miércoles, 29 de diciembre de 2010

LA CORRUPCIÓN DEL BLOG.

Hace varios días que no tengo la voluntad de sentarme a escribir. Podría buscar algun tema interesante para subir y sin embargo, prefiero el silencio. El sano silencio diría. A veces subir algo por subir no tiene sentido y se torna monótono. Podría tocar temas anteriores, darle más enfásis y a otra cosa. Caería en lo fácil. No tiene sentido. Estoy buscando otra perspectiva. Buscar otra faceta, descubrir nuevos horizontes y tal vez, alejarme de los recuerdos y sus consecuencias. En mi blog, desde sus comienzos, se vio una mezcla de amor, odio, necesidad y fragilidad. Muchos se han sentido idetificados, y otros no tanto. Como debe ser. Se ha escrito en estados de excesos y en estado de sobriedad absoluto. Lo que nunca se hizo fue escribir de día. Será que las cosas que uno piensa durante el día, de noche cobran fuerzas y es más cómodo ponerlas en palabras. O será que el creador se inspira de noche, escondido en el refugio de su cuarto, con un poco de música suave de fondo y sin ruidos en la calle que no le permiten la tranquilidad necesaria. En el subte o en el bondi salen los mejores temas. A veces también hablando con algún amigo que tuvo alguna que otra experiencia. De alguna vivencia personal o de alguna utópica ilusión. Algo que no hice nunca en el blog fue escribir por escribir. Siempre que me senté tuve esas ganas de darle sentido a algo que venía pensando por horas. Pero el blog curte también y caé en la corrupción. Si se lo pedís puede hacer excepciones. Incluso cuando no hay fuerzas, si le das algo a cambio, le sale el capitalismo de adentro. Acepta sobornos. Se baja los pantolanes. Es así muchachos, hay veces que hay que ceder. Podemos decir que en este preciso momento el blog esta amenezado de sueños. Sí. En caso de no subir un post, factiblemente el autor del mismo no pueda dormir nunca más. Suena complejo, pero es así. Sin tabues. Eso se debe a un gualicho o de uno de esos muñecos malignos pinchados, no lo sé exactamente. La única manera de sacar estos fantasmas es subiendo algo. Mínimo. Aunque no tenga tanto sentido, es la unica manera de poder reconciliarse con el tan amado sueño.

Espero no sólo recuperar las ganas de dormir y encontrar la posición exacta, sino ganarme algo más. Claro, es muy fácil que el otro haga el trabajo. Estoy acostumbrado. No hay que abordar sobre cosas que uno no sabe del otro. Hay que ser concreto. La corrupción ha llegado al blog y no le sienta mal. Eso sí, el creador espera dormir profundamente y además pide un bonus track, tener recompensa a cambio. ¿Será mucho pedir? ¿Será una trampa? ¿Será otra expulsión de alguna u otra academia? Las cartas están en la mesa.
" Come on babe, Why don't we paint the town? And all that Jazz ", dirían en algún teatro de Broadway, con tanta razón.

viernes, 24 de diciembre de 2010

ODIO NO ODIARTE

No me molesta no salir en navidad. Me molesta que vos salgas y estes descontrolada. Me molesta saber que estás dada vuelta bailando alocadamente en algún boliche careta de la ciudad. Me da por las pelotas que tengás la posibilidad de terminar la noche con un flaco en una cama teniendo sexo violento. Me da bronca que estes garchando y yo no. Me genera asco saber que un tipo te está chamuyando nada más para tocarte las tetas un rato o saboriarlas a más no poder. Te odio. Odio que estés riendonte con tus amigas, que un grupo de pibes se les acerque, les venda humo y vos comprés. Odio que no me mandés ni un msj de texto para decirme "feliz navidad" aunque no la festejé. Detesto no poder estar borracho y esperarte en la puerta de tu casa con un ramo de flores- robadas de una casa- en la mano. Me genera angustia que no pueda terminar la noche con tus besos en la oreja y ese abrazo de oso para dormirme tranquilo. Me juega en contra estar totalmente sobrio y lleno de rencor. No tengo rencor contra vos, tengo rencor de vos. De que seas una mina que cualquier flaco se le acercaría. Te ponés esos escotes para que se noten más tus tetas y seguro que tenés puesto algun shorcito blanco para llamar más la atención. Sumalé a que estas quemada y predispuesta al dialogo, tu pelo bien negro, da como resultado una noche llena de felicidad para vos y tus hormonas. Te odio. Me doy asco mirando repeticiones de partidos que ya ví docientas veces. Soy una imágen triste, escuchando la metro y tomando coca light. No puedo poner una canción de Sabina o de Drexler para derprimirme más. Peor pensar que vos estás bailando reggeton a morir. Que estás descontrolada en una barra, que los tequilas no paran y las cervezas ya pasan como si fuera agua mineral. Que lo más cerca que tenga de una cerveza es el almacén de enfrente de mi casa que está cerrado. Que los fuegos artificiales son insoportables. Que está acá nomás, que si me siento desde ahora hasta las 10 de la mañana en algún momento vas a volver. Capaz vas a estar bien atendida. O simplemente inconciente por los excesos. Aborresco que generés que los hombres te miren. Lo haces a propósito. Me duele que no te dejés amar. Que solo quieras estar jodiendo con tus amigas y no le des un poquito de bola al amor. Que para vos el amor sea cantar una canción de Lady Gaga. Que tengas un veneno en la sangre que te hace actuar como una diabla. Que te encanta ese papel. Prendería fuego toda mi casa ya mismo con tal de llamar tu atención. Que leas en el diario " se incendio departamento en el barrio ". Claro, vos no leés el diario, pero alguien te lo va a hacer saber. O justo pasás por acá ves humo y frenás. A lo mejor queres verme hirbiendo. Lo lograste una vez más. Me quemé. Estoy con la sangre en la arena y es por vos. Te odio. Mentira. No puedo odiarte. Ya paso.

LA ANTINAVIDAD

Son las 22:50 del 24 de diciembre del 2010. Es nochebuena. Para los que no festejamos navidad puede ser que el día de hoy suela ser uno más de tantos. De hecho, hice lo que haría en cualquier día común de la semana. No organice ninguna cena, no me colé en ninguna reunión ni me preocupé por el asunto. Simplemente comí una rica comida casera en mi casa y a esperar el transcurso de la noche. Es rara la ciudad en estas fechas. Navidad en la calle sí se nota, por más que yo no sienta la fiesta. No es un fin de semana ni un día de madrugada en la semana. Hay olor a navidad. La gente tiene otras vibras y se nota. Algunos están más amables que en los caóticos días de verano en el cuál se matan para entrar a un subte o subirse a un bondi. Les dura poco igual.

A mí el 24 me marca que está terminando el año y me pone melanco. Si lo soy por naturaleza, se potencia. Hoy en varios momentos del día tuve lágrimas en los ojos. No supe bien por qué era. Tenía la necesidad de sentarme a escribir lo que me pasaba en varios momentos. Supongo que eran los tan queridos y odiados recuerdos. De pensar que el año se está terminando y hay ciertas cosas que todavía no cicatrizaron (o no terminaron). Nunca creí que iba a llegar a esta altura con esta necesidad. Retrocedería un año ya mismo. Si me darían a elegir un deseo, sería esa utópica ilusión de volver el tiempo atrás. Eso que tantas veces critiqué. No lo careteo. Daría lo que no tengo por volver al 24 de diciembre del 2009. Volver a esas risas y no tener vidriados los ojos.

Banco la antinavidad de estar tranquilo en mi casa, con un vaso de vino blanco y comiendo frutas. Si creyera en Papa Noél le pediría una sola cosa. Nada material. Le pediría amor. Amor del bueno, del sano, del que te enciende para vivir, del que te transmite buenas energías, del que funciona como motor en la vida. A veces siento que merezco que me lo regalen, por lo que hice, por lo que pelié, por lo que sufrí, por lo que lloré, por lo que viví. Sabemos que no hay reciprocidad de todo lo que hacemos, sino la vida sería muy fácil. Aunque tarde o tarde llegan los resultados de lo que uno hace. Capaz que no al corto plazo, en algún momento llega, de eso estoy seguro. Intento soñar con esa teoría. Igualmente como mi deseo es imposible de cumplir. Me quedó con uno sólo, que no lo digo para no quemarlo. Es el mismo que pido cuando pasa un tren o cuando cumplí años. Mantengo mi sueño intacto. De los deseos y de los sueños me ato. Voy a seguir peleaando, si hace falta hasta el 2020 para que se cumpla. Y citando al gran Cortazar, mi deseo tiene que ver con algo que el plasma tan hermosamente: " ven a dormir conmigo, no haremos el amor, el nos hará ".

miércoles, 22 de diciembre de 2010

NO SON ASUNTOS PENDIENTES

Sé que no nos vamos a ver. Sé que es todo parte de una mentira que uno se hace a si mismo para vivir con más esperanza. Una espranza totalmente dañada, que se acostumbró a una soledad permanente. No es mala la soledad, siempre y cuando vos no estés en el medio. Si conviviría con la soledad, pensando en que vos no existís, tendríamos otro vínculo. Creo que nos llevaríamos mejor, seríamos amigos. El solo hecho de saber que vos estás tan cerca me angustia, tanto en distancia como en sentimiento. No tengo problema que me tilden de depresivo por pensar en algo utópico, como volver a tu amor. Ese amor que generó tantas heridas. Pero hoy no quiero ver las heridas. Quiero quedarme con tus sonrisas, con tus olores, con vos. Estancarme por un instante en las cosas lindas. En como me tiembla la mano cuando veo tu nombre en cualquier red social. Mucho más cuando me hablas. Me transformó en un subdito de tu reinado. Soy un tipo que va hipnotizado por el hechizo de tus palabras. Te idealize tanto, que hasta me gusta como respondés en el msn, el color de tu letra o tus signos de exclamaciones. Será tu sencillez, tu locura o ser simplemente vos. Cuantos te habran dicho las cosas que yo te dije. Cuantos te dijeron lo hermosa que sos sin mentirte o solo para terminar con vos en una cama. Cuantos se habran encandilado por tus ojos radiantes. A mi no me importa el número, pero ninguno te necesito como yo. Porque funcionas como la terapia perfecta. Me curás el insomnio con el sólo hecho de saber que estás. Las noches se vuelven estresantes cuando en la cama no encontrás la posición exacta para dormir. Si bien vos no estás acá conmigo, estás en mi inconciente. En ese inconciente que vive de recuerdos. Que imagina volver a ir de la mano juntos. A ir de la mano. Es importante ir de la mano. Tendríamos que andar más de la mano en esta vida. Es el signo exacto de poder, del poder del amor. No hay nada que extrañe más que darte la mano y caminar, no importa dónde, sólo caminar. Volaba. Tocaba el cielo con las manos. No te lo negocio. Me estoy mintiendo una vez más. Me estoy pegando con el látigo. Suicidandome con palabras y filosfía barata. Cayendo a una pileta sin agua.

De pie, siempre de pie. No voy a cambiar. No voy a sacar mis sueños de la cabeza. Me vuelvo vulnerable ante cada frase tuya. Insisto. Aunque el tiempo diga no, yo insisito. No son asuntos pendientes para mí, espero que para vos sí.

