Me había perdido en el medio de la multitud. No sabía si había sido el alchol o alguna sustancia prohibida. Pero camine, sin apuntar a un lugar específico. Pero el sudor de la gente y el calor insoportable me hicieron frenarme. Doble en ayacucho, y me aleje. Caminé hasta Santa Fé pensando en por qué estaba caminando por esa zona. Qué tendra de misteriosa la madrugada. Qué tendra de encanto que todos quieran caminar. Seremos un club, el club de los soñadores, de los noctambulos, de los solitarios o de los incredulos buscadores de esperanzas inalcanzables. No sé si el desamor es el empuje a escribir historias, si es la parte más intima del ser humano que hace que desarrolle una percepeción más clara de la realidad. Te golpeas con el mundo, con ese sin sabor permanente. Del ya no ser, de no seguir construyendo aquello que habíamos soñado que podía ser para siempre. Son una sucesión de hechos desafortunados o tal vez, la necesidad permanente de estar con alguien al lado. Los sábados acarician lo áspero. Son especiales, la masa popular necesita liberar las energías negativas acomuladas en la semana. Es algo así como una terapia mundial. Todos se tiran en una especie de divan invisible que es analizado por algo que se da a llamar sábado. Nosotros, incredulos, o ya cansados de perder, decidimos que es el día en el cual pactamos no maquinarnos en situaciones que por lo general, nos generan algo parecido a la tristeza, pero que no llega a ser tristeza especificamente. Desarrollamos poesías burdas, melancólicas y un poco incoherentes. En los rincones de esta hermosa ciudad, buscamos soluciones milagrosas. Buscamos almas gemelas que no existen. En la esquina de algún bar, pensamos que está esa persona, leyendo un libro y tomando una cerveza, esperandonos. No es más que alimentarnos de una mentira tan cierta como inquietante. Por esa mentira nos movemos, vivimos y nos hacemos sentir parte en una verdad inexistente. Es ese beso, es esa caricia, o ese momento irepetible. Porque lo irepetible no vuelve, es único, no está más que en nuestra cabeza. Quiero saber quién fue el que nos instauro en la conciencia que estar solo es el síntoma más triste del planeta. Quiero que me lo traigan acá, así le propongo un mano a mano. Ese tipo no se dio cuenta que generó el mejor síntoma: el de la inspiración. Con tantas sonrisas, uno se pierde en la inspiración. El blanco es blanco porque es blanco, y no hay discusión. Cuando la tristeza te domina, el blanco no es blanco porque sí, sino porque equivale a ese color que te hace acordar a ese vestido que usaba ella todas las tardes cuando solía ser alguién significante en tu vida.
La luz es molesta, y esos faroles que iluminan Santa Fé solo logran desviarme de mi objetivo. Necesito que esté todo apagado, la ciudad entera si es posible. Que nadie pueda ver a nadie. En medio de eso, voy a ir a buscarte, no sé con qué argumento ni sé como encontrarte. Tal vez, pienso, que si está todo oscuro no voy a poder mirarte a los ojos y todo va ser más fácil. Porque cuando te miro es cuando me debilito. Como decirte que no quiero verte más, y que quiero seguir viendote. Es todo una cuestión de los ojos, o mejor dicho, es todo una cuestión del corazón. De ese maldito amor, que tanto miedo da.
sábado, 10 de diciembre de 2011
sábado, 4 de junio de 2011
UNA SEÑAL
Se frenó un instante en la vereda. Miró a su alrededor las paredes pintadas con aerosol. No supo el significado de quedarse mirando un grafitti que decía "reconstrucción". Quién escribiría esa palabra. Será artífice de algún loco callajero. Claramente ese mensaje la hizo bajar a tierra. Había que empezar de nuevo. En todos los aspectos. Desde lo laboral hasta lo sentimental. Pero sobre todo lo sentimental. Ella afirmaba que todo pasaba por ahí. Podía tener el trabajo más tortuoso del mundo, pero necesitaba al lado un hombre que la contenga. El concepto de hombre que anhelaba se parecía poco al de la vida real. Engaños, mentiras y amores desencontrados. No tenía sentido trabajar de secretaría de un dueño de una multinacional por unos dos mil pesos por mes. No tenía sentido seguir siendo víctima del sistema capitalista. Tampoco tenía sentido hacerse la revolucionaria comunista que quería cambiar el mundo. El mundo se puede cambiar, pero dependía de su propia revolución.
Caminó un paso más, y consideró que había que hacer algo. Hacer algo era tomarse el colectivo 39 sobre Alvear y caminar hasta Palermo. Era una buena idea de verano. No de un jueves de junio. Mucho menos, a las tres de la mañana. No le importo. Lo hizo igual. En el bondi eran tres. Un viejo que estaba durmiendo, el chofer y ella. Se bajó en Honduras y caminó. Nunca supo para qué y por qué. Su terapia, su vida, su patología. Sintió el frío y sacó una bufanda de su cartera de marca. Los bares que siempre estan en la cresta de la ola los fines de semana estaban muertos. El barrio del lujo, era el barrio del silencio. No tenía miedo. El miedo es el futuro, el qué vendra. El miedo es el sometimiento a los hombres sin cabeza. A ir a cenar y escuchar que lo único importante es la guita. No pretendía eso de un tipo. No quería plata. No quería la vida perfecta. Queriá el amor a algo. A una vocación, a un hábito o a un animal tal vez. Basta de gente sin sentimientos. Quiero llorar con alguien cuando veo una película, decía. Cuando su cabeza se frenó, se frenó su cuerpo también. Había llegado casi a Santa fé, y algunos travestis la insultaron. Se río, y siguió. Hasta que pasó por la puerta de una pizzería. Se tentó con una porción de napolitana. Aunque un café con medialunas le interesaba más. La duda no era tan profunda. Pizza o café con medialunas. Salado o dulce. Amagó con entrar al local, y se arrepintió. Pasó un taxi vacío y lo paró de lejos. Subió y le dio la dirección de su casa. En todo el trayecto no se dijeron una palabra con el taxista.
En la puerta de su edificio había un cartel que decía "reconstrucción". Otra vez. Entró rapidamente al departamento de dos ambientes, fue hasta la cocina, hizo un cafe, le pusó dos de azucar. Después fue a la computadora, se frustró al intentar escribir una historia de una mujer y su perro. La cafeína no lo permitía dormirse. Dio una, dos, mil vueltas. El sol asomó por la ventana del comedor. Mucha luz. Bajó la persiana. Se encerró en su cuarto y empezó a armar el albúm de su vida. Tenía que cambiar un par de piezas. Reconstruir. Así de simple.
Caminó un paso más, y consideró que había que hacer algo. Hacer algo era tomarse el colectivo 39 sobre Alvear y caminar hasta Palermo. Era una buena idea de verano. No de un jueves de junio. Mucho menos, a las tres de la mañana. No le importo. Lo hizo igual. En el bondi eran tres. Un viejo que estaba durmiendo, el chofer y ella. Se bajó en Honduras y caminó. Nunca supo para qué y por qué. Su terapia, su vida, su patología. Sintió el frío y sacó una bufanda de su cartera de marca. Los bares que siempre estan en la cresta de la ola los fines de semana estaban muertos. El barrio del lujo, era el barrio del silencio. No tenía miedo. El miedo es el futuro, el qué vendra. El miedo es el sometimiento a los hombres sin cabeza. A ir a cenar y escuchar que lo único importante es la guita. No pretendía eso de un tipo. No quería plata. No quería la vida perfecta. Queriá el amor a algo. A una vocación, a un hábito o a un animal tal vez. Basta de gente sin sentimientos. Quiero llorar con alguien cuando veo una película, decía. Cuando su cabeza se frenó, se frenó su cuerpo también. Había llegado casi a Santa fé, y algunos travestis la insultaron. Se río, y siguió. Hasta que pasó por la puerta de una pizzería. Se tentó con una porción de napolitana. Aunque un café con medialunas le interesaba más. La duda no era tan profunda. Pizza o café con medialunas. Salado o dulce. Amagó con entrar al local, y se arrepintió. Pasó un taxi vacío y lo paró de lejos. Subió y le dio la dirección de su casa. En todo el trayecto no se dijeron una palabra con el taxista.
