domingo, 13 de marzo de 2011

OK, PERDÓN

Rompo algunas botellas de vino que tengo en la alacena. Con los vidrios hago un camino desde tu casa hasta mi casa. Los pongo separados y en pila. Cada uno de esos pilones van a significar un recuerdo de lo que fuimos. Va a ser algún momento irremplazable de nuestra historia. Esos que nunca vamos a olvidar ni vos ni yo. Vos vas a bajar de tu departamento y vas a encontrarte con esa imagen y vas a seguir el camino. Vas a juntar cada uno de los vidrios, y cada vez que te cortes con alguno va a significar una herida, que sería lo equivalente a todas las que vos me generaste en todo este tiempo. Si tenés suerte no te vas a cortar, es poco probable. Cada vez que te cortes va a ocasionar que la cabeza te retumbe un poco. Para que pienses en mí. Se te van a cruzar imágenes del pásado, y por ahí alguna sonrisa se te forme en la cara. Te va a salir sangre y la vas a lamer pensando que ahí estoy yo. Es como una forma de pedirme perdón. A la mitad del recorrido, te vas a frenar y te vas a sentar en el escalón de un edificio. Ahí vas a agarrar el celular, que lo vas a impregnar de sangre y me vas a llamar. Voy a ver tu número y no te voy a atender. Quiero que llegués a la meta: mi casa. Vas a llorar, a gritar, a sufrir y te vas a dar cuenta que lo único que tenés que hacer es seguir juntando vidrios. Cuando estés a un paso de mi casa, vas a estar brotada en sangre. Pero te va a gustar estar así y vas a romper el celular en mil pedazos. Te vas a sacar la remera, tirandola en un zanjón y vas a quedar en corpiño. La gente te va a mirar y el policía de al lado de mi casa no te va a decir nada porque se va a quedar apreciando tu cuerpo. Vas a tocarme el portero electrico y al primer sonido no te voy a atender. Espero dos minutos a que vuelvas a tocar y recién ahí te atiendo. Al atenderte me decis "soy yo". Pienso, ¿sos vos realmente? ¿tuve que hacer todo eso para que llegues a mì?. El portero de mi edificio te va a mirar con cara rara, pero como está siempre medio dormido y le abre a cualquiera, te va a dejar pasar. Las gotas de sangre van a caer por todo el palier, por todo el ascensor y luego por la puerta de mi casa. Yo voy a salir a abrirte. Vos simplemente me vas a mirar con los ojos llorosos y vas a decirme "te amo". Tus dichos van a ser de compromiso, como una forma de que paren de sangrar tus heridas. A mí no me va a importar el por qué de ese repentino amor por mí, pero escuchar de tu boca esas palabras me va a enceguecer. Al punto que te voy abrazar y me voy a llenar de tu sangre. Vos me vas a apretar fuerte, y me vas a decorar los pisos del comedor de color rojo. Sola, vas a sacarte la pollera y me vas a empujar contra la mesa. En bombacha y corpiño vas a sacudirte toda la sangre arriba mío. A mí me va a encantar y voy a sacarme toda la ropa para cubrirme con tu sangre. Vos vas a quedarte encima mío unos minutos hasta que te desmayás. Recién ahí yo te doy un beso para reanimarte. Cuando te levantás, vas a estar en mi cama, tapada y curada de tus heridas. Me vas a acariciar la cara y vas a hacerme una sonrisita, sin decir nada. A los pocos segundos te vas a quedar dormida de nuevo. Yo me voy a acostar despacio al lado tuyo. En medio de la noche, voy a darme cuenta de que estás en mi cama de nuevo y voy a prender la lámpara, nada más para verte dormir y disfrutar el momento. A la mañana te vas a levantar primera. Te vas a ir sin levantarme ni avisarme. Vas a ir a buscar la pollera al comedor y te vas a poner una de mis remeras viejas, que vas a sacar del placar de mi habitación. Ni bien llegues a la vereda vas a juntar los vidrios que quedan, pero esta vuelta con una escoba que le pedis al verdulero de al lado de casa y así no generarte más heridas. Vas llegar a tu casa y te vas a ir a dormir de nuevo, aliviada. Yo me voy a leventer y voy a darme cuenta que te fuiste. A los pocos segundos, abro la alacena y agarro una botella de vino. Esta vuelta no la rompo. Busco dos copas y me sirvó una, para mí. La próxima vez que vos vengás a mi casa, lo vas a hacer sola. El camino ya lo conocés. Las heridas ya cicatrizaron. Mientras tanto, la otra copa la voy llenando de a poco, porque sé que en cualquier momento me tocás el portero eléctrico de nuevo.

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