sábado, 18 de diciembre de 2010

ALGÚN LUGAR ENCONTRARÉ

Decime que me odias. Decime que te olvidaste de mí. Decime que no soy absolutamente nada, pero cuando digo nada es nada en serio. No soy ni un extraño. Soy lo equivalente a un papel tirado en la calle. Mandame a la mierda. Decime que te reís de lo que escribo de vos. Decime que no te robo una lágrima. Sólo te tiras a la cama a reirte con la almohada de cómplice. Pienso que pensás que soy un loco, psicótico o un patético. Interpreto que no sabés ni un poco cuánto te extraño. Ni que haría todo por volver no a estar con vos toda la vida, sino una milésima de segundo. Se frontal, como siempre, y dejame llorando una vez más. Que esa tristeza sea la última. Que no haya otra. Que no haya posibilidad de un regreso. Se clara y precisa. Soy lo más patético que viste en tu vida y tenés unas ganas inmensas de decirmelo. Te pido encarecidamente que no lo dudes. Puede llegar a ser la forma para creer que no valés nada. No creo. Siempre termino creyendo que valés de alguna u otra forma. Busco la manera de mentirme a mi mismo para idealizarte un poquito más cada día.
Que te podría tratar como nadie. Que podría robarte no una sonrisa, varias, en un rato. Que me podría meter en la cama con vos hasta el fin del mundo. Cierro los ojos y se me viene tu figura. Tu sonrisa inolvidable. Tus rarezas hermosas. No hay otra forma más sutil para describirte: rara. Rara linda. Coqueta. Vos. Elegante. El andar de una modelo. Creersela, pero en el buen sentido de la palabra. Seguridad. Inseguridad sólo ante determinados temas. Tirame una piedra cuando pasas por mi casa, rompeme la puerta de entrada y poné en el papel "basta, no quiero que me escribas más nada, no entendés las cosas parece". Basta de llamarme así. Putiame. Traeme a toda la barrabrava y cagamé a trompadas. Dejame en terapia intensiva a causa de los golpes y con perdida de conocimiento. Vení hasta mi cama, y mientras duermo, clavame un cuchillo donde más te guste. Desangrame. Dejame morirme en tus brazos. Escupime si me cruzás algunas vez. Mirame y esquiva la mirada. Soñame como algo asqueroso. Lo más vomitivo que puedas soñar. Matá al sueño. Cambialo por alguien que te mueva en serio. Explicame que el amor es sufrir. Que la consigna con vos es siempre la misma: sufrir. Tratame de suceptible, obsesivo y freak. Una cachetada podría ser la solución. Bajame a tierra y poné las cosas en su lugar. Volvamos de cero. No te conocí. Vos no me conociste. Caminamos en el subte y no sabemos de nuestra existencia. Vos sos un ente que camina en la ciudad, al igual que cualquier transeunte de este caos cotidiano. Yo soy simplemente un nombre. Nunca te acostaste con alguién con mi nombre, cuando lo escuchás para vos es la nada misma. Nulo. Cagate en todo lo que te dije. Agarrá lo que te escribí y quemalo. Poné también alguna foto nuestra. No te olvides de ningún detalle. Que sea una tarea limpia. Sacá la basura. Llamame y decime que soy el ser más despreciable que conociste. Un insoportable. Un adicto a tu belleza. Mentime. Sostené la falsedad de que cambiaste y que ya no sos simple. Ahora no te gusta más estar tirada en el pasto, tomar una cerveza un día de calor ni disfrutar la vida. Enseñame que vos me generes lo mismo. Rompeme el corazón más todavía, diciendome que estás de novia. Que encontraste tu otra mitad. Incluso te vas a recorrer el mundo con él. Clavame una puñalada con palabras. No actués. Pronuncia una sarta de cosas que nunca pasaron para hacerme entender que es un no. Leeme. Escribí para mí una carta que diga lo que para vos es el amor. Sorprendeme. Mostrate. Entregate al placer de la paz mental. Vomita tu realidad, tu sensibilidad, tu necesidad. No te ocultes en tu cuerpo perfecto. Jugá con el corazón. Escuchá una canción que te haga llorar y selecciona las partes que no aguantaste el dolor. Haceme entender que vos también sufrís. Que no te gusta dominar. Ni siquiera tenés la capacidad para hacerlo. Busca en el placard algo que signifique para vos amar a alguien. Hacemelo llegar de alguna manera.

Antes de subirte a un avión, mira a tus alrededores, cerrá los ojos y en un instante, acordaté de todo lo que hice por vos. Cuando los vuelvas a abrir, seguí caminando y subite pensando que es el último viaje de tu vida. Vivila. Disfrutala. Suma experiencia. Conocé otras culturas. Intentalo. Convencete. Usa tu cabeza. Habla. Camina. Que te agarre melancolía, entre el alchol y los excesos. Acostate con alguien del cual no disfrutes. Malas anécdotas. Sentate con tus recuerdos mientras te fumás un pucho. Un solo segundo acordate de nuestras risas continuadas, de nuestra tranquiliad, de nuestros abrazos, de nuestros silencios y de nuestra química. Cerra la puerta, apaga la luz y volvé a realajarte.

Hagas lo que hagas, digas lo que digas y sientas lo que sientas, nunca, pero nunca vas a ser un recuerdito.

No tengo a donde ir.

Sabés donde encontrarme.

En algun lugar, te espero.

Anotalo en tu libro de viaje.

jueves, 16 de diciembre de 2010

VENCEDORES VENCIDOS

Los recuerdos se hacen de mujeres perdidas. Cuando uno escribe sobre determinada mujer, sea a través de distintas alternativas artísticas, lo hace cuando ya no tiene a esa mina al lado. Hay casos que sí las tienen y digamos que se encuadra la fígura de la felicidad a la perfección. Por lo general no salen buenas cosas, salvo que quien las escriba sea alguien dotado de poesía exacta. De esas poesías que dan ganas de compartir ese momento de risas absolutas con el autor. Creo que al escribirle al amor perdido le da otro gustito. Más allá de ser una forma de canalizar las penas, salen cosas más reales y muestra que un hombre también sufre por amor. El rótulo que pone la sociedad de que es la mujer la única que sufre, es algo realmente falso. Los pibes también lloramos y sufrimos. Nos rompen el corazon. Al principio nos escudamos con lo más fácil, lo que más tenemos a mano, "y si, es una puta de mierda". Es la salida más simple. Por dentro sabés que es mentira. Cuando analizás en profundidad todo lo que pasó, te das cuenta que no es así y escribiendo te das cuenta de ese contraste. Al principio es una puta, que te dejo para garcharse a cualquier otro que no seas vos y que no le interesás más porque se quiere acostar cada fin de semana con uno distinto. No. Te cortan porque nos les cabes más, pueden querer garchar con otro, pero no es sólo ese factor. Porque si compartís un sexo único, y los dos lo saben, hay otras aristas que hacen que no se siga con la relación si por el lado sexual viene todo barbaro. Llámese rutina, compromiso, libertad, cansancio o el nombre que sea. El sexo puede ser un nexo tajante en el vínculo, elemental para la convivencia. Pero aún con ese sexo fantástico, las cosas pueden terminar. Ahí, en esa evolución de escritos que planteaba antes, la mina pasa de ser la más puta a que sea la más hermosa del universo, la idealizas y pensás que nunca vas a conseguir otra igual que ella. Después, vuelve a ser una puta, después es la mejor y así sucesivamente. Es un ida y vuelta que también depende del estado de ánimo de uno. Si estás en una racha de no estar con nadie, pensás que la otra sí lo está y la odias un poquito. Si estás tranquilo, puede que consideres que al final era buena, que la querés y le deseas lo mejor en su vida. Caminas en la cornisa todo el tiempo.

Lo que sí me da vuelta en la cabeza estos días es cómo reaccionaría una mina a la cuál le dedicas ciertas palabras con dosis elevada de romanticismo, sin llegar a ser cursi pero ocasianando que tu gente lea lo que escribiste y digan cosas como "se me puso la piel de gallina", "me sentí identificado", "lloré con tal parte". La gente con la cual lo compartís o lo mostrás, la siente como vos, sufre a la par y se sienten tocado con esa angustia a flor de piel. Ahora, a la destinataria, ¿qué se le cruza por la cabeza?: ¿se caga de risa?, ¿se ríe de lo pelotudo que sos por dedicarle algo a ella?, ¿le muestra a sus amigas lo que escribste en una previa mientras se emborracha para humillarte adelante de todas?, ¿lo leé para subirse el atuestima?, ¿se creé capaz de hacer lo mismo con sus próximos hombres?. Puedo plantear interrogantes toda la noche y no voy a encontrar la respuesta indicada. Depende de la persona y de sus caraceterísticas. La mina que se lo toma mal está en su derecho y la mina que piensa que el flaco dejó todo en la cancha, puede darle otra oportunidad. Los amores no están perdidos. A mí, me gusta pensar así. Uno puede pelear una y mil veces para recuperar lo que perdió. Se puede chocar contra una pared y rebotar hasta el casillero cero. Tiempo después, intentás seguir avanzando. Y en algún momento te quedás donde estás. No por falta de actitud, sino por saber la respuesta. Por una lucha en vano, que fue una lucha porque te derrotaron de pie.

Si me pongo a leer a una mina que escribe sobre amores perdidos, me emociono. Pienso que si estaría en el lugar del flaco, le daría una chance. Ahora, me pongo en el lugar del que dejó, y también me pica el bichito de entender que se terminó. Ya fue. Es una contradicción permanente. Así y todo, reconozco que espero devoluciones que nunca serán devueltas por ciertas musas. Que espero rozar la neurona del amor y llegar al corazón. Y sobre todo, espero que en los bolsillos de mis pantalones siga habiendo papeles escritos dedicados a mujeres perdidas.

martes, 14 de diciembre de 2010

CONVERSACIÓN TELEFÓNICA

HOMBRE: Hola, como estás?

MUJER: Bien, vos? me sorprende tu llamado. Me parece que fui muy clara hace un tiempo!

HOMBRE: Ya sé, pero te llamo por una sola razón

M: Qué paso ahora? No tenemos muchos para hablar, te dije que lo nuestro paso a ser historia hace mucho tiempo.

H: Lo sé. Te llamo porque tengo un problema

M: Y qué problema tenés ahora?

H: Mira, en mi celular me figuras entre mis dos mejores amigos y cada vez que tengo que llamarlos, paso por tu nombre. Lo veo y me dan ganas de llamarte.

M: Vos me estás cargando no?

H: No, te juro que es verdad. Todos los días, sea cuando mensajeo a uno u a otro veo ahí tu nombre. Y pienso que te llamaba todos los días, me pone meláncolico.

M: Y si te pasan esas cosas, lo mejor es borrarme definitivamente.

H: Pero no puedo, te juro que no puedo. Intenté y sin embargo te vuelvo a agregar. Además una vez conocí a otra mina con tu nombre y te remplaze por ella. Pero dure un par de salidas y volviste a tu trono. Por unos días te tenía con tu nombre y apellido. Era fuerte esa sensación!!. Es raro tener a la persona que amabas con el nombre y apellido!. No parecías mi ex novia, parecías una compañera de trabajo o una conocida de esas que no hablas nunca!

M: Estás más loco de lo que creí. Paso mucho tiempo ya, no entiendo donde guardas tu inteligencia. No pienso que seas un pelotudo, pero si un psicótico obsesivo. Y empiezo a tener miedo. Qué más vas a hacer?

H: No pasa por estar loco. A vos te parecen locos todas las personas que pelean por amor. A veces siento que no merecías recibir tanto afecto de mi parte. Te tendría que haber mandado a la mierda!

M: Capaz hubiese sido más sano

H: Te encanta!

M: Qué me encanta?

H: Que te llame, que te diga estas cosas, que te suba tu autoestima, histeriquearme, decirme que vamos a coger y después te arrepentís. Sabés que te encanta.

M: No, vos estás mal en serio!. Siempre me trataste como la mala de la película. Para vos ultimamente pasé a ser la putita. La que se garcha a cualquier flaco que camina por la calle.

H: Te lo habras ganado. Tus acciones te definen. Igual no pienso eso. Siempre te dije cosas hermosas y te las seguiría diciendo inclusive ahora.

M: Tus contradicciones son alarmantes. Soy una puta, pero estás enamorada de mí segun vos. Soy la mierda más grande del universo y sin embargo insistís en estar conmigo. Por eso creo que sos un neurótico de mierda!!

H: Ni siquiera sabés la diferencia entre neuròtico y psicótico. No sé que te ví.

M: Tengo otras cosas...

H: Sí, chupas muy bien la pija y sos una ninfomana. Esas sos tus cosas como decís vos!.

M: A vos te encantaría que te lo haga. Ni en tus sueños. Bah, en tus sueños te debe pasar, no?

H: Obvio que me pasa. Igualmente yo te cogí como nadie. Y eso no me lo podes negar!

M: Uh, no sabía estaba hablando con el cogedor de América. Aplausos señores y señoras para el tipo que mejor garcha en la vida.

H: No pidas apalusos, no hacen falta. Es parte de tu negatividad!

M: Claro, cuando te corté me dijiste "amo lo positivo que sos, la onda que le pones a la vida, eso me voy a llevar de vos". Y ahora soy una negativa. Por favor, andaté a leer uno de tus libritos de mierda!

H: Eso te hace falta a vos, leer un poco más. Ver menos esas series pedorras y agarrar un libro de Cortazar. Sé que te cuesta y todo lo que no te coja no te gusta. Dale una oportunidad!

M: Si pensaste durante más de un año que no estaba a tu altura intelectual, no hubieses seguido conmigo. Veo que mucha lectura pero al final no te sirve para nada!

H: Me sirve para hacer lo que estoy haciendo...

M: Para hacer lo que estas haciendo no hace falta leer Borgés!

H: Veo que progresaste, sabés quien es Borges. Ahora te falta agarrar algún libro de él.

M: No, pero te cuento algo. Estoy leyendo uno de Sábato.

H: No me jodás. Cagamé a putiadas pero no me digás eso, no me mientas. Me lastima más saber que ahora estás en esa faceta.

M: Es que vos crees que después de coger, cerraba los ojos y dormía. Y yo escuchaba lo que me decías: de tus libros preferidos, de esas frases o de esos personajes.

H: Tenés las armas para que siempre caiga en tus garrás eh!

M: no sólo eso, sino que ahora estoy por ver una película de Tarantino. Esta semana ya me ví dos. Estoy fasinada!

H: Basta, por favor, basta!