En la puerta de su edificio había un cartel que decía "reconstrucción". Otra vez. Entró rapidamente al departamento de dos ambientes, fue hasta la cocina, hizo un cafe, le pusó dos de azucar. Después fue a la computadora, se frustró al intentar escribir una historia de una mujer y su perro. La cafeína no lo permitía dormirse. Dio una, dos, mil vueltas. El sol asomó por la ventana del comedor. Mucha luz. Bajó la persiana. Se encerró en su cuarto y empezó a armar el albúm de su vida. Tenía que cambiar un par de piezas. Reconstruir. Así de simple.
jueves, 19 de mayo de 2011
Y TODO LO DEMÁS TAMBIÉN
El semáforo se pone en verde. Avanzo. Pongo primera, segunda y tercera. De nuevo me agarra otro semáforo. Me quedo en la esquina, miro a la derecha y veo una pareja caminando de la mano. Él se ríe y ella le festeja su risa. Caminan unos metros más y se pierden entre la oscuridad de la noche. El semáforo de nuevo se pone en verde. Nuevamente hago los cambios correspondientes, pero esta vez agarro la onda verde y no paro hasta llegar a mi casa. Dejo el auto en el garage y me doy cuenta que no tengo sueño. Que es un jueves, que son las dos de la mañana y no quiero meterme en la cama. El quiosko que está al lado de mi casa está cerrado. La estación de servicio que está enfrente cerró definitivamente hace un tiempito. Pienso en que muchas veces me salvo cuando necesitaba comida para enfrentar el bajón y de otras necesidades también. Creo conveniente caminar un par de cuadras. Antes caminar un par de cuadras no me hacía bien. Eran los recuerdos. Estaban ahí, como molestandome para no poder despegar. Entonces, sabiendo que no hay nadie molestandome, decidí caminar. Despacio. A paso de viejo diría. No hay un alma en la calle, hace frío y no sé si es tan seguro el barrio. Pero me gusta el barrio. Es la escencia, la cuna, la infancia. Hago las dos cuadras y no me genera nada, ningún sintoma de extrañamiento. Es hora de volver a casa. Paso por un quiosko y compro unos chicles. Me quedo parado en la puerta de un bar, y como uno mientras miro la nada misma. Me quedó un minuto y me doy cuenta que realmente no paso ni una persona. Cuando estoy por llegar pienso en que haría si no tendría lo que tengo ahora. Sería todo más díficil, tal vez. Tenemos problemas, tenemos relaciones pasadas, tenemos momentos de fragilidad, tenemos momentos de bronca, tenemos historias, tenemos recuerdos, y por sobre todo, tenemos sentimientos. Lo más importante, al fin y al cabo, es que nos tenemos. El resto es puro humo. Y todo lo demás también.
lunes, 16 de mayo de 2011
DIVIDIDOS POR LA FELICIDAD
Caminaba por Santa Fé y se me iba el bondi. No tenía mucho tiempo para pensar, era el libro o llegar temprano a la facultad. Claramente la literatura ganó el partido. Entré convencido en comprarme el último de Murakami. Nunca entnedí esa manía de comprarme libros cuando todavía tengo cinco libros tirados para arrancar a leer. Se van acomulando y termino leyendo todos al mismo tiempo. Cuando miré el precio, me di cuenta que no tenía plata para comprarlo. Salí de la libreria. Me dio un poco de bronca, así que me pusé los auriculares en mis oídos y puse un poco de Sumo. Luca hablaba de los viejos vinagres, de las mañanas en el abasto y de un ojo blindado que lo mira mal. El contexto le daba la razón. Había viejos vinagres, viejas paquetas de Recoleta, y sentía que algun cheto me miraba mal de reojo. Seguro me estaba paranoiqueando. Seguí caminando, ya con la decisión tomada de no ir en bondi a la facultad, y mientras me metía en mi mundo ficticio pensaba que las cosas cambian. Que los estados de animos cambian. Que antes pensaba en algo que no tenía que pensar. Ahora pienso en algo que me mantiene fresco, nuevo , volviendo a ser yo. Si los fantasmas del recuerdo ya ni salen a patotearme. Dejando todo atrás. Siempre remarco que el pasado está a la vuelta de la esquina, igual que el dolor. Pero es cuestión de uno, no cruzarselo, intentar vivir el presente a pleno. Creo que no está mal matar al pasado escribiendolo. Pero es mucho mejor, escribir el presente. Y más, cuando te tengo en mi cama todos los días de mi vida.
miércoles, 4 de mayo de 2011
LA IDENTIDAD
Son las 3 de la mañana. Como de constumbre, no pude derrotar el sueño. Hice el clásico zappintg televisivo y cai en 6-7-8. Hoy en día debe ser el programa más controvertido de la televisión argentina. Que es una propaganda política a favor del gobierno, que cobran muchísimo dinero por parte del Estado para tapar la realidad y demás opiniones. Todo puede ser verdad, no tengo duda. Pero hay cosas que tanto el programa como el gobierno quieren mostrar que me parece alucinante. Desde una postura totalmente neutra como la que tengo, ver a una nieta de desaparecidos contar su historia, de como le costo asumir su rol de apropiada y sentirse una subersiva apenas se enteró que era hija de un represor, a realmente entender cual era su verdadera identidad, te llega hasta las lágrimas. Escuchaba una nota que Andy Kustnesoff le hizo a Lanata y me sentí totalmente defraudado por la respuesta de Lanata. No puedo entender como un tipo que peleó toda su vida por los valores de los derechos humanos se cague en la historia de Victoria Montenegro. Me parece abarrente. Desde mi rol de periodista, tengo la necesidad de opinar al respecto. Creo que uno no tiene que quedar pegado con ningun modelo de gobierno. Lo que si tiene que decir son las cosas buenas y malas que pasan en el país. El kirchnerismo podrá ser autoritoritario y desviador de la realidad, pero no puedo pasar por alto su lucha desde el primer momento por concientizar a la sociedad de que hay muchísimos jóvenes sin identidad. Imaginense vivir por años en una mentira, en una familia que te "salvó" de la subersión y que te crió con sus valores para que no sean como los "malos", como salvandolos de una guerra que nunca existió. Apropiarse de un bebé es un delito contra la humanidad, es lo más bajo en lo que puede caer un hombre. Por eso, me desespera saber que hubo tipos que con el nombre de "salvar la patria" se tomaron el deber de criar bebes que no les pertenecían. Incluso habian sido ellos mismos quienes asesinaron a sus verdaderos padres. Nadie está en la piel de los pibes que se criaron en una familia de mentira, en un circulo vicioso de engaños y en una vida totalmente falsa. No me gustó escuchar a Lanata cagarse en lo que luchó toda su carrera. Me gustó escuchar a Andy casi llorando al contar la historia de Victoria Montenegro. Esto no pasa por defender al gobierno. Pasa por una cuestión lógica, por el sentido de pertenencia. Y yo siento que mi pertinencia está con las Madres, con las Abuelas, que vienen luchando hace tantos años para que estos pibes recuperen algo escencial en la vida, la identidad. Asumir el compromiso de lucha es algo que nos debemos como país. Aprovechar esta democracia tan dañada para remover el pasado. Sanar las heridas del pásado es una tarea díficil. Solo nos queda la esperanza de ver que hay gente que se está moviendo por castigar a aquellos represores que mancharon nuestra historia. Yo creo en el pais de la justicia, sin abanderarme en ningún partido político ni en ningún gobierno. Todos somos madres y abuelas de Plaza de Mayo, eso nos tiene que quedar bien en claro a todos.
domingo, 1 de mayo de 2011
LAS COSAS QUE NO SE TOCAN
Me acosté en mi cama y miré el techo como suelo hacer cada vez que me baja el día de golpe. Miré en detalle la lámpara que ilumina mi habitación y me di cuenta que el artefacto solo cumplía con su función básica. Que había alguien que realmente iluminaba mi habitación y todo lo que me rodea hace ya un tiempo. Es díficil asumir que te quieran. Capaz para el que viene de padecer la falta de afecto (por llamarlo de algún modo), que venga alguien que con una simple sonrisa te alivie el día es algo único, que te hace emocionar hasta las lágrimas. No hace falta el agradecimiento, es verdad. Pero todos merecemos en la vida ese instante de placer. El amor nos da una cierta energía que dificilmente te la pueda dar otro síntoma.
Me estoy tapando con mi frazada, me corro un poco para la derecha y veo que tengo vacía la parte izquierda. Me siento un poco solo, como que me acostumbré a que me den esas caricias o ese beso de las buena noche. Por suerte, puedo decir que esta vuelta no es alguien que se fue para no volver. Lo que sí puedo decir es que me está enseñando cosas fundamentales: a volver a creer en el amor, a volver a creer en mí, a volver a creer en el placer de compartir la cama con alguien, a creer en que las risas sean la mejor terapia contra la tristeza, a creer en la seguridad de que un simple te quiero vale más que mil palabras, a que las cosas llegan de golpe cuando menos lo esperás, a compartir y a crecer, que de eso se trata el asunto. Las cosas fundamentales impulsan todo lo que nos rodea. El amor es el artífice principal de que el resto de la rutina esté en su debido orden. Quiero pensar que hay muchas más cosas que uno tiene que descubrir en la vida. Y espero que todas esas cosas fudamentales se relacionen con vos.
