliche y con una canción entren a jugar los recuerdos. Uno vive de recuerdos, es verdad. Pero que los recuerdos jueguen en medio de una casi borrachera segura, en un momento de alegría y rodeado de buenas energías es de nurótico, claramente. Que un tema de salsa te llegue al corazón es díficil de asumir para alguien que curte otra onda musical. No me olvido esa madrugada en ese boliche careta de Puerto Madero, cuando de repente dejó de sonar un hit de los 90`, La isla del sol y apareció Te regalo amores, algo más actual. Me fui de la pista corriendo, directo a la calle y me tomé el primer taxi que ví. Mis amigos ni registraron que me había ido. Recien cuando se fueron, a eso de las siete de la mañana, me mandaron un mensaje para ver donde me había metido. Les respondí que me había ido por una descompostura inexistente, así se quedaban tranquilos. En realidad me había escapado. Era como que la canción me perseguía. Ella me estaba persiguiendo, me decía "acá estoy yo, no te vas a liberar ni en tu máximo momento de distracción". Me dio pánico. Llegé a mi casa y me tapé hasta la cabeza, todo vestido, hasta quedarme dormido. Eso que no estaba borracho, pero algo paso. Algo me llegó evidentemente.
La canción, que si bien es muy linda, no son las que me suelen pegar. Me hizo acordar a ella, a esos momentos en su auto cuando ponía ese combinado de hits del momento. Ella subía el volumen al máximo y cantaba como loca, como en una especie de descarga. Nunca entendí a quien le regalaba tanto amor. A mi me lo daba, no en una forma absoluta claramente. Sentía que esa canción mostraba un poco tu fragilidad. Era el momento que más débil te sentías. Se te notaba en la cara. Toda la dureza, o lo entera que te mostrabas se te caía con ese tema. Me acuerdo cuando frenaste el auto en una esquina de Belgrano, me miraste y me abrazaste. No entendía que te estaba pasando y te abracé fuerte. No me dijiste nada, solo paraste para darme un abrazo. Fue un momento raro, del cual nunca hablamos y jamás entendí la razón de tus lágrimas. La marca de tus manos en mi espalda es lo que conservo al día de hoy. No sé si te hizo acordar a algún ex tuyo, o a un momento específico que no podías contarme. No sé si simplemente te volviste una chica frágil por un instante. Lo que sí voy a guardar siempre, es cuando me miraste a los ojos en ese freno misterioso y me dijiste "amor del bueno". Todavía la cantó para adentro, "amor del bueno", "amor del bueno". Capaz eso era lo que me querías decir y te costaba decirlo. Como siempre.
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