M; Sí, no sólo eso. Además me estoy comprando un par de revistas de cine desde que cortamos!

H: estoy llorando, lo lograste una vez más. Espero que estés contenta.

M: yo no estoy contenta. De hecho, estoy bastante triste!

H: Y por qué estás triste?

M: Porque no conseguí entradas para ir a ver una obra de teatro que termina el viernes!

H: Ya es mucho para mí. Ahora te gusta el teatro!

M: agarré lo mejor de vos. No cambié mi forma de ser. Pero me estoy intelectualizando un poco. Sé que a vos te molestaba que no pueda hablar con vos de ciertas cosas que te apasionaban!

H: Y por qué lo hacés ahora, cuando no somos nada de nada. A mi igualmente me gustás igual, de cualquier manera y en cualquier faceta.

M: aprendés. Vos aprendiste a bastardiarme, a que yo me transforme en la protagonista de tus historias y tengás esa mezcla de amor y odio todo el tiempo.

H: Vos como sabés esas cosas?

M: Todos nos conocemos. Y más, yo a vos. Igualmente dejame decirte que me encanta como escribís. Me hubiese gustado que me escribas algo lindo cuando estabamos juntos!

H: no sé escribir estando contento. Con vos eras feliz. Nunca me podría haber sentado a escribirte algo lindo. Escribo sólo cuando estoy con una herida sin cerrar!

M: entonces, para algo sirvió que te haya cortado. Pudiste sacar los sentimientos y trasformarlos en cosas lindas!

H: Digamos que sí. Siempre me gustó escribir. Pero este año fue intenso, aumenté mi capacidad poetica. Aunque soy un poeta frustrado.

M: a vos te parece que escribis mal? Para mi es hermoso todo lo que escribis, me robaste alguna que otra lágrima. Y a mi me cuesta eso.

H: No me digás estás cosas. Me quedo con el punto final que pusiste la última vez que hablamos.

M: No tengo intenciones de volver con vos, la verdad no te voy a mentir. No se me cruza por la cabeza. No te extraño, pero siempre que paso por la puerta de tu casa miró para ver si salís.

H: Algo me extrañas entonces

M: No, es por inercia!

H: Seguís siendo un sorete!

M: Y vos un nuerótico o psicótico de mierda. Como prefieras, chico intelectual...

H: Vamos a garchar?

M: Dale. Me pasas a buscar?

H: Sí.

M: Al telo de siempre?

H: Sí.

M: Perfecto, venite en veinte!

H: Buenisímo

M: Beso!

H: Beso, nos vemos en un rato!

domingo, 12 de diciembre de 2010

NO QUIERO VERTE LLOVER

La lluvia cae en la ciudad. Que linda que es. No importa el horario. Ni siquiera saber que son casi las siete de la mañana y nunca me enteré. No miré el reloj en toda la noche, salvo recién. No es señal de una buena noche sino de una noche de excesos. Amo los excesos, claro que los amo. Me distraen, me despejan, me alejan de una realidad que no quiero ver. A veces pienso que me encantaría vivir bajo los efectos de los excesos. Pero sería todo muy poco sano. A decir verdad, no sé que es sano y que no es sano. Porque estando pasado rindo más. Soy capaz de analizar los últimos tres años de una rubia que cualquier pibe se quiere garchar y que llamativamente nadie le manda mensaje para terminar la noche con ella. Puedo ser su psicólogo en una escalera de un salón de esos que están de moda en los edificios glamorosos. Es la falta de confiaza como me decía ella. Creen que porque tiene un nombre en el ambito que se mueve y está buena tiene dueño. Y sin embargo no. Está charlando conmigo, borracha y esperando de un chongo que se la garche como debe ser. No entendí como una mina tan linda puede estar sola un sábado a las seis de la mañana. Ella me lo dejó en claro, la ven como una novia y se le asustan. Es el problema de las rubias, asustan a la gente. A mi no me asustan, a mi no me gustan, nunca me gustaron, siempre me gustaron las morochas. Las rubias suelen ser llamativas y las catalogan de tontas o huecas. No digo que todas, de hecho conocí varias que tenían personalidad y carisma. Sabían llevar su cabellera. Otras no. Mis experiencias personales fueron gratificantes con ese estilo. No idealizo a las rubias. Aunque tengo la teoría que hay dos estilos: las que son modelitos para enamorarse y las que tiran a ser vedettes, más putitas. Las modelitos suelen ser muy tontas en teoría. Las vedettes capaz se llevan el mundo por delante. Son mujeres todas, son lindas de todas formas che!. A mi me siguen gustando las morochas, por más que alguna que otra vez ese rubio pelo me transfromó en artifice de hermosos textos. Ya no. No me gasto.

Escuchar a un taxista que te dice "que buena mina te acabas de coger" no está copado. No me garché ninguna mina hoy. A ver si me entendés flaco, es una mina que acompañé a la casa porque me estaba cagando de frio y me estaba por agarrar una lipotermia. No me cogí a esa mina, estaba en la misma fiesta y había que irse de ahi. Para hacer más rapido y no tener que esperar otro taxi, la acompañe a la casa y de paso, que se sienta más protegida. Igualmente no le iba a pasar nada. Ya no lo hago ni de caballero. Lo hice por mi salud, porque seguramente cuando me levante en un rato, con cuarenta grados de fiebre no va estar copado. Es el resultado de aprovechar que en la fiesta de la colectividad nadie toma. Todos hacen que toman para hacerse los caretas. Toman un vasito de vino o de fernet y se emborrachan. A mi me viene barbaro porque me tomo todo lo que dejan. Termino mal. Pero termino contento. Contento de que las palabras me fluyan solas. Como que lo que escribo ahora. Me salen sin pensar. No tengo ni que pensar un tema para hablar. Es fácil. Sigan sin tomar nada muchachos, que aprovecho y me emborracho por ustedes. Cuando estoy borracho un sábado se me cruzan diversas situaciones. Esperar que alguien te mande un mensaje de texto que nunca llega. En su caso, perdes la noción del tiempo y buscás alguien para terminar tapado. Más cuando salís a la calle y te encontrás con esa lluvia hermosa como para acostarte con alguien. Cómo para levantarte el domingo con otra cara. Seguro que va a salir el sol en un rato, a mí me chupa un huevo. Total, me levanto tarde y sólo. Me preparo una pasta y se van todas a la reconcha de su madre. Ahora piensan que escribo todo el día y a toda hora. "Che, escribite sobre esto", me tirá una mina que recien conozco pero se entera que escribí un libro. Se creen que me la paso escribiendo. Ojala pudiera, pero no. No se dan cuenta que hay que estar inspirado. Que no todo se escribe así nomas. No tengo esa facilidad. Temás para escribir hay muchos, momentos de inspiración pocos. Más cuando me estoy cagando de hambre y lo único que tengo en la heladera es un poquito de arroz del mediodía. Ah, y ese queso de rallar sin rallar riquísimo que me sirve para tener el estómago un poco mas lleno. En verdad me encantaría estar comiendo una hamburguesa recontra condimentada de Mc Donalds, si es doble mejor. Tengo que conformarme con intentar llenarme con un poquito de queso. La puta madre que lo re mil pario. Demasiado que no hice detalles en ciertos momentos de la noche. Cuando el vino paso a ser agua. Y el agua paso a ser vino. Cuando el mundo dio vueltas. Cuando de repente el ruido de la lluvia en el techo de mi pieza dejó de sonar. Cuando estoy escuchando una crítica de teatro a estas horas de la mañana. No es denigrante. Ya no sueño con esperar a una persona incorrecta en la puerta de la casa. Ni siquiera paso por la casa a ponerme melancólico. Y eso que hay una lluvia hermosa para deprimirse. No, ahora estoy mejor. Comparto. Compartir, de eso se trata el asunto, de compartir sentimientos y pasiones. De empezar a creeer un poco más en como es uno. De seguir sumando experiencia. De no sentirse menos que nadie. Esa persona que antes esperaba estará garchando hermosamente con un flaco que lo único que tiene en la cabeza es mierda. Que lo único que le importa es qué auto se comprará mañana. Yo sigo con la mía, sigo sintiendome más que eso. Sigo dandome cuenta que me gusta más entrar a una librería que a un negocio de ropa. Que valoro más un buen libro que un autito.

Que lindo es acostarse de día. Que lindo es saber que te vas a la puta madre que te pario.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

CLÁSICA Y MODERNA

Si hay algo que odio con todo mi corazón es la falta de renovación o de planes a la hora de salir con alguien. No existe nada más odioso que la rutina. Terminar por inercia en una cama mirando una película que no tenés ganas que ver, y así lograr que el tiempo pase más rápido. No está mal ver una película, pero cuando ese es el plan principal de la noche sin otros condimentos, la noche es aburrida. Solo querés que termine, garchar e irte a dormir. Terrible. Para mí, la salida de la película puede ser al final de la noche, cuando ya te emborrachaste, fuiste al cine, al teatro o viste alguna bandita en algun tugurio de la ciudad. Esa es la idea: innovar. Con todo lo que significa esa palabra. Innovar las salidas, renoverase pero sin hablarlo. Que sea algo explícito, si hoy pinta una cena, que sea cena entonces. Y así con cualquier plan que aparezca en la mente. La idea es no estancarse, no perder la magia y las energías. Es el principio del fin. Cuando el plan es ver la película y nada mas, es que está todo podrido. Hay que cambiar a tiempo, porque sino cambias a tiempo arrancan los problemas, aunque esten de antes, estallan. No entiendo a esas parejas que no aprovechan el fin de semana (o la semana misma) para disfrutar de la compañía del otro con algo interesante para hacer. La ciudad ofrece demasiadas cosas, cada fin de semana se puede ir cambiando la salida. El que no lo hace es porque no quiere. No existe que no hay nada para hacer. Estas cayendo en la rutina. Supongo que por eso me gustan las minas con personalidad, ellas imploran que uno este en los detalles. A mi los detalles me encantan, hacen a la felicidad. Por eso me llevo bien con ellas. Los dos sabemos a donde apuntamos. Es solo una mirada, un gesto, una sorpresa. Es la noche perfecta. O acercarse un poco más a esa noche. No me conformo con la rutina. En mi diccionario no está definida. Si lo llega a estar, empiezo a preocuparme. Por eso, yo te prefiero así, clásica y moderna.

lunes, 6 de diciembre de 2010

FILOSOFÍA BARATA

No hay inspiración hace rato. Es como que no encuentro temas interesantes para postear. O los que encuentro los veo repetitivos y aburridos. A veces son ráfagas que me aparecen en un momento, que me digo a mi mismo "este tema estaría bueno". Cuando me siento a escribir en la computadora, no sé por donde empezar. No hay una musa específica a la cual defenestrar o idealizar. Si la hay, es preferible mantenerla escondida. Es una cuestión de respeto. Como que esa palabra está tomando más valor. El respeto a mi mismo, a quererme a mi mismo mejor dicho. A no mostrar las miserias. Es la etapa de erradicar penas, de que cada vez estén más lejos. Aunque tengo que admitir que de vez en cuando caigo en la melancolía de la noche. No puedo escribir de día todavía. Sigo en las penumbras buscando ese momento de sacar todo de adentro. Cuando ya leí un libro, cuando ya comí el postre y solo me queda apoyar la cabeza en la almohada. Es ahí, el momento de intentar conciliar el sueño que surjen las mejores ideas. Que te cae el día de golpe. Que la musa inspiradora que no asoma en el día asoma por un rato, como a querer molestar por entrar en mi mente. Robandome los pensamientos y las buenas energías que uno intenta retener. Será ese silencio caótico, ese aire acondicianado viejo que larga un frío que me hace tapar hasta el cuello o esa película que engancho en el zapping televisivo. Será ya no una necesidad, sino una forma de ser. La soledad en su estado más puro, la cama vacía y esperando a aquella persona que nunca va a llegar. Con el utópico sueño intacto de encontrar a otra persona que sepa valorar el esfuerzo y la vocación del poeta frustrado. Esas ganas de buscar la felicidad, de escribir derroches de risas y carcajadas. De esperanzas futuras, lleno de amor. Porque la teoría de que si el amor se cae todo alrededor se cae, se hace cada vez más fuerte. La caída del amor genera el estado de cursiada más significante del ser humano. Saca sus pasiones ocultas, las no ocultas y las quiere compartir con la sociedad. Una sociedad que idealiza una forma de vida y una rutina. La rutina odiada del trabajo, de la facultad y de los parciales violentos. Cuando nos violentamos tenemos motivos, no es así porque sí. Nos da resentimiento cuando nos dejan, cuando perdemos algo que queremos y luchamos hasta el final para recuperarlo. Esa pelea no da sus ganancias y no queda otra que resignarse. Sin antes decir, una sarta de palabras nostálgicas que esa persona que queremos que la lea, no la lee. Que a esa persona le chupa tres carajos si nos estamos muriendo de amor. Porque no conoce el amor o porque piensa que el amor es algo complejo que lo único que trae son problemas. Pensando que el sexo sin amor es por lo único que uno tiene que pelear. Llegar a ese orgasmo ganador para irse a dormir más tranquila. Sin importar recibir ese abrazo y ese beso que es mucho más fuerte que ponerse en cuatro y que te penetren con tanta fuerza que el goce ya no es goce sino sufrimiento. Pero que te gusté tanto ese sufrimiento porque es la forma de canalizar asperesas. La vida no es que te cojan bien, es que te cojan con amor. Con amor sexual, no deja de ser sexo, pero mezclado con esa dosis exacta de suspiros. De saber que estás tranquilo que diste todo, que no sólo te importaba acabar en esas tetas e irte dormir. Sino que acabar en esas tetas tiene un significado metáforico que pocos saben. Es tener la llave de la felicidad interna. El conflicto pasa cuando la persona se transforma en un par de tetas que camina o en un culo. No, ese es el error. No ver a la persona completa. Mataté ejercitando el cuerpo para ponerte las polleras cortas y mostrar tus piernas. Después cuando te mostrás como sos en realidad, el valor intelectual se reduce cuánto más aumenta la firmeza de tus tetas. Pasa a ser nulo. Pasas a no tener cabeza. A ser un ente que camina por la sola inercia de las piernas. Sentandote en una mesa, tomando una cerveza y sabiendo que lo único que aprendiste en la vida, es que en la cama hay que ser puta. Feísimo. Esta bueno ser una puta en la cama, pero una dama en la mesa. No hay nada peor de que sólo quieran acabar con vos y pedirte el remise porque no te soportan más. Se puede cambiar. Es cuestión de amar sin complejos, es cuestión de ser asquerosamente cursi, es cuestión de sacarse la mierde de encima.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