Me estoy tapando con mi frazada, me corro un poco para la derecha y veo que tengo vacía la parte izquierda. Me siento un poco solo, como que me acostumbré a que me den esas caricias o ese beso de las buena noche. Por suerte, puedo decir que esta vuelta no es alguien que se fue para no volver. Lo que sí puedo decir es que me está enseñando cosas fundamentales: a volver a creer en el amor, a volver a creer en mí, a volver a creer en el placer de compartir la cama con alguien, a creer en que las risas sean la mejor terapia contra la tristeza, a creer en la seguridad de que un simple te quiero vale más que mil palabras, a que las cosas llegan de golpe cuando menos lo esperás, a compartir y a crecer, que de eso se trata el asunto. Las cosas fundamentales impulsan todo lo que nos rodea. El amor es el artífice principal de que el resto de la rutina esté en su debido orden. Quiero pensar que hay muchas más cosas que uno tiene que descubrir en la vida. Y espero que todas esas cosas fudamentales se relacionen con vos.
lunes, 18 de abril de 2011
CABLE A TIERRA
El amor nos genera miedo. Es algo que está instaurado en la sociedad. En cualquier circunstancia y en cualquier momento. Cuando disfrutamos en su estado más puro de estar con alguien, nos agarra el temor a que nos dejen o que sea todo demasiado perfecto. Que sea un flash. Un momento. Que de repente todo pase a la nada misma. Cuando la relación se cae a pedazos, el miedo pasa por otro lado. Quiza por perder la rutina que adquiriste con esa persona. El miedo a estar solo. A tener que bancarsela sin el otro. Sin tu mano derecha o tu otra mitad. Todo eso hace a no terminar una relación por miedo a lo que viene. Por tener que salir a curtir la vida de manera solitaria a nivel sentimental. Cuando está consolodida la relación, tenés miedo de entrar en la inestabilidad. Parecería ser que todo es una sucesión de miedos. Es entendible que el amor va de la mano con el miedo. En esté ultimo tiempo pienso que el amor es lo más humano que tenemos. Es el síntoma que te distrae de todos los problemas. Estar con alguien que te hace sentir que te quiere es algo impagable. Que se preocupe, que te pregunte por tus cosas, que te diga "te quiero". Un simple te quiero puede ser mucho más fuerte que un miedo. Puede transformar un día feo en el días más soleado de tu vida. Es el poder de transformar las cosas. Me puede costar dormir, el insomnio me puede vencer casi sin pedirme permiso, pero cuando duermo con alguien que me tranquiliza se vencen todos los obstáculos. Una caricia, un mimo o un abrazo en la mitad de la noche sirve para que una vez que cerrás los ojos, los conflictos del día queden al margen. Es más importante de lo que uno cree. Para los que sufrimos el insomnio, el hecho que alguien que queremos se acueste al lado nuestro funciona como terapia. Remplaza a cualquier medicina, a cualquier pastilla o a cualquier método de combate contra el sueño. Levantarse a la mañana con la persona que vos querés, mirandote a los ojos, es algo que no se negocia. Creo que deberíamos dormir más de a dos. Creo que deberíamos incorporarlo como un método de combate contra el sueño. Yo creo en mi cable a tierra, y con eso basta.
jueves, 14 de abril de 2011
QUE BELLO ABRIL
Tengo ganas de ir al balcón, sentarme y ver pasar los autos, capaz con un vaso de vino en la mano. Ponerme los auriculares y escuchar una hora seguida Babasonicos. Tengo ganas de salir a pasear por Almagro en este momento. No me importa que sean las tres de la mañana y que mis posibilidades de que me roben aumentan a medida que pasen las cuadras. Tengo ganas de ponerme una cámpera, la capucha y que el viento me pegue fuerte en la cara. Tengo ganas de pasar por el quiosko y comprarme un montón de chocolates. Tengo ganas que mientras camino, me encuentre con alguién que está en la misma que yo y me haga un gesto de " te entiendo ". Tengo ganas de caminar hasta Villa Crespo, de pasarte a buscar y nos escapemos de la ciudad rutinaria y aburrida. Subís al auto, arrancamos y no sabemos donde vamos. Ni si volvemos. Tengo ganas de no pensar tanto y de ser alguien un poco más normal. Tengo ganas de poder dormirme a un horario coherente. Tengo ganas de cerrar los ojos y no dar vueltas en la cama. Tengo ganas de que en la televisión los mejores programas no los den a esta hora. Tengo ganas de ir hasta Ezeiza y tomarme el primer avión que salga a Nueva York. Tengo ganas de comprarme un kilo de frutillas, ponerle azucar y comerme una por una. Tengo ganas de ir hasta el hotel donde esta parando Sabina y darle un monton de textos que tengo escritos y que no son más que mucha poesía barata y que no pueden ser leídas por alguien que entiende tan bien a la prosa. Tengo ganas de mandarle un mail a Calamaro para explicarle que estoy empezando a entender su teoría de que de noche es más fácil escribir que de día. Tengo ganas de no ser tan repetitivo. Tengo ganas de no cerrarme casi siempre en los mismos temas. Tengo ganas de escribir una novela sobre la caza de elefantes en Sudáfrica. Tengo ganas de juntarme a tomar una cerveza con Leticia Bredice, para ver si está tan loca como dicen. Tengo ganas de gritar por todo el barrio que se puede vivir sin recuerdos. Tengo ganas de demostrarle a todos que no quiero volver al pasado. Tengo ganas de seguir tan metido en este presente perfecto. Tengo ganas de tener en mi casa un cine, y poder ver películas todo el día. Tengo ganas que mi trabajo sea escribir películas. Tengo ganas de ser director de cine. Tengo ganas de dirigir a Ricardo Darín. Tengo ganas de hacer la segunda parte de Nueces para el amor. Tengo ganas de contar una historia. Tengo ganas que esa historia sea algo convencional pero efectiva. Tengo ganas de que antes que ponga el punto final, vos tengas ganas de venir a dormir conmigo. Tengo ganas de gritar "que bello abril". Sos vos.
miércoles, 13 de abril de 2011
CON LA FRENTE MARCHITA
Al lugar que has sido feliz no deberías tratar de volver. Cuando hoy pise el Luna Park para ver al autor de esta frase tan exacta, le dí la razón como la mayoría de las veces que plantea sus discursos o sus letras. En ese lugar escuché diversas bandas, artistas que me hicieron llegar con su música a una plenitud total. Disfrute, me emocioné y hasta lloré alguna vez. Las últimas imágenes que se me vienen a la mente son de recitales sentimentalmente intensos. Un Calamaro, un tipo que me hace llegar a lo más hondo del corazón. Nunca creí que Sabina le iba a pisar los talones al Salmón. Sabina es el rey, la poesía exacta, la frase perfecta y una catarata de verdades en su recorrida de canciones. Tiene lo que decir en el momento que necesito escuchar.
Para mí el show no arrancó cuando toco los primeros acordes de Esta noche contigo, sino un rato antes. Aplaudo que mi show interno no fue como los de antes, sino que esta vez fue risueño. Incluso más anecdotico que en otras ocasiones donde la crisis se avecinaba a fastiadiarme una vez más. Es verdad que el destino nos cruza con gente en momentos inexactos. Que Sabina sea el telonero de un mambo incrementa un poco el factor recuerdo. Depende de uno cómo se toma cada frase. Por eso mismo, cuando decía "porque voy a salir esta noche contigo", yo pensaba en la persona que corté el teléfono hace un rato, que no sólo quiero salir esta noche, sino dormir cada noche y que me abraze cada madrugada cuando el insomnio me gana el partido. El tipo hablaba de que le sobraban los motivos. A mi también me sobran los motivos, para ser feliz, por haber encontrado la felicidad casi sin buscarla. Con entender que las sonrisas pueden tapar a los llantos. Que hay amores que sí mueren. No se puede negar que Joaquín te puede hacer pensar, como me lo hizo a mí todo el recital o mirar para otros lados. Que te puede ocasionar una lágrima. Pero la lágrima ya quedo en el fondo del río, y ya no llueve sobre mojado. Que ya no sigo debiendo canciones de amor. De hecho, a veces interpreto que me las deben a mi. Ni siquiera un amor puro, o una canción. Ya no me muerdo las uñas del rencor. Y pienso que es demasiado tarde, que hay que buscarse otro perro que les ladre (princesas). No quiero ser extremista al punto de pensar que algunas tuvieron la frente muy alta, la lengua muy larga y la falda muy corta. Ahora prefiero merendar besos y porros con alguien que lo disfruta, que valora mi prescencia, mi forma de ser. Que no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió. Ya no busco un amor civilizado. Estoy en el amor puro, en el amor verdadero, el real, el que no se idealiza tanto (siempre hay algo de idealización, no se puede ser careta). No hay guerra los lunes en el café del desayuno. Cuánto amor, cuantas veces puedo usar la palabra amor hoy en día. Estaba arrasada y pérdida, no quería que la nombre. Me envenenan los besos que voy dando, y sin embargo cuando duermo sin ti, contigo sueño. No voy más por el boulevard de los sueños rotos. No me den más pastillas para no soñar, ahora me dan otras pastillas que siguen sosteniendo esta continuidad de tu dulzura. Ya sabés: copas, risas y excesos. En estos tiempos, todos los excesos son naturales, porque son excesos de vos. Las amarguras no son amargas cuando las canta Chavela Vargas. Le cambiaría las amarguras no son amargas por cuando cantamos juntos en mi auto y terminamos durmiendo en mi cama como dos nenes de jardín de infantes.
Brindo porque todas las bodas, sean noches de boda y que todas las lunas sean lunas de miel. Ya no me muero por volver, con la frente marchita, cantaba Gardel. Cuanta razón Joaquín.
