Las luces de la habitación estaban apagadas hace un tiempo. Toda indundada de recuerdos. Cada objeto significaba el dolor del ya no ser. Por lo bajo pedían recobrar un poco de vida, que tan lastimada estaba. Reírse. Dejar de ser angustias. Convertirse en felicidad. La televisión se había cansado de quedarse hasta las cinco de la mañana encendida con series y películas, como un fiel reflejo de la soledad. El equipo de música no quería poner canciones tristes para sentirse mejor. La cama no quería que esté solo con ella, necesitaba alguién más capaz de encender la pasión. Vos entraste y prendiste la luz. Iluminaste nuevamente el cuarto. Lo llenaste de color, de vida, de ganas, de actitud por sobre todas las cosas. Sacaste de tu cartera tu perfume y dejaste la fragancia en mi almohada para que yo sienta tu olor aunque no estés durmiendo conmigo ahora. Como un mensaje, una obligación de hacer. Los objetos comenzaron a verme con otra cara. Tengo el presentimiento de que me guiñan el ojo o me aplauden. Se cansaron de ser objetos de llanto. Era hora de un cambio. No habían cumplido las expectativas otras musas. Sin embargo, ellos te señalan a vos como la responsable de este giro de 360 grados. Tu frescura, tu dulzura, tus palabras, tus mimos, tu belleza y esa forma de ser innegociable.
En esta locación se habían perdido valores. Se había ido el amor. Por sus propios medios decidó huir. Sin esperarlo, vino alguien que volvio a revivirlo, a decirle "che amor, acá estoy, existo, se que habías perdido las esperanzas". El amor ahora está más tranquilo, con sus inquietudes y sus miedos. Pero seguro, de qué es el momento y la persona correcta. Las proyecciones son inevitables, son parte del juego, de interesarse, de volver a sentir un nuevo sabor a hogar. No es una revancha. No es un remplazo. Nadie remplaza a nadie acá. Esta vuelta parece ser todo más real. Rápido y puro. Esa pureza que transmite certeza. Y esa certeza que cada vez golpea más mi cama y me convence de que sos la indicada en este momento. De que sos la pasajera de este barco que estaba vacío hace rato. De que sos vos, simplemente vos.
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