ESA ESTRELLA ERA MI LUJO

Hace un tiempo había ido a un telo con una mina en un estado de borrachera importante. Ya entramos ríendonos, pero veníamos así hacía dos cuadras, donde frenabamos cada tanto a matarnos contra una pared. Habíamos chupado en gran cantidad aprovechando que ninguno estaba con el auto. La situación era una mezcla de risas y franeleo caliente. Pagué la habitación y fuimos al ascensor. Mientras lo esperabamos, veo que la cara de ella se transforma. Y que saluda al pibe que estaba pagando atras mío y que se estaba acercando con una mina al ascensor donde estabamos nosotros. Me preocupé e imaginé enseguida que era algún flaco que ella se había curtido. No me gustó la situación y sentí que la borrachera se me había ido. Los celos otra vez, no puede ser.

Como la capacidad máxima del ascensor era de tres personas y eramos cuatro, dos tenían que esperar. Claramente todos juntos no ibamos a subir, aunque sentí que el flaco se garcho a mi mina con la mirada, mientras que yo no tengo registro de su mina. El pibe nos dejó subir a nosotros. No creo que por caballerosidad sino por verguenza. Cerramos la puerta del ascensor y ella se empezó a reír, se tiró al suelo incluso, nunca la había visto así en meses. A mi no me causaba mucha gracia lo que pasaba y no iba a pedir explicaciones. Pero esas carcajadas tenían algún motivo. No me quería contar hasta llegar a la habitación y tuve miedo de la respuesta que me iba a dar. Abrimos la puerta del cuarto y entre besos calientes no dejé que el asuntito siga. No sé porque me mambie tanto con lo que había pasado. Le dije que necesitaba saber quién era el pibe de abajo. De nuevo, ella estalló en risas y mientras acariciaba mi cara, me comentó que era un flaco que se había garchado a una de sus mejores amigas. Y que parece ser que al pibe las cosas en la cama no le iban muy bien. Al principio, no le creí mucho. Pensé que era una excusa para esquivar el verdadero motivo. Que en verdad el flaco se la había movido a ella y no me lo quería contar. Al toque, me di cuenta que ella podía tener muchos defectos, pero sincera era. No hay dudas.

Seguimos nuestra aventura sexual por un rato. Y después del primer intervalo del acto empezamos hablar del tema de los telos. De cuantos conociamos, de cuales eran lindos y cuantos se parecían a Iraq. Ya habíamos ido a varios juntos, por eso el tema se hizo fácil de hablar, más alla de la confianza que nos unía. Si bien ya veníamos estando hace rato, le blanquié que conocía bastantes pero que no era el lugar donde más me siento comodo. Ella sobró la situación y me dijo que se dio cuenta. En mi cama me veía más suelto. Como que yo tenía dos formas de garchar, una mas relajada en mi cuarto y otra más brusca en un telo. No entendí por qué, pero tenía razón. Ella lo describió bien: "tu cuarto es un reflejo tuyo, es tranquilidad, es un sexo más de novios, en el telo somo más amantes y capas nos volvemos más guarros los dos, igual es lo que mejor hacemos, disfruto al máximo de las dos maneras". A ella le empezó a comer la cabeza su forma de garchar. No tenía inteción de agrandarla, de subirle el ego, pero era la mejor, no había dudas. Me hice el pelotudo y no se lo dije. Le remarqué que ella en mi cama se comportaba como mi novia, sin perder su toque característico. En un telo era una hembra que parecía que venía de una abstinencia de años. Se puso seria y me dió la razón. El telo, al fin y al cabo nos transformaba a los dos. Era más guerra. La cama era un ring de boxeo.

Se sacó la tanga y se subió arriba mío, como para corroborar mis dichos. Obvio que no me negué. Era verdad, en la cama de un telo las hormonas estaban al rojo vivo. Lo que sigue no se puede contar, es pura imaginación. Lo único que puedo decir es que esa estrella era mi lujo.

viernes, 26 de noviembre de 2010

EL POLVITO DEL AMOR

Cuando uno extraña a una persona la hace aparecer en conversaciones en las cuales no tiene nada que ver. Ponele, estás hablando con un amigo de un gol de Messi y tirás de repente "me acuerdo la final de la copa intercontinental del 2009, no pude ver el partido porque estaba con Fulanita y fuimos a tal lado". Nada que ver. Involucramos a esa persona en un contexto que no le pertenece. Porque tenemos ganas de nombrarla y punto. O porque nos queremos lastimar un poco en base a los recuerdos. Para mí hay que diferenciar entre el recuerdo porque sí y el recuerdo en serio. Mis ultimos tres viernes me hicieron maquinar con respecto a mi situación del año pasado. Si bien es verdad que hago aparecer a esa persona en muchísimos momentos que no debería hacerlo, estoy convencido que el recuerdo de los viernes es válido. Las razones son claras: era saber lo que hacía a la noche, estar tranquilo y despertarme con ella. No niego que el hecho de estar con amigos tomando unos fernets o unas birras no sea gratificante. Hablo de estar con esa persona, estar inmune a la nostalgia. No sólo garchar, va más alla de eso. Tampoco el necesitar a esa persona porque estás mal. Es otra cosa: la rutina sana, la de que llega el viernes y salimos a tomar algo, al cine y terminar tirados en la cama acurrucados. Esas cosas son impagables y únicas. No sé porque motivo me agarro esto los últimos viernes. No me paso hace ocho meses, me pasa ahora. Cuando la persona ya tiene menos espacio en la mente. Cuando capaz ya no la nombro porque si. Aparece en el momento que vuelvo de salir, paso por la puerta de la casa y me mambeo. Es el momento que voy a prender el aire intentando aliviar el calor y me voy a tapar sin ella. Es el momento que te levantás el sábado sin su compañía. Es el momento que querés volver a esos momentos. No es una tristeza, es un vacío. Ya no es volver el tiempo atrás utopicamente. Es querer vivir el presente de otra manera. Seguramente a lo largo de estos meses, muchos viernes otras personas ocuparon su lugar. No hay que confundir ocupar con remplazar. Ocupar es fácil. Remplazar es imposible. No hay persona física que pueda ocupar su lugar.

A la mañana me levanté con un sueño horrible de que esa persona irremplazable estaba con otro flaco. Fue fuerte la situación. Un sueño cruel que puede ser verdad. Si lo es, mejor no enterarse. Hoy, ya en la madrugada del sábado, no me voy a dormir triste. Pero sí con la necesidad de necesitar de ese polvo. Que es más que un polvo. Es el polvito del amor.

lunes, 22 de noviembre de 2010

CARTAS SIN MARCAR

Corría febrero de este año y estaba atravesando un momento de incertidumbre. La persona con la cual venía teniendo una relacion hermosa se había ido de viaje y me había planteado la idea de no seguir juntos cuando ella volvía de sus vacaciones. No era un corte pero tampoco era un te quiero. Era incertidumbre. No hay palabra más sencilla para describir ese momento. En medio de ese caos mental pasaron cosas, desde un viaje a Uruguay hasta unos días en Capital padeciendo la ausencia de quién consideraba la persona que me hacía más feliz en este planeta. Ella me había planteado que no quería ni mails ni llamados ni ningún contacto durante ese mes y pico que se iba. A mí la idea no me copó en lo absoluto. Pero como siempre, termine respetandola, como siempre, como siempre, como siempre. Comerse las paredes, maquinar sobre lo que va a pasar una vez que llegue de su viaje y no poder disfrutar del todo mis merecidas vacaciones no son sítnomas para nada agradables. Claro, es la reciprocidad. Uno se quema la cabeza en la persona que extraña y ama. La otra persona no pasa por lo mismo, se le habra cruzado mi imágen alguna que otra vez y seguía en su mundo. Contraste. En ese estado tenía que salir a curtir la vida. Como buen masoquista que soy, el día anterior a que ella vuelva y me de o no una respuesta a nuestro futuro, me alquilé dos películas de esas tontas romanticonas. La primera era La Cruda Verdad y la segunda La novia de mi mejor amigo. Típicas historias que por momentos te hacen reír y por momentos, si estas débil te hacen piantar una lágrima. No creo que hayan sido las películas, fue una suma de cosas, una angustia acomulada diría. Me acuerdo exactamente que apenas terminó la última de las películas me puse a llorar como un nene. En todo ese mes y pico no había tenido la oportunidad de descargarme de esa forma. Me guardaba todo por dentro, como una especie de miedo a largar todo lo que me pasaba. Detoné. Al otro día venía ella y no sabía que mierda iba a pasar.
Hoy tuve una sensación parecida a la de ese día. Me alquilé una película acorde al día. Esas que para el feriado no fallan: Cartas a Julieta. Desde el primer momento sabía que me estaba sometiendo a una especie de bombas molotov en mi cuarto del cual ya no tenía salida. Soy muy maricón con esas cosas. Me ponen nostálgico y me voy acordando de mis vivencias sentimentales. Sumado a que la protagonista tenía unos razgos físicos similares a la de la persona que se me venía a la mente, el coctel no era recomendable para la salud. Como me había pasado en febrero, apenas terminó la peli, puse la cara en mi almohada y lloré. No tanto como en febrero, pero sí con las mismas ganas. Me sequé las lágrimas y me sentí un pelotudo. Si bien hay otras cosas que pasaron en todos estos meses, lloré un poco por esa misma persona. Inmediatamente me acordé de una parte de la peli que decía algo así como que el amor te da revancha y el destino siempre tiene un as bajo la manga. Ya no me creo mucho esas cursiadas. Pero me encantan y me hacen un poquito más soñador. Es un poco lo que hablaba con Jenn la semana pasada: si no hubiese echo todo lo que hice, capaz hoy estaría con la persona que me gustaría estar. Es por esa sensación que mientras uno más lucha y más se la juega por el otro, menos resultados positivos tiene. En cambio, quieto y comiendote el dolor por dentro, los resultados favorables llegan. Es una mierda esa teoría, sin embargo funciona en la mayoría de los casos. No me arrepiento de haber perdido con la mía. De jugar mi juego, de mostrarme como soy, de haber sacado a la luz todo lo que pasé, de mostrarme tal cual soy y de seguir pidiendo utópicas oportunidades. Si así trabaja mi cabeza, así se mueve mi cuerpo. No hay resistencia. No la hubo. Valorar mi juego es algo que no supieron hacer. Está la conciencia tranquila que uno dejó todo en la cancha. A mi me siguen gustando los finales felices. La vida no es una película, por eso termino escribiendo mi propio guión. Y ni siquiera así, le doy el final que me gustaría que tenga. El final de mi historia es sabido, no hay retorno, es la victoria del No. Está escrito.