Para mí el show no arrancó cuando toco los primeros acordes de Esta noche contigo, sino un rato antes. Aplaudo que mi show interno no fue como los de antes, sino que esta vez fue risueño. Incluso más anecdotico que en otras ocasiones donde la crisis se avecinaba a fastiadiarme una vez más. Es verdad que el destino nos cruza con gente en momentos inexactos. Que Sabina sea el telonero de un mambo incrementa un poco el factor recuerdo. Depende de uno cómo se toma cada frase. Por eso mismo, cuando decía "porque voy a salir esta noche contigo", yo pensaba en la persona que corté el teléfono hace un rato, que no sólo quiero salir esta noche, sino dormir cada noche y que me abraze cada madrugada cuando el insomnio me gana el partido. El tipo hablaba de que le sobraban los motivos. A mi también me sobran los motivos, para ser feliz, por haber encontrado la felicidad casi sin buscarla. Con entender que las sonrisas pueden tapar a los llantos. Que hay amores que sí mueren. No se puede negar que Joaquín te puede hacer pensar, como me lo hizo a mí todo el recital o mirar para otros lados. Que te puede ocasionar una lágrima. Pero la lágrima ya quedo en el fondo del río, y ya no llueve sobre mojado. Que ya no sigo debiendo canciones de amor. De hecho, a veces interpreto que me las deben a mi. Ni siquiera un amor puro, o una canción. Ya no me muerdo las uñas del rencor. Y pienso que es demasiado tarde, que hay que buscarse otro perro que les ladre (princesas). No quiero ser extremista al punto de pensar que algunas tuvieron la frente muy alta, la lengua muy larga y la falda muy corta. Ahora prefiero merendar besos y porros con alguien que lo disfruta, que valora mi prescencia, mi forma de ser. Que no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió. Ya no busco un amor civilizado. Estoy en el amor puro, en el amor verdadero, el real, el que no se idealiza tanto (siempre hay algo de idealización, no se puede ser careta). No hay guerra los lunes en el café del desayuno. Cuánto amor, cuantas veces puedo usar la palabra amor hoy en día. Estaba arrasada y pérdida, no quería que la nombre. Me envenenan los besos que voy dando, y sin embargo cuando duermo sin ti, contigo sueño. No voy más por el boulevard de los sueños rotos. No me den más pastillas para no soñar, ahora me dan otras pastillas que siguen sosteniendo esta continuidad de tu dulzura. Ya sabés: copas, risas y excesos. En estos tiempos, todos los excesos son naturales, porque son excesos de vos. Las amarguras no son amargas cuando las canta Chavela Vargas. Le cambiaría las amarguras no son amargas por cuando cantamos juntos en mi auto y terminamos durmiendo en mi cama como dos nenes de jardín de infantes.
Brindo porque todas las bodas, sean noches de boda y que todas las lunas sean lunas de miel. Ya no me muero por volver, con la frente marchita, cantaba Gardel. Cuanta razón Joaquín.
lunes, 11 de abril de 2011
DESDE LEJOS NO SE VE
En el momento que apretás el botón para sacar una foto te sometés instantaniamente al recuerdo. A que esa foto sea el objeto de alegría, de tristeza o de nostalgia. Del pasado, de un momento específico que querías guardar en algún lugar de tu cabeza con una o más personas. Las consecuencias de ese instante suelen generar que uno quiera borrar aquel instante en algunos casos específicos. Ese celular, el de los malditos recuerdos. Esa computadora, llena de albumes que amagan con entrar nuevamente en tu vida. Esos portaretratos con una persona que no querés que este más en la mesita de luz de tu pieza diciendote al oído "no me borrés, todavía estoy". ¿Qué hubiese sido de la vida sin las fotos ? Me gustaría no poder ver al otro por una imágen, que el único contacto sea el personal y no por otro medio. Que el recuerdo venga solo y no mirandolo. Que no exista más el facebook ni las redes sociales. Que no puedas ver nada. Que no existan más las cámaras de fotos por unos meses. No lo digo para ofender el oficio del fotógrafo que se encarga de mostrar la realidad. Pero me gustaría jugar a eso, a vivir sin imágenes. A que todo sea imaginación o realidad. Fantasía, ficción o lo que haya. No hay mas fotos que puedan tocar un síntoma indeseado. No hay más fotos que estén siguiendote en algún lugar del mundo. No hay más viajes. No hay mas recuerdos. Eso, no hay mas recuerdos. Ahora, hay presente.
miércoles, 6 de abril de 2011
SIGUIENDO LA LUNA
La madrugada tiene algo especial. No sabría como definirla. Tengo la teoría que cuando dormís con alguien, sea amigo, amiga, novio, novia, fija (no se duerme con las fijas en realidad) o simplemente alguien que estás conociendo sin rótulos o compromisos, salen las mejores charlas en el momento previo a dormir. Cuando apagás la luz, la televisión y queda todo en silencio. Cuando se te viene el día la cabeza. Cuando la almohada te pide un poco de canalización mental. Cuando simplemente necesitás largar todo. Están solo esa persona y vos. Cuando era chico y venía algún amigo a dormir a mi casa siempre proyectabamos lo que ibamos a ser de grandes, o de las compañeras de grado, de los primeros amores, del valor de la amistad, de empezar a sentir algo por alguién o de si ibamos a seguir viendonos años más tarde. El tiempo pasa, las charlas pasan y los temas pueden pasar, siempre queda el amor (parece una frase hecha). En la secundaria hablás de los chapes, se acerca de a poco el sexo, hasta que finalmente se convierte en "el tema" a tratar. Aunque nunca dejás de comentar de las chicas del colegio, de las que bajas para ver en el recreo o esperás encontrarte en el boliche para ver si le podés robar una palabra o el icq. Cuando te vas curtiendo, haciendote cada vez más grande pensás en la rutina. Del laburo, de la facultad, de vivir solo, de la guita, de si llegás a fin de mes, de si podes ahorrar para comprarte un auto y los proyectos personales.
Cambian las personas, ya no dormís tanto con amigos y dormís con alguna chica. A mi me pasa que si duermo con alguien que estoy saliendo o curtiendo nada más, sin o con el rotulo de algo formal, me salen los temas más sensibles en ese momento. Ademas es como que me agarra la melancolía en su estado más puro. Me vuelvo cariñoso y un poco pelotudo también. El cariño y la pelotudes van un poco de la mano al fin y al cabo. Pero es ahí, en esa oscuridad más negra que nunca, en el silencio más silencioso de todos, en esa televisión nunca tan apagada y en esa calle sin tantos autos ni tanto ruido, que estoy sensible al dialogo fácil. O más necesitado de un abrazo también. Sin dudas, muchas veces dormí con mujeres que no significaron nada, y así y todo les sacaba temas personales. Las minas habran pensado que loco o que pelotudo es este flaco. Venían al sexo fácil y el pibe les complicaba la vida con algo que no estaban dispuesta a hablar. Hoy pensé mucho en todo esto. En plena madrugada, donde mejor me muevo lo terminé de deglutir. Y es ahora, mientras guardo los aritos de una persona que durmió conmigo, que no sólo necesito afecto en estos momentos de melancolía extrema. Me gustaría contarle que quiero ser cuando sea grande.
Cambian las personas, ya no dormís tanto con amigos y dormís con alguna chica. A mi me pasa que si duermo con alguien que estoy saliendo o curtiendo nada más, sin o con el rotulo de algo formal, me salen los temas más sensibles en ese momento. Ademas es como que me agarra la melancolía en su estado más puro. Me vuelvo cariñoso y un poco pelotudo también. El cariño y la pelotudes van un poco de la mano al fin y al cabo. Pero es ahí, en esa oscuridad más negra que nunca, en el silencio más silencioso de todos, en esa televisión nunca tan apagada y en esa calle sin tantos autos ni tanto ruido, que estoy sensible al dialogo fácil. O más necesitado de un abrazo también. Sin dudas, muchas veces dormí con mujeres que no significaron nada, y así y todo les sacaba temas personales. Las minas habran pensado que loco o que pelotudo es este flaco. Venían al sexo fácil y el pibe les complicaba la vida con algo que no estaban dispuesta a hablar. Hoy pensé mucho en todo esto. En plena madrugada, donde mejor me muevo lo terminé de deglutir. Y es ahora, mientras guardo los aritos de una persona que durmió conmigo, que no sólo necesito afecto en estos momentos de melancolía extrema. Me gustaría contarle que quiero ser cuando sea grande.
miércoles, 30 de marzo de 2011
PASAJERA EN TRANCE
Las luces de la habitación estaban apagadas hace un tiempo. Toda indundada de recuerdos. Cada objeto significaba el dolor del ya no ser. Por lo bajo pedían recobrar un poco de vida, que tan lastimada estaba. Reírse. Dejar de ser angustias. Convertirse en felicidad. La televisión se había cansado de quedarse hasta las cinco de la mañana encendida con series y películas, como un fiel reflejo de la soledad. El equipo de música no quería poner canciones tristes para sentirse mejor. La cama no quería que esté solo con ella, necesitaba alguién más capaz de encender la pasión. Vos entraste y prendiste la luz. Iluminaste nuevamente el cuarto. Lo llenaste de color, de vida, de ganas, de actitud por sobre todas las cosas. Sacaste de tu cartera tu perfume y dejaste la fragancia en mi almohada para que yo sienta tu olor aunque no estés durmiendo conmigo ahora. Como un mensaje, una obligación de hacer. Los objetos comenzaron a verme con otra cara. Tengo el presentimiento de que me guiñan el ojo o me aplauden. Se cansaron de ser objetos de llanto. Era hora de un cambio. No habían cumplido las expectativas otras musas. Sin embargo, ellos te señalan a vos como la responsable de este giro de 360 grados. Tu frescura, tu dulzura, tus palabras, tus mimos, tu belleza y esa forma de ser innegociable.
En esta locación se habían perdido valores. Se había ido el amor. Por sus propios medios decidó huir. Sin esperarlo, vino alguien que volvio a revivirlo, a decirle "che amor, acá estoy, existo, se que habías perdido las esperanzas". El amor ahora está más tranquilo, con sus inquietudes y sus miedos. Pero seguro, de qué es el momento y la persona correcta. Las proyecciones son inevitables, son parte del juego, de interesarse, de volver a sentir un nuevo sabor a hogar. No es una revancha. No es un remplazo. Nadie remplaza a nadie acá. Esta vuelta parece ser todo más real. Rápido y puro. Esa pureza que transmite certeza. Y esa certeza que cada vez golpea más mi cama y me convence de que sos la indicada en este momento. De que sos la pasajera de este barco que estaba vacío hace rato. De que sos vos, simplemente vos.
En esta locación se habían perdido valores. Se había ido el amor. Por sus propios medios decidó huir. Sin esperarlo, vino alguien que volvio a revivirlo, a decirle "che amor, acá estoy, existo, se que habías perdido las esperanzas". El amor ahora está más tranquilo, con sus inquietudes y sus miedos. Pero seguro, de qué es el momento y la persona correcta. Las proyecciones son inevitables, son parte del juego, de interesarse, de volver a sentir un nuevo sabor a hogar. No es una revancha. No es un remplazo. Nadie remplaza a nadie acá. Esta vuelta parece ser todo más real. Rápido y puro. Esa pureza que transmite certeza. Y esa certeza que cada vez golpea más mi cama y me convence de que sos la indicada en este momento. De que sos la pasajera de este barco que estaba vacío hace rato. De que sos vos, simplemente vos.
viernes, 25 de marzo de 2011
VOLVER A Mí
Tengo que confesarte que cada vez que te dejo en la puerta de tu casa pongo en el auto la radio. Pero no escucho musica, elijo algún programa de AM, de gente hablando a la madrugada temas de distinta índole, desde actualidad hasta de sexo. En realidad, no solo lo hago cuando te dejo en tu casa, es una constante en mis regresos a horarios tardíos. Es una forma de sentirme acompañado los cinco minutos que tengo de viaje desde tu departamento hasta el mio. Recién escuchaba que un tipo hablaba de la felicidad. Si hay una palabra que escuche en estos días fue felicidad. Como te dije varias veces, es lo más importante que tenemos. Te hace moverte mejor en los distintos ambitos de la vida (y vos lo viviste en este mes). Sé que es dificil. Implica tomar desciciones, cambiar de aire y empezar de cero. Es un cambio. Los miedos, las inseguridades y el pasado está presente comiendote la cabeza. Vos no los escuches. Escucha tus combicciones, tu postura y tu seguridad. Si todo lo que plasmas en palabras lo decis o lo sentís en serio, te va a resultar todo más fácil. Más llevadero. El dolor está, solo que hay que reducirlo a través de gente que sí te hace bien. Sabés que te voy apoyar. Que te voy a dar ese abrazo. Que voy a poner la yaga de mis dedos en tu espalda para que estés más comoda. Y por sobre todas las cosas, voy a estar para robarte una sonrisa. Esa sonrisa rubia de barrio especial. Sé que todo esto parece un sueño, algo totalmente abstracto a la realidad. Extraño. Nunca visto. Adrenalinico. A máxima velocidad. Está pasando. Lo estamos asumiendo. Genera temores. No es cuestión de pensar a futuro. Ni de rotular. Ni de hablar del largo plazo. Es cuestión de vivir el momento. Y yo tengo claro, que en este momento, vos sos todo lo que necesito.
martes, 22 de marzo de 2011
EL PASADO
Si mirás el pasado las posibilidades se desvanecen. Si mirás el presente aumentan las probabilidades de que sigamos construyendo. El pasado es la huella de lo que fuimos, borrarlo es imposible, hay que aprender a convivir con él. Sé que si te frenas en algín momento, vas a querer volver ahí, por miedo a la rutina. Estoy seguro. Sé también que a las palabras se las lleva el viento. Que por más que prometas, en un solo hecho puede cambiar todo lo que sentís. Hay que vivir del presente y pensar en el futuro. Si crees que no tenes a largo plazo objetivos o un proyecto tenés que dar un paso al costado. Puedo sonar egoísta pero tengo mis razones. Quiero ser un poco egoista, ya fui demasiado comprensivo este último tiempo. No entiendo la velocidad de cómo se está dando esto. No puede ser todo tan perfecto. Juro que hace una semana nadie puede sacarme la sonrisa de mi cara, y me levanto con otro ánimo. Ni hablar de acostarme. Ayer cuanto te fuiste, no quería que te vayas. Disfrutaba estar con vos: acostados, mirandonos y ententendiendo que nos entendemos. Es la ecuación simple. Mi cama me guiño el ojo. Se sentía orgullosa de tu prescencia, de tu dulzura. No me suelen pasar estas cosas tan rápido. Supongo que tendrás algo que genera que te quiera ver todo el tiempo. Puede ser que sea la adrenalina, que el tiempo nos corre (o eso interpretamos nosotros). Que capaz en una semana todo vuelve como antes. Que otra vez me acuesto sólo y empiezan los malditos recuerdos. Las falsas expectativas pueden hacerme mal. Por eso, intento creer que es todo pasajero. Un amor de verano o de otoño ya. Es medio delirante todo lo que estamos viviendo.
Las ganas de abrazarnos, de sentir una química en tan poco tiempo y de tener confianza. Todo pasa por alguna razón. Elijo vivir el momento, elijo seguir manteniendo esta confianza. Sin filtros ni tabues ni ataduras. Estar bien es una decisión que vos me enseñaste. Sos responsable. No miremos el pasado, es una obligación, un juego que te propongo estos días. Es la única forma de abrazarnos y dormirnos juntos, sin que todo sea algo utópico. No hay nada mejor que una rubia después de otra rubia. No hay nada mejor que el amor después del amor.
Las ganas de abrazarnos, de sentir una química en tan poco tiempo y de tener confianza. Todo pasa por alguna razón. Elijo vivir el momento, elijo seguir manteniendo esta confianza. Sin filtros ni tabues ni ataduras. Estar bien es una decisión que vos me enseñaste. Sos responsable. No miremos el pasado, es una obligación, un juego que te propongo estos días. Es la única forma de abrazarnos y dormirnos juntos, sin que todo sea algo utópico. No hay nada mejor que una rubia después de otra rubia. No hay nada mejor que el amor después del amor.