domingo, 21 de noviembre de 2010

EL NIDO VACÍO

Cuando los hijos se van de la casa de sus padres suele aparecer el síntoma de "el nido vacío". Para ser más simple, los padres comienzan a sentir esa abstinencia paternal y se focalizan más en su relación que en lo qué les pasa a los hijos. Ya no tienen que preocuparse por la educación de sus crios o por cumplir ciertas obligaciones básicas. Ya los nenes crecieron y no los necesitan como antes. No es más compartir una cena todos los días o saber la agenda al pie del cañón. Las cosas cambian y empiezan a salir a la luz algunas internas de la pareja. Tienen más tiempo en preocuparse en sus problemas. En mi opinión, el síntoma arranca un poco antes, cuando los hijos ya están más grandes y les dan menos bola a los viejos, por más que vivan todos juntos todavía. Son esas ganas de independizarse sin estar independizado por completo. Es valorar más una noche de cervezas con amigos que una charla con los viejos que deriba en el futuro y otras formalidades. Es ahí cuando comienza el primer eslabón del nido. Cuando empiezan a matarse entre ellos porque los hijos ya no necesitan que les expliquen como hay que manejarse. Siempre necesitamos de los padres, eso seguro. Pero de otra forma, sin tantas indicaciones y en ciertos momentos oportunos. Sin sofocaciones ni sermones.
Todo este tema lo vengo pensando hace rato, pero digamos que hoy tuvo su punto de inflexión. Tuve una fiesta de quince en el cuál la poca gente de mi generación que conocía estaba en su mundo, en su burbuja del noviazgo, del franeleo permantente y envidiavle, cosa que me parece más que respetable. Eso me llevo a tener que buscar diálogo en gente grande que me conoce de chico y que está pasando por ese momento de la vida. Que los hijos ya crecieron y algunos hasta los transformaron en abuelos. Sienten que los abandonaron, entonces buscan la juventud a través del baile o de hacerse los pendejos con gorritos del carnaval carioca. Es entendible. Ven a dos pibes hablando y quieren sumarse a la charla. Es una forma de que el nido no esté tan vacío por un rato por lo menos. Hasta que vuelven a la casa, se miran los dos, pasan por los cuartos vacíos, ven los recuerdos: esos juguetes con los cuál ya nadie juega, esas camas que ya nadie duerme, esos ruidos que ya nadie hace y esa heladera que está completa. Debe ser díficil, es un proceso. Seguramente las parejas que sacaron los trapitos al sol en su momento, les cuesta menos el duelo del nido. Los que se guardaban los problemas porque estaban "los chicos" empiezan a matarse entre ellos y ahí los conflictos suelen tener su punto máximo.
Llamativamente no centré el post en la necesidad de estar de novio en una fiesta que conocés a pocas personas y encima están todos en algo (ni hablar de la falta de solteras sedientes de hombres, en este caso). Te da un toque de angustia. En varios momentos de la noche dije "ah, pero me quiero matar, si está fiesta hubiese sido un año antes entraba con una rubia llamativa y encima, mataba al aburrimiento". No soy careta, lo pensé en varios momentos. No sólo en la rubia llamativa sino en cualquier otra mujer interesante. Fue ahí cuando la soltería me pegó en serio. Cuando me di cuenta que tener una mina con quien compartir interesés o momentos es algo impagable. Cuando no tenes que preocuparte por quién vas a salir o por quién dejás de salir un viernes a la noche. A los 23 años el recorrido todavía es largo y uno todavía está aprendiendo las aristas del amor. En realidad, uno aprende del amor hasta el último día. No solo cuando lo tenes sino cuando no lo tenés.
El patio del salón era hermoso, tenía unos banquitos pintorescos y silloncitos para descansar. Me senté un rato a mirar a la gente, a los pendejos que chapaban, a los que bailaban, a los que se fumaban un pucho y a los que tenían que ir al baño a quebrar por todo lo que habían chupado. Me dieron ganas de tener quince años de nuevo. También me dieron de ganas de llegar alguna vez al nido vacío.

jueves, 18 de noviembre de 2010

LA PIBA DEL BLACKBUSTER

EL pibe no podía encontrar la inspiración en la escritura. Buscaba no ser repetitvo en sus palabras y en sus textos. Tenía que cambiar de aire. La urbe estaba llena de musas que dan que hablar y que tienen historias interesantes para mambear un rato. No había caso. Probó escuchando música despacito, con la computadora y un vaso de whisky. Si no se inspiraba con un poco de Silvio Rodriguez, el asunto era realmente grave. Podrido de su situación, bajó al chino a comprar un tuco porque encima no tenía qué ponerle a los fideos que estaba por cenar. No pegaba una. Los fideos ya colados y en un plato, sin aceite ni manteca ni queso de rallar. Había que ir al chino de la vuelta a comprar algo para ponerle. Para hacer más triste el asunto, se puso una malla, las ojotas y se llevó un changuito de esos que usan las viejas cuando van a hacer los mandados a la mañana temprano. Patético. Encima apenas baja, se largó a llover y tuvo que ir pisando charcos hasta llegar al maldito supermercado. Eran las 21:30, y no había nadie. Salvo él, su changuito y la china que atendía en la caja, siempre con una sonrisa odiosa. Mientras elegía si compraba fileto o napolitana, fichó a una mina que estaba comprando un vino, justo en la góndola de al lado. Se quedó mirandola, al principio para sentirse un poco menos sólo. La chica tenía unos ojos verdes grandes, el pelo recogido para atras con una vincha negra, un pantalon de los denaminados hippies con rayas grises y negras, unas all starts blancas y una musculosa que le marcaban sus diminutos pechos. Sin duda, su mirada era lo más cautivante. Por eso, nuestro amigo en cuestión se acercó y la chica le sonrío. Ya lo venía mirando de antes porque lo primero que le dijo fue: "comprate la pomarola, va como piña". El motor de la charla era el ideal, la salsa para los fideos y la chica comprando un vino. Daba para unos diez o veinte minutos de conversación. La chica se mostraba apuraba y él la quería frenar. "Vayamos a pagar" dijo ella. Encandilado por las luces de esos ojos, la siguió como si fuese la rescatista de la soledad.

- Venite a casa a cenar, tiró la piba- muy tranquila.
- Pero no me conoces, ¿vas a meter a cualquiera en tu casa? Preguntó el pibe.
- Ya vinieron tantos cualquieras a mi casa tantas veces, uno más, uno menos, ¡a esta altura!. Violador no sos, comprando un tuco lo disimulas muy bien a lo sumo. Además se nota que estas perdido, esa malla que tenes puesta es sinónimo de me puse lo primero que vi. La vivo todos los días esa.
- Así de segura, no me dejas más opción que decirte que sí. Eso sí, dejame llevarme lo que compre para otra ocasión. Dejé los fideos arriba de la mesa de la cocina.
- No te preocupes, yo estoy preparando unas milanesas. Bah, son unas milanesas que hace mi abuela y me las trae. Están en el horno en este preciso momento. Tengo una ensalada hecha en la heladera y ahora ponemos el vino que acabo de comprar.
- ¡Pero para! No hay milanesas para los dos. Vayamos primero a mi casa, bajo los fideos, los pongo en un taper y cada uno cena lo suyo.
- No te puedo decir que no, no tengo más milanesas y acá en el chino no compraría ningún lacteo. Viste ese mito de que no enchufan la heladera de noche, me da un toque de miedo. Soy medio loca, no me importan algunas cosas. Pero si puedo no morirme intoxicada de comida mejor.
- ¿Y de qué te morirías intoxicada?
- De rock and roll- respondió la mina.

No había mucho más para hablar después de esa respuesta. Caminaron con una lluvia de esas que son finitas y molestas. El amigo subió a buscar sus fideos, los puso en un taper y volviò a bajar. La chica lo espero sentada en las escalaras del departamento, en el techito para cubrirse de la lluvia.

- Bueno, yo vivo acá al lado- dijo la chica- otra vez con esa relajante actitud.
- Genial, así no nos mojamos tanto- respondió el flaco.

Subieron dos pisos por la escalera porque el ascensor estaba roto. La chica abrió la puerta de su casa y él se quedo sorprendido por el contexto que lo rodeaba. Cuadros del Che Guevara, banderas comunistas y unos vinilos de Sui Generis y Los Beatles. Sin pasar por alto, un poster de Los Redondos que data del año 1998 en Racing.

- Ah, sos ricotera veo- comentó, como si el comunismo no importaba en ese instante.
- Soy ortodoxa de Los Redondos, que es otra cosa. A ver, es mucho más fuerte que una banda. Es una filosofía de vida. No pude verlos en vivo muchas veces, es una gran tristeza. Lamentablemente mis 24 años no me dejaron apreciar su arte como me hubiese gustado. Pero al Indio ya lo fui a ver a todos lados, lloro en cada tema. Necesito que se vuelvan a juntar. Son únicos e inigualables.
- Totalmente- se quedó sin palabras. Ella había dicho todo lo que él hubiese dicho.

El pibe fue hasta la cocina como si estaría en su casa y puso en una olla los fideos para calentar, mientras abría la lata de pomarola recomendada por la piba. Ella sacaba las milanesas del horno y ponía la mesa. No hablaban mucho entre ellos. Raro. Porque tenían cosas en comùn. Parecía que la idea era hacerse compañía en ese martes lluvioso, con una soledad tocandoles el culo y jodiendolos un rato.

Mientras comían se preguntaron las profesiones y los estudios, que no viene mucho al caso de la historia. Ella contó que estaba sin laburo. Había estado trabajando en un Blackbuster pero como la empreso quebró, cerraron todas las sucursales. No tuvo otra alternativa que empezar a buscar otro laburo. El asunto era jodido, no encontraba nada. Tenía que bancarse con sus ahorros y no aceptaba guita de los viejos. Era una hippie con plata la verdad, o mejor dicho, sus viejos tenían toda por lo que comentaba. Pero a ella no le interesaba esa vida. Desde los 18 se mantenía sola y no pensaba cambiar su política. Siempre en laburitos chiquitos porque estudiar medicina no le daba tiempo para algo full time. Por eso, en el Blackbuster laburaba cuatro horitas por día desde los 20 y le alcanzaba para el ritmo de vida que llevaba a cabo.

Terminando los fideos, el pibe de nuevo sintiendose en su casa, fue a poner un cd al equipo de música del comedor. Vio la colección de ella y encantado de la vida puso uno de Pescado Rabioso. La piba terminaba su milanesa y analizaba cada una de las canciones que pasaba. Las letras, el estilo musical y otras sepas. Filosofaban un rato con un vino y unos cigarros como acompañantes. Miraron la hora y se había echo un poco tarde, la una de la mañana específicamente. Al otro día había una rutina y no podían colgar hasta tarde con tantas palabras que se llevaba el viento con el humo de los puchos. Había que bajar las persianas.

El pibe se fue. La piba le abrió la puerta y le dió un abrazo afectuoso. Capaz la próxima vez que se vean garchen o capaz pongan un disco de Los Redondos y siguen filosofando un rato o capaz el pibe encontró a la musa para sus futuros escritos.

lunes, 15 de noviembre de 2010

HOGAR DULCE HOGAR

Creí que lo que más extrañaba hacer con vos era garchar. Me equivoqué. Lo que más extraño es tu Hogar. El significado de esa palabra es simple. Hogar es refugio, no en el sentido físico. Va por el lado sentimental, en una palabra, en un gesto, una caricia, un beso o una simple mirada. Eso me falta en las noches de soledad y los instantes de fragilidad. Tu olor quedó impregnado en el ascensor de mi casa. Ni siquiera en mi cama. Es subir y sentir el aroma vos. Lo de mi cama ya es repetitivo y aburrido. No es sexual, no son tus movimientos ni tu dinamismo erótico. Es tu amor. Ese amor que no soportás que te digan que lo tenés. Es ese te quiero que te salía del corazón porque sabías que te daba eso que nadie te daba. Cuidarte, preocuparme y respetarte. Vos me lo devolvías a tu manera. No me lo devolvías, hacías lo que sentías mejor dicho. Me querías a tu manera. Sin tabues, con restricciones, con frialdad en ciertos casos pero con sinceridad. No es casual que alguien que siempre decía no, se la pasaba accediendo a propuestas. Que nunca haya hecho un planteo y que disfrutaba cada salida con esa sonrisa inigualable. Ayer caminaba por Puerto Madero y extrañaba esos días de sol que ibamos a tomar un helado y a querernos un poco como novios, dejando atras nuestra faceta de amantes. De poder compartir charlas y algún que otro gusto. De sacarte a pasear cuando tu tristeza te invadía por completo. Tu agradecimiento con un abrazo de oso por haberte sacado de tus mambos por lo menos un rato. Todavía me pregunto como hacías para no decir que no nunca. Me pone contento saber que pude hacerte una mina completa. No me pone contento que no te siga haciendo feliz. En la vulnerabilidad es cuando los recuerdos me ganan. Antes era en cualquier momento, cualquier excusa era buena para hacerte aparecer. Ahora no. Ahora es la situación de debilidad, de querer esos rasgos tuyos conmigo. El remedio podría ser una noche juntos, sin hacer nada, solo mirarnos a los ojos y no decir nada. Así me quedaría dormido rápido. No necesitaría de pastillas ni de tranquilizantes. Serías la suplencia de las drogas legales. Y la generadora de que consuma drogas no legales. Buscar en los excesos la manera de escaparse de la realidad es absurdo. Cuando caigo a la realidad de nuevo, me doy cuenta que todo fue un rato de locura y de intentar remplazarte con algo cuyo efecto no queda para siempre. Lo tuyo no era un rato, era todo el día. Era ese mensaje sutil de que en cinco minutos venías a mi casa. De que entendías que tenías que estar acá y suspendías tus compromisos. O esas lluvias que generaban esos faltazos facultativos mientras escuchabamos la radio y nos reíamos sin parar. Nunca pensé que todo esto se transformaría en algo abstracto. Sabiendo que no era para siempre, prefería mentirme que lo iba a ser. Es triste saber que la cura no existe. O que existe pero no la puedo comprar. Ni aunque esté en coma profundo voy a tener la medicina. El punto final y yo no nos llevamos bien. Seremos soñadores y desvirtuadores de realidad, de no querer ver el NO, de necesitar al SÍ. Es paradojico que una sola vez en tu vida dijiste que no. Pero ese no fue tan rotundo que no permitió nunca más volver a lo que fuimos. Las cosas pasan por algo y se dan por algo. Creer en las segundas oportunidades no es algo lejano. No es que cada corazón merece una oportunidad. Es que cada cabeza merece no ser tan mambeada. Las segundas oportunidades sirven para que el que sufrió tenga su premio por esos meses de llanto. No suelen ser buenas. Pero sirven para que el del llanto no llore más y empiece a reírse. De todo se aprende. Volver al hogar es una salvación mental. Es reducir el mambo. Es no mambear por otras cosas que nos rodean. Vos sabés de estas cosas. Es raro. Eras tan directa. La tenias más clara de lo que creía. Te subestimé muchas veces. Vos, siempre vos, tenías la capacidad mental para callarle la boca a todos. Nadie sabía de tus cosas, y de tus quilombitos. De que por dentro te morías por ser una dulce de leche y por fuera querías mostrarte como una fuerte que caminaba por la vida llevandose el mundo por delante. Hay cosas demasiado íntimas, que ni explicandolas durante todo un año y en clases de dos horas, la gente no va a entender. Es el famoso secreto de las cuatro paredes. Lo que pasa ahí dentro, ahí muere. Eso hace que vos no puedas morir en mi cabeza. Ni hablar del corazón. Ahí vas a vivir por siempre. Sé que para vos hay que darle una mirada más que positiva a la vida. Es lo que siempre me voy a llevar de vos, lo que aprendí. Esas ganas de vivirla juntos estan intactas. Esa necesidad de volver a tu HOGAR.

sábado, 13 de noviembre de 2010

REVOLUTION (ROCK)

La semana estuvo plagada de emociones. Desde el recital de Paul hasta pequeñas cosas de la vida que no vienen al caso. La música es uno de los artes más maravillosos que tenemos, lo dije en sucesivos posts. Vendría a ser el acompañante ideal para momentos. Esa sería la definición perfecta: momentos de alegría, de tristeza, de nostalgia y de bronca. Siempre está ahí la música para canalizar.

Se me viene a la mente aquel marzo del 93`, tenía seis años y venía caminando con mi familia por la calle Corrientes. Frené en una disquería a comprarme cds, me dieron la posibilidad de elegir que quería escuchar. Al contrario de cualquier nene que podía haber elegido algo de Brigada Cola o alguna moda pasajera del momento, fui a Los Beatles. Let it be me impactó, la tapa medio diabólica tal vez. También ese día aproveché el precio y me llevé uno de León Gieco. No empezó mi romance con la música ese día. Seguramente arrancó mucho antes, cuando que me ponían en casa Floyd o Sui Generis. Después volqué y terminé escuchando cualquier cosa, que en la actualidad sigo escuchando. No es cualquier cosa en verdad. Musicalmente no seran geniales ciertas bandas que escuchó. Pero como siempre digo, es MUSICA. Escuchar una letra, una melodía por más pésima que sea que llegué a lo más profundo del corazón es muy valioso. Cuando el jueves estaba en el recital de Paul me pasó eso exactamente. Más allá que musicalmente es lo mejor que escuché en mi vida, las letras y esa voz que parecía no haber sufrido variaciones en todos estos años me llegó al corazón. Escuchar Blackbird o Something es un placer que no cambio por nada del mundo. Es la raíz beatle, es estudiar para la clase de lengua escuchando Revolver o Help. Ayer escuchaba a Ciro alucinado por lo que vivió, no por su show, sino por Sir Paul y me emocioné con él. Podía haberse agrandando y contar de lo que tocó él como telonero. Sin embargo, estaba tan impactado que contó detalles del show de Paul: su humildad, su paciencia, los detalles mínimos lo hacen único. Todavía no tomo dimensión de que ví a un beatle en vivo, con todo lo que trae pegado eso. Escuché que Calamaro se enojaba con Ciro por ser telonero y ceder derechos de autor para tocar ahí. Tengo un aprecio especial por Calamaro, más que sabido. Y me parece que esta vuelta se equivocó feo. Más allá de opinar sobre algo que no tiene por qué meterse, tocar con Paul supera cualquier barrera. Me pareció una crítica hueca y sin sentido. Por más que sea el gran Salmón, cuando se equivoca feo hay que decirlo. No esta impune. Las viejas diferencias del pasado es mejor guardarlas en casa.

Podes tener toda la guita del mundo, lo que vos quieras, vivir como un rey y las ganas de salir de gira no se remplazan por nada. Sentir el amor de tu gente. Paul podría estar revolcanse en sus millones y nos trajó lo mejor que tiene: su legado. Generaciones que vienen van a apreciar estos sonidos orgásmiscos por el resto de sus vidas. Las ganas de hacer rock and roll no se van y ojalá todos los músicos lleguen a esa edad con esa pasión. El rock and roll no morirá jamás, los Beatles tampoco.

sábado, 6 de noviembre de 2010

EL JUEGO DEL MIEDO

Sebastián y Lorena habían decidido que ese sábado caluroso de noviembre tenían que ir al cine. Era una de esas noches ideal para ir a tomar una cerveza al aire libre y aprovechar ese rico aroma que desprende esa mezcla de primavera-verano. Sin embargo, les picó el antojo de pochoclos y ver una película de terror: el juego del miedo seis. A él no le disgutó la idea: el cine del Abasto estaba cerca de su casa, tenía el descuento del dos por uno y podían terminar la noche en un telo que estaba a tres cuadras, que si bien no era nada lujoso, para un turno de dos horas estaba más que bien. La pasó a buscar por la casa que estaba a cinco cuadras y fueron hasta ahí. Vale aclarar que ellos no eran novios ni eran fijas. Eran algo, o comenzaban a ser algo luego de tres meses de salidas. Sin que les pese un noviazgo, se vislumbraba un compromiso no implícito. Lorena era muy distinta a él, tenía unas ganas impresionantes de ponerse de novia y comenzar una relación lo más rápido posible. Sebastián tenía ganas de ir despacio, hacía poco tiempo venía de terminar con su ex y no quería apresurarse. No dudaba que le empezaba a picar el bichito del amor. Sobre todo, con minas como Lorena, que no se enojaba por nada y tenía un elevado grado de dulzura (a veces excesivo). Cuando esa noche de sábado la pasó a buscar por la casa, dejó el auto en el estacionamiento del shopping y subieron hasta las salas. La cola era muy larga, y tuvieron miedo de no conseguir entradas. La suerte parecía estar de su lado porque quedaban dos asientos disponibles. Compraron sus ansiados pochoclos y vieron la película. Se dieron la mano en varios momentos por el temor que les causaba y ella le hacía caricias en la pierna como para intentar aliviar el nerviosismo. Lo pudieron soportar y salieron de la sala abrazados como para entrar en clima. A Lorena le habían dado ganas de ir al baño, así que fueron hasta el fondo y él la espero apoyado contra una pared. En el momento que ella entraba al baño, salía Ana, su ex. Quedó duro. La miró a los ojos y le hizo una sonrisa. A ella se la veía nerviosa, había algo que andaba mal. Claro, al lado de él había un chico que la estaba esperando. En una secuencia de miradas y gestos, en la duda de que si tenían que saludarse o no, los dos se acercaron y se saludaron con un tibio abrazo. Ana era medio zorra en algunos aspectos. Por eso, aprovechando la distancia entre Sebastián y su chico, no tuvo mejor idea que presentarlos. Estaba entrando en guerra. Le dió pie a Sebastián para sacar un tema de conversación mientras salía Lorena. Se hizó el simpàtico con los dos y les preguntó que película habían visto. Llamativamente fue la misma, y comentaron la rareza de no encontrarse en la sala. Mientras conversaban salió Lorena del baño. Sebastián aprovechó para devolverlsela a su ex. Lorena no sabía quien era y la saludó simpaticamente, como siempre. Lo contrario a la otra. Si había guerra había que jugar, pensaba él. Para eso Ana era especialista, no tuvo mejor que idea que proponer ir a una pizzería a dos cuadras del shopping y que estaba toda la noche abierta. No había excusas del horario, eran las cuatro de la mañana. A Lorena le encantó la idea pensando que era una amiga de él. A él en cambio le cambió la cara. Le estaba embarrando el terreno. Tenía que aceptar la propuesta para no quedar como el débil de siempre. Sorprendió a Ana con la respuesta positiva y fue a buscar cada uno su auto. En ese viajecito de dos cuadras que sirvió para acercar un poco más el coche, Lorena le preguntó quien era la chica. Él no dudo en mentirle. Le dijo que era una amiga de la infancia que hace mucho no veia. La ingenua Lorena creyó los dichos. En verdad no podía imaginar otra situación en sus ojos de enamorada. En el corsa de Ana, su chico bastante limitado no preguntó nada, él quería garcharsela. No importaba si había que comer pizza, ceviche o comida hungara ni si había que ir con los padres, las amigas o un cura y un rabino. Había que ponerla y punto.

En la pizzería el limitado tomó la posta del pedido y de la charla. Se hacía el tipo de negocios con una empresita que tenía dedicada a la venta de artefactos para la cocina. Sebastián se mordió el labio unas cuantas veces mientras la miraba a Ana. Hizo hablar a Lorena para mostrarle que era una mina super inteligente y sobre todo, centrada. El hueco se tuvo que callar la boca porque entre lo tarado que estaba quedando y sus chances de no coger aumentaban, era mejor guardar silencio. Con el hambre y la tensión que había, en veinte minutos todos habían terminado la pizza. El bobo quizo pedir otra más pero Lorena se resistió. Le vinó bien a Sebastián para poder ir levantando campamento. No quería jugar más. Las miradas con su ex se estaban volviendo alevosas, dañiñas y le iban a jugar en contra. Además se había dado cuenta que el chico de ella realmente no era nada serio y seguramente era uno más de su tan prolongada lista. Dejó plata de más sobre la mesa y saludó a la "no" pareja. No escucho los pedidos de Ana para quedarse y se fue de la mano con Lorena. No lo hizó para mostarle a su ex que estaba en algo un poco mas serio que ella. Aunque inconciemente sí. Ana se quedó con una bronca de aquellas. Entre el pelotudo que seguía diciendo cosas sin sentido, Sebastián que seguro se iba a garchar y parecía que estaba empezando una nueva vida, estalló del enojo. Empezó a insultar a su chico tratandolo de fracasado, mentiroso y aparato. Se levantó de la silla y se fue directo al auto. Ni bien se subió, hizó unas dos cuadras y le mandó un mensaje de texto a Sebastián que decía: "quiero terminar la noche con vos". Cuando recibió el mensaje, él estaba por entrar al telo que tenía planeado. Estaba dolido por la situación, un poco desganado pero ya había sufrido suficiente por esa perra como para seguir dandose manija. Aprovechó el semáforo en rojo para leer lo que decía y quizo que la tierra lo tragase cuando vio en sus ojos el contenido. No podía ser tan hija de puta, tan cotradictoria en sus palabras. Ana siempre odió esos mensajes de garche y ahora ella se ponía en el papel de emisora. Se intercambiaban los roles. A Sebastián le hizó un escalofrío en todo el cuerpo pero tuvo la mente fría para acordarse de esos tiempos que él mandaba mensajes con esa necesidad a flor de piel de terminar la noche con ella. Ana no respondía o ponía excusas baratas para no verlo. Le había costado superar toda la ruptura como para volver a lo mismo. Lorena no merecía una excusa burda para dejar de estar con ella. Entró al telo, dejó el auto, pagó y fueron a la habitación. Antes de empezar con el sexo, Sebastián fue al baño, leyó el mensaje de nuevo, largó un insulto al aire en voz baja y apagó el ceular. Ya no había vuelta atrás. No quería volver al juego del miedo.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

OKTUBRE

Luciano se había estancado en octubre del 2009. Desde que Carla terminó la relación en enero del 2010, él decidió que todos los meses que seguían iban a seguir siendo Octubre. Eligió ese mes porque había logrado estabilidad en la pareja, por más que iban cinco meses, Octubre era especial.´A partir del veinte de enero creó un plan: iba a hacer las mismas cosas que cada día de Octubre y se iba a poner la misma ropa, incluso. Era tan neurótico y obsesivo que se acordaba día a día lo que se había puesto y lo que había hecho, sea con Carla o no. Si el día uno había ido a trabajar, iba hacer lo mismo todos los meses que le seguían, si el día cuatro habia ido al cine con Carla, iba a ir solo, pero lo iba hacer igual. Había enloquecido. Así fue que del veinte al treinta y uno de enero se la pasó llorando como un nene y a partir del primero de febrero arrancó su neurosis. Suspendió sus vacaciones y comenzó con su idea. El día uno fue a trabajar como el primero de Octubre, a pesar de que se había pedido el mes para vacacionar (ganó un aumento de sueldo por dicha acción), a la noche fue a cenar con los amigos (él organizó la cena, y se encargó de ir al mismo lugar), y claro, se puso la misma ropa. El día dos de febrero lo mismo que el dos de Octubre, fue a trabajar, pero como ese día había ido al cine con Carla, fue solo, y en vez de dormir con ella, dormía con una foto en la cual estaban juntos. Los tres días que le faltaban para completar el mes de Octubre, argumentaba una fiebre y se quedaba tirado en su cama. Lo mismo repitiría con el día que sobraba de cada mes.