jueves, 17 de marzo de 2011
SEÑAL QUE TE HE PERDIDO
En mi habitación todos lo que me rodean me están mirando. Se están burlando de mí. Los libros caminan y viene hacía a mí, buscando guerra. Es la reencarnación de Cortazar que me quiere asesinar por lo mal que escribo o que Sábato se quiere meter en un tunel de verdad con tal de no leer lo que intento plasmar día a día. Los discos, por su parte, creen que les estoy faltan el respeto. Sabina se agarra la cabeza e insulta "coño, yo me mato haciendo poesías para que este tío venga con poesías baratas, mierda ". Fito Páez no cree que exista el amor después del amor, y ofrecería su corazón. Ni hablar del Indio Solari que me considera un atentado a la prosa, me mira de reojo y me dice "ropa sucia afuera", y se esfuma. Los cuadros me señalan, Lennon prefiere la guerra antes que mis cursiadas. Los tres chiflados no quieren hacer reír a la gente. Curly se quiere dejar crecer el pelo y Moe es capaz de cortarse el flequillo. Calamaro se fuma un porro, me mira y se adjudica culpas por mi situación, " ¿para qué compuse Crimenes Perfectos o Para no olvidar"?, "me tenía que haber dedicado a las muzzas, pero de la pizza, y no a las musas para que este pendejo de mierda no se sienta tocado con mis temas". Ortega quiere dejar el fútbol que es lo que más ama en la vida, ni siquiera quiere jugar de nuevo en River. Rogers Waters suspendió su vista a Argentina. Manu Chao empezaría a cantar a favor del capitalismo, y sostiene que la revolución es imposible hoy en día. La botella de agua mineral se vuelca con tal de la que no la tome, prefiere ser absorbida por el suelo y los microbios. Los perfumes vacíos bailan y gozan todas las veces que me llene de ellos para ponerla y salía virgén de cada salida con cada mina. La lámpara no me deja prenderla, y cada vez que la tocó me da chispazos. Las zapatillas desatan los cordones y salen de la habitción. El jean se empieza a romper de a poco. Los chocolates anotan en una planilla como voy a quedar en veinte años gracias a ellos, mostrandome un futuro lleno de gordura. El equipo de música no deja que entré ningún disco más. La televisión se apaga. La luz comienza a titilar cada vez más fuerte. La notebook es lo único que me acompaña. La cama me tira al suelo e intenta quedarse sola. El suelo está caliente y genera que vuelve a la cama. Me van empujando entre los dos y me sacan al pasillo. Me dejan solo con la notebook, quien resignada me deja seguir escribiendo por la lástima que le genero. En el pasillo está todo oscuro y me da un poco de miedo. Entro al baño y prendo la luz, cuando quiero sentarme en el inodoro para estar más comodo, me resbaló. Salgo corriendo, y voy hasta la cocina. La heladera esta vacía, no hay ni un poco de agua. Voy hasta la alacena y sólo queda una galletita de agua, que cuando la muerdo, se deshace en diez pedazos. Abro la puerta de mi casa y voy a tomar el ascensor. No anda. Voy por las escaleras y siento que cada vez que bajo un piso, van desapareciendo los escalones. Llego abajo y saludo al portero, ni me registra. Ni siquiera me abre la puerta. Justo entrá un vecino que no me saluda, pero que me permite salir. Quedo en la calle descalzo con la notebook en la mano, mi shorcito de argentina y mi remera de la naranja mecánica. Corro hasta la esquina y te veo venir de frente. Son las 2 de la mañana de un martes, ¿qué haces aca? ¿de dónde venis?. No me respondés. Te reís de mí y te vas corriendo para el lado de tu casa. No sé si eras vos o un fantasma. O mi imaginación. No te sigo. Todo me da miedo. No hay un alma en la calle. Corro de nuevo hasta mi casa con los ojos cerrados, me siento en la puerta de mi edificio y escribo "no quiero que me abandones". Cierro la notebook, la pongo como almohada y me tiro a dormir. Me levanta un policiía y me echa. Le digo que es mi casa, no me cree. Piensa que estoy loco y me quiere llevar. Logro convencerlo y al final me suelta. Le toco la puerta al portero y no quiere abrirme, hasta que se cansa de mi insistencia y me abre. Me muestra un palo como para pegarme. Subo las escaleras a las apuradas y vuelvo a mi departamento. Por suerte deje la puerta abierta, entro de nuevo, llego a mi habitación y está todo como antes que comience el caos. La cama me brinda su amor incondicional nuevamente. Antes de cerrar los ojos, me paro, agarro tu foto y la rompo. Ahora sí, me puedo dormir. Los pedazos de fotos que quedan en el suelo se convierten en un fantasma con tu forma, se acerca a mí. Lo miro con desprecio y se va por la ventana. Espero que esta vuelta no vuelva más.
martes, 15 de marzo de 2011
HOPE
Necesito que entiendas lo que estoy diciendo. Quiero encontrar la forma exacta de que vos te acerques a mí. No creas que es para algo normal. Pienso distintas variantes y veo que todas son demasiadas predecibles. A veces imagino mandarte una carta, pero de esas antiguas, como las que escribían nuestros padres. Ir al buzón que está en la puerta de tu edificio y meter ahí algún escrito que te pueda mover algo. Sería algo demasiado cursi, ¿no?. Otra forma sería mandarte un mail, diciendote cosas dulces. Y como última opción esperarte en la puerta de tu casa. Las tres alternativas las considero totalmente estúpidas. No tengo ganas de gastar palabras en algo que te va a generar risas al por mayor. No tengo ganas de escribir un mail, no me va la tecnología para mostrar sentimientos (aunque este caso no sería algo tan frágil como en otros momentos). Sentarme en la puerta de tu casa es demasiado brusco, con tendencias obsesivas, que es mejor ocultarlas, aunque esten ahí merodiando.
Todo esto es por una razón: verte una vez más . No es ni siquiera para rogarte un amor utópico, ni para pedirte que volvamos a ser lo que fuimos, ni siquiera llorarte y decirte una zarta de chamuyos baratos. Simplemente es con el objetivo que te acerques sin miedos ni fantasmas en tu cabeza. Que entiendas que no quiero lo que antes quería. Que esto es algo más simple, menos rebuscado. Que compartamos momentos. Una vez cada tanto. No pido algo permanente ni una estabilidad absoluta. Podríamos decir que es un punto medio, con lo polémica que es esta palabra. Sé que te vas a indignar con este planteo, sé que vas a pensar que estoy muy loco. Como siempre, te digo que no me importa. Vos también estás un poco loca. Entre locos nos entendemos. En cierto punto yo ni sé lo que quiero y vos tampoco. El problema es que te veo y me dan unos cosquilleos en la panza. Escucho voces del más allá que me dicen cuando te tengo enfrente: "dale un beso, no te quedes como un tarado mirándola o escuchándola hablar". Con las voces me llevo mal. Las quiero evadir, me tapo los oídos para no escucharlas, intento taparlas con música y no puedo lograrlo. Me pongo un disco de Jack Johnson, me doy energías positivas y el sonido me lleva a vos. A imaginarte bailando conmigo en este momento, moviéndonos como dos adolescentes sin ningún tipo de problemas. Subo un poco más la música y sigo cantando. Ahora él es el que me dice esto, sin decirlo en ninguna canción: "acercate vos, hace lo que sientas, si ya tenes el no". Si, es verdad que tengo el no, pero tampoco tengo el sí. Es una guerra del no contra el sí. Yo sé que para vos es no, y que capaz puede ser sí en algún momento. Muy remota la chance, soy conciente.
Te propongo algo, ponete un tema de Jack Johnson vos también. Movete. Reíte. Canta. Baila si queres. Agarrate la cabeza, mordete los labios y decí "sos insoportable". Cuando terminés de decir eso, me mandás un mensaje de texto y ahí yo voy a saber que entendiste mi señal.
" Your reflection is a blur, out of focus But in confusion the frames are suddenly burnt and in the end of a roll of illusion, a ghost waiting its turn, now I can see right through, it's a warning that nobody heard "
Todo esto es por una razón: verte una vez más . No es ni siquiera para rogarte un amor utópico, ni para pedirte que volvamos a ser lo que fuimos, ni siquiera llorarte y decirte una zarta de chamuyos baratos. Simplemente es con el objetivo que te acerques sin miedos ni fantasmas en tu cabeza. Que entiendas que no quiero lo que antes quería. Que esto es algo más simple, menos rebuscado. Que compartamos momentos. Una vez cada tanto. No pido algo permanente ni una estabilidad absoluta. Podríamos decir que es un punto medio, con lo polémica que es esta palabra. Sé que te vas a indignar con este planteo, sé que vas a pensar que estoy muy loco. Como siempre, te digo que no me importa. Vos también estás un poco loca. Entre locos nos entendemos. En cierto punto yo ni sé lo que quiero y vos tampoco. El problema es que te veo y me dan unos cosquilleos en la panza. Escucho voces del más allá que me dicen cuando te tengo enfrente: "dale un beso, no te quedes como un tarado mirándola o escuchándola hablar". Con las voces me llevo mal. Las quiero evadir, me tapo los oídos para no escucharlas, intento taparlas con música y no puedo lograrlo. Me pongo un disco de Jack Johnson, me doy energías positivas y el sonido me lleva a vos. A imaginarte bailando conmigo en este momento, moviéndonos como dos adolescentes sin ningún tipo de problemas. Subo un poco más la música y sigo cantando. Ahora él es el que me dice esto, sin decirlo en ninguna canción: "acercate vos, hace lo que sientas, si ya tenes el no". Si, es verdad que tengo el no, pero tampoco tengo el sí. Es una guerra del no contra el sí. Yo sé que para vos es no, y que capaz puede ser sí en algún momento. Muy remota la chance, soy conciente.
Te propongo algo, ponete un tema de Jack Johnson vos también. Movete. Reíte. Canta. Baila si queres. Agarrate la cabeza, mordete los labios y decí "sos insoportable". Cuando terminés de decir eso, me mandás un mensaje de texto y ahí yo voy a saber que entendiste mi señal.