Así fueron pasando los días, cumplía al pie de la letra su agenda y evitaba que haya algún error en su plan. Al principio nadie notaba las andanzas de Luciano. Algunos se intrigaban de por qué se había quedado en Buenos Aires en el mes de sus merecidas vacaciones. Otros le querían presentar mujeres, y él se negaba asiduamente. En abril los rumores de su locura comenzó a circular entre la familia. Sobre todo, cuando él se empezó a creer en serio que seguía con Carla. Iba a bailar con los amigos y cuando alguna mujer se le acercaba, él decía que estaba de novio y las espantaba. No se lo comentaba a los amigos ni a la gente que convivía con él. A pesar de las sospechas, lo dejaron con su neurosis pensando que tal vez se le iría sola. En mayo intentaron que empiece terapia, se rehuso. Luego a la fuerza, lo querían internar. Se mantuvo fuerte en su postura, y no podían sacarlo de su locura. Estaba empecinado en volver con Carla, sea como sea. Estar loco es otra cosa, argumentaba. Estar enamorado se parece, pero no lo es. Había que terminar con su idea de alguna forma. No podía vivir toda su vida atado a un recuerdo y al pasado. Si la familia no ponía cartas en el asunto, tenía que aparecer alguien que pudiese solucionar el tema. Carla podía ser la opción más viable, la unica capaz de bajarlo a tierra en todas sus crisis. El problema es que no había forma de contactarla. Luciano era el único que sabía su teléfono o algun dato personal de ella. Y como era tan contundente en sus opiniones, no iba a tocer el brazo y llamarla. No perdía su orgullo, pero sí su cordura. El tres de noviembre del 2010, la mejor amiga de Luciano, Cecilia, venía caminando con su ipod cantando en voz alta un tema de los Fabulosos Cadillacs hasta que su mirada se perdió en una morocha, con pechos grandes y un caminar elegante. Efectivamente era Carla. Estaba esplendida, como siempre. Cacilia, que siempre la despreció por sus reiteradas escenas de celos que tenía hacía ella, no dudó en acercarsele a saludar. En verdad, sabía que ella era la solución, sino jamás lo hubiese hecho. Carla la saludó en forma asquerosa, como siempre. Y Cecilia se hizó un poco la simpática para que ella acepte lo que le iba a proponer: que vaya a hablar con Luciano y lo haga recapacitar para que vuelva a ser el de antes. Carla aceptó la propuesta, totalmente preocupada por la situación, al punto que quizo llamarlo en ese mismo momento. Cecilia la frenó y le dijo que vaya directo a un restaurante. Su amiga ya sabía lo que tocaba le tocaba a él esa noche: ir a comer al lugar mexicano, como todos los tres de cada mes. Carla fue a eso de las diez de la noche, para estar segura que Luciano iba a estar ahí. Al entrar lo vió sentado de espalda, en una mesa del fondo y fue directo a sentarse a la silla que estaba frente a él. Mientras que Luciano comía unos nachos con queso y tomaba una cerveza, Carla le dijo: "estás enfermo, dejame ayudarte". Sin emitir otra palabra, directa, clara, precisa. Él la miró con los ojos llorosos, y sintiendo su fragilidad más que nunca, le dijo que la extrañaba y la necesitaba. Ella no quería lastimarlo más, y cualquier palabra en ese momento iba a sonar fuerte. Estaba todo dicho. Hay momentos que es preferible decir dos o tres cosas e irse. Por eso, Cecilia le dijó: "hay que saber ponerle un punto final a las cosas, entendelo". Esa frase le simplificó el camino a Luciano, un simple "punto final". Algo que ella nunca le había dicho desde que terminaron y que a veces uno necesita para olvidarse de la otra persona. Un simple detalle ya sabido, que uno necesita escucharlo para perder esa mínima llama que se prende utopicamente. No dejar las puertas abiertas. Carla se levantó de la mesa, le acarició el pelo y se fue. Luciano dejó lo que estaba comiendo, pagó en la caja y se fue directo a su auto. Abrió el baul y sacó un shorcito de futbol y unos botines. Se sacó la camisa, el jean y se cambió la vestimenta por completo. Fue directo a Aeroparque y sacó un pasaje para irse a Córdoba al día siguente. El día cuatro de noviembre ya no era cuatro de Octubre del 2009: era cuatro de noviembre del 2010.

lunes, 1 de noviembre de 2010

KARMA POLICE

Gustavo ya no estaba con Lucía. No estaba triste por eso. En realidad tenía sus bajones, especialemente cuando volvía del laburo en el bondi y se ponía a escuchar Radiohead. Ahí le caía la ficha, cuando escuchaba Creep o Karma Police empezaba a molestarlo el recuerdo de ella. Sin embargo, seguía su ritmo de vida normalmente. Conocía otras mujeres, tenía sexo del bueno y no le faltaba nunca una compañera con la cual tenía con quien terminar alguna que otra noche. Pero había algo que lo alteraba y que lo hacía meditar si realmente se había olvidado de Lucía. Ese algo era la masturbación. No la mastarbución en sí. Sino la masturbación con el recuerdo de ella. Había compartido momentos de cama por tres años, en donde el sexo ocupaba una parte fundamental en su vida. Y si bien, en su nueva vida el sexo no lo había dejado de lado, no era el mismo que con Lucía. El conflicto pasaba en que si bien extrañaba hacer el amor con ella, no podía masturbarse pensando en esos momentos de placer. No era por falta de imaginación, porque justamente para eso era especialista. Además habían cumplido todas sus fantasías juntos. Si Radiohead era su cable a tierra en cuanto a lo que significaba Lucía, la masturbación era directamente la realidad. En su inconciente no se la había sacado de la cabeza. Disfrazo toda la ruptura para mostrarse más fuerte. Digamos que canalizó por el lado de la joda para no querer ver lo que caía de maduro: que su amor por ella se mantenía intacto. Quizo entender el por qué de la situación. Intentó masturbarse con Lucía una o dos veces más, hasta que no pudo más. No había caso. Él no podía hacerlo. Necesitaba de la compañía de ella. Por eso, empezó terapia, algo que jamás pensó que iba a hacer. Lo charló y fue madurando el hecho de que se había transformado en un negador. En un desvirtuador de realidades. Que había usado ese metodo para que su olvido pasará más rapido. Raro, porque él fue quién terminó la relación. No le gustaba nada lo que estaba pasando, pero no quería hablarlo con Lucía. ¿Qué le iba a decir? " Mira Lu, la verdad es que no me puedo hacer la paja pensando en vos ". Era demasiado asquerosa esa forma de decirle las cosas. Es que otra no le quedaba, porque así era el. No iba a buscar una manera delicada de decircelo. Tampoco se lo iba a decir, en realidad. Lo que quería era olvidarse de ese sexo, para poder pensar en otra cosa cuando tenía que sastifacerse sólo. No pasaba por ver una película erótica, las fotos de una modelo o pensar en la mina que se había acostado el fin de semana. Pasaba porque se le venía la imágen de Lucía en el momento que quería arrancar a masturbarse, y se inhibía. Como una especie de pecado. Cómo si el castigo divino iría sobre él por esa acción. El asunto era claro, el amor no se había despegado de su ser. La forma de solcionar todo parecía sencilla: llamar a Lucía e intentar arrancar de cero. Pero Gustavo no estaba convencido, por algo también había decidido no seguir con ella. Prefirió pensar en los defectos. Trabajó con el psicólogo en eso. En todo lo malo de ella. En los motivos por el cual terminó. En su histeriquismo, su ciclotimia, su cara de culo cuando salían con parejas amigas y así la lista podría seguir diez o quince renglones más.

Fueron pasando los meses, como así también las mujeres que se acostaban con él, de a poco podía volver a masturbarse, y Lucía no aparecía en su mente. Era un trabajo arduo, pero estaba predispuesto a salir. Una noche de primavera decidió suspender la sálida con una de sus mujeres y se quedó en su casa. No se acordaba cuándo había sido el ultimo fin de semana que no pisó la calle. Seguramente fue en su etapa de novio, viendo alguna película o algo similar. Se comió un paquete de sugus y se tiró a dormir para intentar aprovechar el domingo soleado e ir con los amigos a pasar el día a una quinta. En el medio de la noche tuvo un sueño erótico. No se acordaba con quién, pero tenía la necesidad de descargarse. Se destapó, se bajó su boxer y cerró los ojos. Los movimientos y el sexo oral de Lucía pidieron permiso en sus recuerdos. Aprovechó lo que ocurría y no se resistió a seguir, hasta que acabó. A partir de ese momento, Lucía era historia pasada.

domingo, 31 de octubre de 2010

UN VESTIDO Y UN AMOR

Lucrecia se había convertido en una fija de los hombres los ultimos dos años. No la querían, pero por sobre todas las cosas, no la respetaban. Ella era la típica mina que los hombres mandaban msj para ver si estaba disponible un viernes de lluvia o un sábado a las cinco de la mañana, cuando el alchol bajaba y la escases de mujeres en los boliches les hacía pensar en el sexo como el final perfecto de una noche de excesos. A ella no le molestaba ese papel, pero se empezaba a dar cuenta que algo estaba fallando. Extrañaba que la cuiden, que la saquen a pasear, que le den la mano mientras caminaba en alguna tarde soleada por algún lugar pintoresco de la ciudad. Necesitaba que le manden un msj cursi a la mañana para arrancar el día con una sonrisa. Cuando se iba a dormir a la noche, miraba su celular viendo si alguno de sus muchachos era capaz de mandarle algo interesante. No había caso. Se había transformado en una FIJA. Generaba envidia en sus amigas porque no había fin de semana en la cual no disfrutaba del placer carnal, mientras ellas se tenían que conformar manualmente. Al comienzo, la situación le pareció exitante. Tampoco era que se acostaba con veinte tipos por mes. Tenía uno o dos por mes, e iba cambiandolos. Le llamaba la atención que la quieran para garchar y nada más. Porque era una mina inteligente, se podía hablar de diversos temas: desde Cortazar hasta chismes de la farandula. Era una pseudointelectual, no zurda, intelectual y punto.

Amaba el psicoanalisis y lo usaba como factor determinante en su vida. Era su motor. Su psicologo era su motor, mejor dicho. Las palabras de él eran casi como la biblia. Esperaba todos los miercoles para que le de una lección de vida, como contaba ella en su círculo íntimo. Se había dado cuenta de que su amor por su psicólgo era más de lo que creía. Era amor puro. Era el hombre de sus sueños. Le llevaba unos veinte años, pero no le importaba. Lo veía como un tipo en serio, y no como los cachibaches que se garchaba los fines de semana. Esos pendejos de guita que la trataban como una princesa por dos horas que duraba el turno del telo. Esos pibes que por tener un buen auto y un poco de facha se creían los dueños del mundo. Esos pibes que no sabían amar. Lucrecia daba para más. No se había dado cuenta del tiempo perdido. Cayó tarde, pero cayó. Ahora tenía que cambiar el enfoque. Tenía que empezar a decirle que no a cosas que antes decía que sí. Darle otro vuelo a su vida. Y confesarle a su psicólogo su amor, claro. Era un poco neurótica. Se hacía valer con su caracter y su personalidad abrumadora. Era de esas pendejas que se querían llevar el mundo por delante, sin darse cuenta de que el mundo se la llevaba por delante a ella. Asi y todo, era un partidazo para cualquier hombre. Aunque ningún pibe de 23 años podría con semejante hembra.

Ella sabía que el psicólogo era divorciado, y tenía dos hijos de diez y cinco años. Se lo había contado en una sesión en la cual él se dispersó y le tuvo que pedir disculpas por no prestarle atención durante dos minutos. Lucre, como buena analizadora de situaciones, maquinó que si le dijo eso era por algo. Capaz también estaba enamorado de ella. Eran conjeturas de una mambeadora oficial, la presidenta. Tenía sus adeptas y sus adeptos. Era como una iglesia, donde todos los viernes se juntaban a analizar o especular sobre distintas situaciones que vivieron durante la semana. Unos locos de mierda, basicamente. Fue en una de esas noches, donde tres amigas le dijeron: "Lucre, tenés que dejar de ser la puta de turno y transformate en la reina de turno". Un cambio radical, pero posible, las capacidades se lo permitían. Una mina dulce y tierna siempre tiene un plus extra para ser reina. Le hizo caso a las amigas. Por eso, ese lunes, se anotó en una hoja las distintas formas de decirle al psicólogo que se había enamorado de él. Lo practicó frente al espejo, en el auto mientras escuchaba un disco de Sumo y en la ducha. Antes de irse a dormir, se puso a llorar. Le agarró una angustia interna. Se sintió sola en su cama, tuvo la sensación de que le quedaba grande. De que había un espacio para alguien, y no era para uno de esos pendejos. El llanto ocasionó que se quede dormida. Desde chica le pasaba eso. El solo hecho de llorar la dejaba muerta profundamente.

Se levantó a las siete de la mañana, la sesión era a las ocho. Se bañó, se puso un vestido negro elegante y llamativo. Nunca había ido vestida así a sesión. Dejo las all starts a un lado, y sus jeans cararcterísticos. Se pintó y se pusó lo más linda que podía. Hay que ser sinceros, no era una diosa infernal. Pero tenía su encanto, y los hombres se fijaban en ella. Por algo tenía una lista mes tras mes. Salió a la calle, y el calor la acompañó durante el trayecto en su auto, desde su casa en Villa Crespo hasta el consultorio en Palermo. Iba hablando sola en el viaje, pusó la radio, pero estaba tan nerviosa que terminó escuchando un disco de Sandro, que su mamá se había olvidado en la guantera. Entre "penumbras" y "trigal", iba intentando anticipar lo que venía, maquinando. Una vez que dejó el auto, tocó el timbre de su analista en el cuarto piso. Subió por el ascensor, se miró al espejo y como siempre, se vio fea. El único que sabía que ella se veía así, era su amado. El resto, ni lo imaginaba. Mantenía el secreto con la más profunda privacidad posible. Él siempre le decía que era hermosa tanto por fuera como por dentro. Ella se intentaba apoyar en eso para una posible respuesta positiva por parte de él ante su confesión. Al abrirle la puerta, el analista se sorprendió por la vestimenta de su paciente. Le elogíó el vestido y la hizo sonrojar. Se acostó en el divan y comenzó a hablar de su semana, de el pibe que se había garchado el sábado, de la falta de cariño, de su necesidad de ser alguien, de sus charlas con los maquinadores de los viernes y demás. Hasta que en un momento empezó a provocar. Se abrió de piernas, como para llamar la atención. El psicólogo lo percibió de inmediato. Y comenzó a mirar su tanga negra. Demasiada tentación: una paciente hablando de un sexo violento mientras se abre de piernas, era irresistible. El psicologo intentó mantener la cordura. Tenía que pensar que ella era su paciente, y que estaba trabajando. Pero era hombre antes que cualquier otra cosa. Por eso, se paró de su silla y se le tiró encima casi agresivamente. Le diò un beso apasionado e intentó tocarle las tetas. Lucrecia lo frenó y le pidió si podían ir a su casa. El analista no entendía mucho, pero la escena lo sobrepasó. Aceptó sin discusiones y se fueron de su consultorio. En el ascensor se besaron sin parar, hasta que llegaron al auto. Ahí él aprovechò para suspender a los pacientes que le seguían. Lucrecia acelaraba lo más rapido posible, mientras Sandro ya había cantado "Rosa Rosa" y "Quiero llenarme de ti". El analista era fánatico de el cantante, y se ponía a imitarlo en el auto. Lucrecia se reía y lo acompañaba con los coros. La ùltima canciòn fue "Fuego", y eso los excito aún más. Mientras ella dejaba el auto en el garage, él le preguntó si no estaban los padres ni los hermanos. Lucrecia comentó que se habían ido una semana a Mar Del Plata a descansar luego de que el padre había tenido unos problemas de salud. Ella preferió quedarse, para maquinarse duro. Cuando subieron a la habitación, ella mostró todo lo que sabía y se transformó en la experta. Se desnudó mientras bailaba sensualmente arriba de él, que no le quedaba otra que ver como esta chica de 23 años le daba una clase de sensualidad y erotismo. En la previa, ella ya había acabado una vez. Y luego, dos veces más. Los detalles de ese sexo son espelusnantes: fueron dos horas de una película erótica, donde no faltó ninguna posición y donde el analista acabó en la espalda de ella. El lugar preferido de ambos. Raro.

Antes de irse a bañar, Lucrecia pensó que el analista se iría. Como hacían todos sus pendejos. Él se quedo acostado, prendió un pucho y se puso a ver la televisión. Ella largó una sonrisa y cuando salió de bañarse se acostó al lado de él y lo abrazó con el unico objetivo de sentirse protegida. Ese era el motivo por el cual quería estar en su cama. Para que no este la mitad vacía. Para que haya alguién que la respete. El analista fue hasta la cocina y le trajó un café. Ese gesto la enamoró más. Ahí si pensó que ya se iría al consultorio de nuevo. Llamativamente suspendió todo su día de trabajo para quedarse con ella. Se quedaron dormidos. Lucrecia se levantó a eso de las cuatro de la tarde, y vió a su hombre durmiendo placenteramente. Se paró de su cama, disfrutó del momento, quería sacarle una foto incluso, no se animó. Ya era demasiado. Simplemente se fue a la cocina, se prendió un pucho y se pusó a escribir lo que podría pasar una vez que se levante el analista. Media hora después volvió a su cama, se apoyó sobre él, miró el techo y se puso a maquinar. Como siempre.

sábado, 30 de octubre de 2010

CONTIGO

Juán tenía que matar a Paula. No había otra opción. Si no estaba con él, no podía tolerar que este con otros. Habían sido meses de golpearse la cabeza contra la pared, de tirarse a piletas vacías y de intentar utopicamente conquistarla. No quería llegar a esa situación. Asesinarla era terminar la maquinación qué tenía por ella, con quién se acostaba y a dónde iba. Era salir tranquilo de su casa, estar en el laburo o en la facultad y no tener que pensar en los movimientos de su ex. Cuando leyó El Tunel de Sábato la idea había volado por su cabeza pero no tenía los huevos para hacerlo. "Es una novela", decía por lo bajo, "yo no podría hacer eso jamás, matar a la persona que amo". Su obesión crecía día a día, ya no era amor. Era obsesión. La odiaba, pero la amaba mucho más de lo que la odiaba. Tenía que pensar de que manera iba a hacerlo. Él no iba a hacer ese trabajo. Nunca se había peliado con alguién, apenás tuvo alguna que otra discusión política, pero jamás llegó a las manos. Él andaba militando para una agrupación peronista hacía unos dos años. Ahí conoció a varios punteros políticos, con quien había estrechado lazos muy fuertes. Fue con un dirigente de la zona del conurbano bonaerense, con quién pensó contactarse, ya que lo unía una amistad, casi hermandad, en esos actos y marchas que semana tras semana organizaban. El tipo lo contactó con un barrabrava de Morón, que por mil pesos era capaz de matar hasta su madre. Juán se tomó el tren hasta esa zona, un jueves a las nueve de la noche. En el camino le quisieron robar el celular, pero se resistió. No le hicieron nada, era un tipo con suerte en esos casos. Cuando llegó a la casa del barrabrava en un barrio precario, que no era una villa ni mucho menos, salió la mujer del tipo, con un bebé en la mano y le dijó que su marido estaba en el bar de la vuelta tomando unas cervezas con los muchachos. Acostumbrado a curtirse con gente pesada, dio la vuelta para verlo. Efectivamente el tipo estaba ahí con varios más, pero tomando vino de cartón y fumando marihuana. Al principio, no lo miraron con buena cara, pero minutos después el barra se acercó a él. Juán le comentó que venía de parte del dirigente y la cosa se tranquilizó. El barra lo llevó a solas, por una calle turbia y oscura. Le explicó cómo trabajaba y le dio opciones para realizar el crimen. "Mira, la puedo matar de un tiro, secuestrandola y hacerla sufrir, atropellandola, violarla o envenanarla, o todas juntas, el arancel es el mismo, 1000 pesos". El sádico de Juán quería que Paula sufra. Violarla no, ya era demasiado cruel. Le gustó la idea de envenenamiento, la veía la menos grave de todas. Al mismo tiempo, su idea de que sufra como él había sufrido le jugaba en la cabeza. Por eso, le dijo al barra: "quiero que la secuestres, pero antes de matarla, leele una carta que te voy a dar". El tipo acataba ordenes, no le interesaba la carta ni el motivo por el cual quería matarla. El quería su plata y seguir tomando vino, fumando marihuana y tomar merca con los pibes del barrio. Juán le pasó la dirección de la casa. Como era en Capital, el barra quería que le pagué la nafta del auto para llegar hasta ahí. No hubo reproches. El plan cosistía en esperarla en la puerta de la casa, en el barrio de Paternal. Como no pasaba mucha gente por ahí, no iba a ser díficil, no había policías ni gente en los alrededores. El horario era cuando Paula iba a trabajar, a eso de las siete de la mañana. Igualmente el barra iba a pasar el día anterior para verificar si efectivamente ella salía a esa hora. Tal como le dijo Juán, la ex novia salía a esa hora. Así que todo estaba planeado para el secuestro y posterior crimen. Juán estaba tranquilo, era un militante, un tipo fuerte, un pibe de 24 años, con su lado sádico mezclado con una intelectualidad extraña, no amaba la violencia, quería a Perón pero despotricaba contra cualquier troskista o seguidor de algún partido de izquierda. La noche anterior al crimen, Juán fue a la iglesia, rezó dos padre nuestro y cenó un pancho en plaza flores. Se fue a dormir como si nada. A la mañana, el barra estaba junto con su coequiper en la puerta de la casa Paula. Ni bien ella salió, su mano derecha la agarró y la metió en el auto, un gol negro bastante demacrado. Paula gritaba y lloraba. "Por favor, llamen a mi casa, ellos le van a dar lo que necesiten, pero no me maten". Le ordenaron que se calle y que no le iba a pasar nada, que la iban a llevar a una casa para comenzar con una inexistente negociación. Fueron a una casa abandonada ubicada en la calle Jonte y entraron los tres adentro. La sentaron en una silla, con las manos atadadas y una bolsa en la cabeza. El barra la miró y le dijo "esta pendeja esta para cogersela, este pendejo se movía a un bombón, ¡mirá a esas tetas!, esta debe ser más puta que las gallinas". Igualmente el barra acató las ordenes que le había dicho Juán y mientras Paula seguía gritando, el barra le dijó que le quería decir algo. "Por favor, llamen a Juán, quiero estar con él, lo amo, les doy el télefono, por favor" gritaba ella. El barra y su ayudante ni prestaron atención. Seguramente ni se acordaban el nombre de Juán con la droga que tenían encima. Como el barra no sabía leer, le pidió a su mano derecha que lea la carta. "Mira nena, ahora te vas a callar, y voy a leer algo, escuchalo, ahí puede estar tu salvación". Paula dejó de gritar por un instante. Y el tipo comenzó a leer "Pau, te vas a morir. Vos mataste mi alma, mi vida, me destruiste, me dejaste tirado como un perro, te cagaste en mí, terminaste siendo una putita cualquiera que te garchabas al primero que se te cruzaba para darme celos a mí. Yo me desviví por vos, y no merecía eso que hiciste. Te odio. Te amo. Te aborresco. Te necesito. Sos una mierda. Sos hermosa. Sos vos. Te amo. Juan ". Ni bien terminó de decir "Juán", el barra sacó el arma, y mientras Paula gritaba "Juán te amo, te amo, no, no, no", le disparó directo al corazón. Juán quería que la última palabra que escuche Paula sea su nombre. Luego, el barra la remató en la cabeza. Limpiaron el lugar y la dejaron tirada en un baldío de Caballito. Lo llamaron a Juán y le dijeron "listo nene, el trabajo esta hecho". Juán cortó el teléfono de inmediato. Se le escapó una lagrima. Paula dejaba de existir. Lo que no se dio cuenta Juán, es que sólo dejaba de exisitir físicamente. El alma de ella iba a vivir en él. Por más que no estaba su cuerpo, estaba su recuerdo. El recuerdo no se podía matar. Porque amores que matan, nunca mueren.