" Your reflection is a blur, out of focus But in confusion the frames are suddenly burnt and in the end of a roll of illusion, a ghost waiting its turn, now I can see right through, it's a warning that nobody heard "
domingo, 13 de marzo de 2011
OK, PERDÓN
Rompo algunas botellas de vino que tengo en la alacena. Con los vidrios hago un camino desde tu casa hasta mi casa. Los pongo separados y en pila. Cada uno de esos pilones van a significar un recuerdo de lo que fuimos. Va a ser algún momento irremplazable de nuestra historia. Esos que nunca vamos a olvidar ni vos ni yo. Vos vas a bajar de tu departamento y vas a encontrarte con esa imagen y vas a seguir el camino. Vas a juntar cada uno de los vidrios, y cada vez que te cortes con alguno va a significar una herida, que sería lo equivalente a todas las que vos me generaste en todo este tiempo. Si tenés suerte no te vas a cortar, es poco probable. Cada vez que te cortes va a ocasionar que la cabeza te retumbe un poco. Para que pienses en mí. Se te van a cruzar imágenes del pásado, y por ahí alguna sonrisa se te forme en la cara. Te va a salir sangre y la vas a lamer pensando que ahí estoy yo. Es como una forma de pedirme perdón. A la mitad del recorrido, te vas a frenar y te vas a sentar en el escalón de un edificio. Ahí vas a agarrar el celular, que lo vas a impregnar de sangre y me vas a llamar. Voy a ver tu número y no te voy a atender. Quiero que llegués a la meta: mi casa. Vas a llorar, a gritar, a sufrir y te vas a dar cuenta que lo único que tenés que hacer es seguir juntando vidrios. Cuando estés a un paso de mi casa, vas a estar brotada en sangre. Pero te va a gustar estar así y vas a romper el celular en mil pedazos. Te vas a sacar la remera, tirandola en un zanjón y vas a quedar en corpiño. La gente te va a mirar y el policía de al lado de mi casa no te va a decir nada porque se va a quedar apreciando tu cuerpo. Vas a tocarme el portero electrico y al primer sonido no te voy a atender. Espero dos minutos a que vuelvas a tocar y recién ahí te atiendo. Al atenderte me decis "soy yo". Pienso, ¿sos vos realmente? ¿tuve que hacer todo eso para que llegues a mì?. El portero de mi edificio te va a mirar con cara rara, pero como está siempre medio dormido y le abre a cualquiera, te va a dejar pasar. Las gotas de sangre van a caer por todo el palier, por todo el ascensor y luego por la puerta de mi casa. Yo voy a salir a abrirte. Vos simplemente me vas a mirar con los ojos llorosos y vas a decirme "te amo". Tus dichos van a ser de compromiso, como una forma de que paren de sangrar tus heridas. A mí no me va a importar el por qué de ese repentino amor por mí, pero escuchar de tu boca esas palabras me va a enceguecer. Al punto que te voy abrazar y me voy a llenar de tu sangre. Vos me vas a apretar fuerte, y me vas a decorar los pisos del comedor de color rojo. Sola, vas a sacarte la pollera y me vas a empujar contra la mesa. En bombacha y corpiño vas a sacudirte toda la sangre arriba mío. A mí me va a encantar y voy a sacarme toda la ropa para cubrirme con tu sangre. Vos vas a quedarte encima mío unos minutos hasta que te desmayás. Recién ahí yo te doy un beso para reanimarte. Cuando te levantás, vas a estar en mi cama, tapada y curada de tus heridas. Me vas a acariciar la cara y vas a hacerme una sonrisita, sin decir nada. A los pocos segundos te vas a quedar dormida de nuevo. Yo me voy a acostar despacio al lado tuyo. En medio de la noche, voy a darme cuenta de que estás en mi cama de nuevo y voy a prender la lámpara, nada más para verte dormir y disfrutar el momento. A la mañana te vas a levantar primera. Te vas a ir sin levantarme ni avisarme. Vas a ir a buscar la pollera al comedor y te vas a poner una de mis remeras viejas, que vas a sacar del placar de mi habitación. Ni bien llegues a la vereda vas a juntar los vidrios que quedan, pero esta vuelta con una escoba que le pedis al verdulero de al lado de casa y así no generarte más heridas. Vas llegar a tu casa y te vas a ir a dormir de nuevo, aliviada. Yo me voy a leventer y voy a darme cuenta que te fuiste. A los pocos segundos, abro la alacena y agarro una botella de vino. Esta vuelta no la rompo. Busco dos copas y me sirvó una, para mí. La próxima vez que vos vengás a mi casa, lo vas a hacer sola. El camino ya lo conocés. Las heridas ya cicatrizaron. Mientras tanto, la otra copa la voy llenando de a poco, porque sé que en cualquier momento me tocás el portero eléctrico de nuevo.
PARA NO OLVIDAR
No quiero formalidad con vos. No quiero que seas mi novia. No quiero que seas mi amante. Ni siquiera quiero que seas mi fija de los sábados a la noche. Lo mío con vos va mucho más alla. No quiero conceptualizar nuestra relación. Tampoco quiero ni necesito llamarlo "relación". Quiero vivirla de una forma distinta. Que no haya compromisos, ataduras ni explicaciones. Que cada uno tenga la libertad de hacer lo que quiera. De acostarnos con quien se nos plazca, siempre y cuando ninguno de los dos nos enteremos. Que no sea conflctivo el amor que nos tenemos. Que el cariño este sabiendo marcar los límites. Acá juegan los sentimientos. No hay dudas de que hay sentimientos del pasado. Pero estos sentimientos marcados influyen en cierto punto en vos. Yo soy realista, no veo problemas en compartir momentos con alguien que me genera alegría. Disfruto con vos, y de vos. De cada momento. Desde tomar una simple cerveza a estar sentados fumando un cigarrillo. De cantar una canción en el auto hasta reirme de tu sonrisa hermosa. Disfruto verte caminar, reir y tocar tu piel de vez en cuando. Robarte un abrazo. Todavía tengo la sensación de estar abrazados en la calle, como en los viejos tiempos. Pese a todos los recuerdos especiales, no quiero la formalidad. No quiero un te quiero, no quiero cursiadas. Quiero los abrazos, las risas y los buenos momentos. De otra forma, sin complicaciones ni planteos. Que si tengo ganas de llamarte un martes a las siete de la tarde para ir a tomar un vino, lo pueda hacer. Que si vos tenes ganas de ir a comer una pizza un miercoles a las once de la noche también lo puedas hacer. Sin la necesidad del compromiso. Sin el deber de fidelidad. Solamente vivir momentos. Sé que la pasas bien conmigo. Sé que te relajas. Sé que podemos hablar de todos los temas sin restricciones. Siento que te entiendo en casi todo lo que me decis. A veces ni tenes que decirme las cosas para que yo entre en razón. Es como una energía especial. Una conexión única.
Estando al lado tuyo no hay tiempo. Me meto en un mundo distinto. Una especie de división del mundo en dos fracciones, el primero es el real, el de la gente que nos rodea, el del mozo que nos trae las cervezas, el del barman que hace los tragos y el de los autos que me tocan la vocina porque doble mal. El otro es el nuestro, sin horarios, sin celulares, sin otra cosa que nosotros dos entendiendonos. Es un planteo un poco complicado tal vez. Es una prueba a la cual hay que someterse. A intentarlo. A insistir. A recuperar el tiempo perdido sin que el tiempo nos corra. Sabiendo que pueden pasar una semana, dos o tres sin hablarnos. Y que así y todo, podamos sentarnos o acostarnos en una cama cerrando los ojos y estando tranquilos que hay una persona que entiende a la otra. Que en estos tiempos que corren, de escasez de coincidencias, exsten dos personas que se quisieron pero que eligen no querese como antes. Pero que quieren pasarla bien, sabiendo cada uno lo que le gusta al otro y como hacerlo sentir feliz. No solo pasa por algo sexual, pasa por la sensación de comodidad. De que está todo dicho y hecho. De que no hay carga ni presiones. Solamente nuestro mundo, ese que decidí llamarlo el de ficción, que tiene una dosis elevada de realidad y que solo nosotros interpretamos. Una ficción que nos encanta vivir, y un mundo en el cual la tranquilidad nos genera una estabilidad desestabilizante. No quiero ser tu mejor amante. Simplemente quiero ser yo. Y que vos seas vos. Que seamos nosotros. Que no vamos a volver a ser lo que fuimos. Nos vamos a reinvetar. Es una nueva faceta nuestra. Que no sea un recuerdo prohibido olvidado en el olvido. Que haya una tarde de lluvia, de tu pelo enredado. Y cuando nos despertemos en un día presumido, nos quedemos un poco en las alturas. Para que contar el tiempo que se ha ido, para que contar el tiempo que nos queda. A vivir se ha dicho. Será posible, será dormido.
Estando al lado tuyo no hay tiempo. Me meto en un mundo distinto. Una especie de división del mundo en dos fracciones, el primero es el real, el de la gente que nos rodea, el del mozo que nos trae las cervezas, el del barman que hace los tragos y el de los autos que me tocan la vocina porque doble mal. El otro es el nuestro, sin horarios, sin celulares, sin otra cosa que nosotros dos entendiendonos. Es un planteo un poco complicado tal vez. Es una prueba a la cual hay que someterse. A intentarlo. A insistir. A recuperar el tiempo perdido sin que el tiempo nos corra. Sabiendo que pueden pasar una semana, dos o tres sin hablarnos. Y que así y todo, podamos sentarnos o acostarnos en una cama cerrando los ojos y estando tranquilos que hay una persona que entiende a la otra. Que en estos tiempos que corren, de escasez de coincidencias, exsten dos personas que se quisieron pero que eligen no querese como antes. Pero que quieren pasarla bien, sabiendo cada uno lo que le gusta al otro y como hacerlo sentir feliz. No solo pasa por algo sexual, pasa por la sensación de comodidad. De que está todo dicho y hecho. De que no hay carga ni presiones. Solamente nuestro mundo, ese que decidí llamarlo el de ficción, que tiene una dosis elevada de realidad y que solo nosotros interpretamos. Una ficción que nos encanta vivir, y un mundo en el cual la tranquilidad nos genera una estabilidad desestabilizante. No quiero ser tu mejor amante. Simplemente quiero ser yo. Y que vos seas vos. Que seamos nosotros. Que no vamos a volver a ser lo que fuimos. Nos vamos a reinvetar. Es una nueva faceta nuestra. Que no sea un recuerdo prohibido olvidado en el olvido. Que haya una tarde de lluvia, de tu pelo enredado. Y cuando nos despertemos en un día presumido, nos quedemos un poco en las alturas. Para que contar el tiempo que se ha ido, para que contar el tiempo que nos queda. A vivir se ha dicho. Será posible, será dormido.
sábado, 12 de marzo de 2011
PIENSO (LUEGO EXISTO)
Pienso que vos pensas que yo pienso en vos todavía. No pienso que vos pienses que yo pienso en otra mujer. Pienso que crees que yo creo que sos la única. No pensas que a lo mejor hay otras compitiendo. Pienso que si pensás un segundo en lo que estoy diciendo pensarías volver un instante conmigo. A la vez pienso que pensas que estoy un poco loco. Pero que eso que pensas de mí te gusta. Porque al fin y al cabo, pensas que pensando en mí hay alguién que está pensando en vos. Pensar que no pienso en otra persona es un error. Pienso que sos irremplazable, como todos los seres humanos. Si me pondría a pensar más a fondo sobre vos capaz no pensaría lo que pienso de vos. A veces pienso que vos no sabés lo que pienso de tu manera de ser. Que solamente pensas que yo pienso en volver todo el tiempo con vos. Estas con un pensamiento equivocado. Lo que yo pienso es que pensar en vos me genera pensamientos hermosos. Y en vez de pensar cosas que me generan tristeza, prefiero pensar en vos. Al pensar en vos terminó pensando demasiado. Creo que termino siempre pensando en mandarte alguna señal. Pienso que la señal la tomás cuando solamente a vos te conviene. Yo pienso en lo que vos pensas y me da la impresión de que tu pensamiento es egoísta. Así y todo, pienso que el egoísmo es lo que me hace pensar si realmente es lo que pienso de vos. No pienso que vos pienses que yo no te quiero. Te deje muy en claro que mis pensamientos sobre vos son únicos. Que por más que piense que no piense en vos, termino pensando un rato. Despues vuelvo a pensar en eso que pensé y me contradigo. Pienso que sos la más linda. Cuando te veo compruebo mi pensamiento. Pienso que tenés las piernas más lindas de la tierra. Eso no quita que no piense que tenés defectos. No quiero que pienses mal con lo que estoy pensando. Simplemente te digo lo que pienso de vos. Aunque vos pienses que yo solo pienso que vos pensás en como hacerme mierda. No pienso que seas una hija de puta. Lejos estoy de pensar eso. Estoy mas cerca de pensar que mis pensamientos sobre vos te llegan de alguna forma. A vos te gusta que piense en vos y generás que cuando deje de pensar en vos, vuelva a pensar en lo mismo. Es como que pensas que si yo pienso en vos, estás inmune. Pienso que estás con muchos otros tipos. Pero que esos tipos no piensan en vos como yo pienso en vos. Pienso que no debería pensar tanto en vos. Debería pensar más en mi. En pensar como quererme más. Lo que pasa es que al pensar en mi, pienso en vos, y terminó pensando que vos pensas que escribo todo lo que pienso. No pienses eso. Hay cosas que pienso que no escribo. Y cosas que no pienso que escribo. Y hay tambíen cosas que siento que no las pienso, y las digo sin pensar. A vos te gusta cuando hablo sin pensar porque me empiezo a trabar. Y pensás que me quedo sin argumentos o intento defenderme. No quiero que pienses que me justifico. No voy a justificar el hecho de pensar en vos. Voy a pensar por qué pienso en vos. Pensa un poco en todo lo que hice por vos. Y no pienses en que te quise lastimar. Solamente pensa en los momentos más placenteros juntos. Si llegas a pensar en mi, pensalo de verdad. Eso sí, pensa en llamarme. No pienses que no prendo el celular. Pensa en que siempre te voy a atender. Seguramente en ese momento este pensando en vos. Pensalo.
jueves, 10 de marzo de 2011
TE REGALO AMORES
Nunca me gustaron los boliches. La mutltitud de gente, el calor humano y el excesivo olor a cigarrillo nunca fueron de mi agrado. El último tiempo le agarré otro gusto a ir bailar un rato, y me lo tomé más relajado. Compro un trago o un fernet y el tiempo pasa. Paseo, veo mujeres, charlo con alguna, me río con mis amigos y bailamos alguna que otra vez. Se baila poco, pero se intenta pasarla bien, a la manera de uno. Nunca imaginé en mi vida, que en un boliche y con una canción entren a jugar los recuerdos. Uno vive de recuerdos, es verdad. Pero que los recuerdos jueguen en medio de una casi borrachera segura, en un momento de alegría y rodeado de buenas energías es de nurótico, claramente. Que un tema de salsa te llegue al corazón es díficil de asumir para alguien que curte otra onda musical. No me olvido esa madrugada en ese boliche careta de Puerto Madero, cuando de repente dejó de sonar un hit de los 90`, La isla del sol y apareció Te regalo amores, algo más actual. Me fui de la pista corriendo, directo a la calle y me tomé el primer taxi que ví. Mis amigos ni registraron que me había ido. Recien cuando se fueron, a eso de las siete de la mañana, me mandaron un mensaje para ver donde me había metido. Les respondí que me había ido por una descompostura inexistente, así se quedaban tranquilos. En realidad me había escapado. Era como que la canción me perseguía. Ella me estaba persiguiendo, me decía "acá estoy yo, no te vas a liberar ni en tu máximo momento de distracción". Me dio pánico. Llegé a mi casa y me tapé hasta la cabeza, todo vestido, hasta quedarme dormido. Eso que no estaba borracho, pero algo paso. Algo me llegó evidentemente.
La canción, que si bien es muy linda, no son las que me suelen pegar. Me hizo acordar a ella, a esos momentos en su auto cuando ponía ese combinado de hits del momento. Ella subía el volumen al máximo y cantaba como loca, como en una especie de descarga. Nunca entendí a quien le regalaba tanto amor. A mi me lo daba, no en una forma absoluta claramente. Sentía que esa canción mostraba un poco tu fragilidad. Era el momento que más débil te sentías. Se te notaba en la cara. Toda la dureza, o lo entera que te mostrabas se te caía con ese tema. Me acuerdo cuando frenaste el auto en una esquina de Belgrano, me miraste y me abrazaste. No entendía que te estaba pasando y te abracé fuerte. No me dijiste nada, solo paraste para darme un abrazo. Fue un momento raro, del cual nunca hablamos y jamás entendí la razón de tus lágrimas. La marca de tus manos en mi espalda es lo que conservo al día de hoy. No sé si te hizo acordar a algún ex tuyo, o a un momento específico que no podías contarme. No sé si simplemente te volviste una chica frágil por un instante. Lo que sí voy a guardar siempre, es cuando me miraste a los ojos en ese freno misterioso y me dijiste "amor del bueno". Todavía la cantó para adentro, "amor del bueno", "amor del bueno". Capaz eso era lo que me querías decir y te costaba decirlo. Como siempre.
La canción, que si bien es muy linda, no son las que me suelen pegar. Me hizo acordar a ella, a esos momentos en su auto cuando ponía ese combinado de hits del momento. Ella subía el volumen al máximo y cantaba como loca, como en una especie de descarga. Nunca entendí a quien le regalaba tanto amor. A mi me lo daba, no en una forma absoluta claramente. Sentía que esa canción mostraba un poco tu fragilidad. Era el momento que más débil te sentías. Se te notaba en la cara. Toda la dureza, o lo entera que te mostrabas se te caía con ese tema. Me acuerdo cuando frenaste el auto en una esquina de Belgrano, me miraste y me abrazaste. No entendía que te estaba pasando y te abracé fuerte. No me dijiste nada, solo paraste para darme un abrazo. Fue un momento raro, del cual nunca hablamos y jamás entendí la razón de tus lágrimas. La marca de tus manos en mi espalda es lo que conservo al día de hoy. No sé si te hizo acordar a algún ex tuyo, o a un momento específico que no podías contarme. No sé si simplemente te volviste una chica frágil por un instante. Lo que sí voy a guardar siempre, es cuando me miraste a los ojos en ese freno misterioso y me dijiste "amor del bueno". Todavía la cantó para adentro, "amor del bueno", "amor del bueno". Capaz eso era lo que me querías decir y te costaba decirlo. Como siempre.
miércoles, 9 de marzo de 2011
NOCHE DERROCHE
Cumplir seis meses de novio es un logro. Aunque parezca poco tiempo, no muchas parejas se dan ese lujo hoy en día. Es algo que se cada vez se da con menos frecuencia en los tiempos que corren. Por lo menos en mi prontuario. Siempre me costó enlazarme con alguién. O mejor dicho, estar en una relación de verdad. Con todo lo que eso lleva. Compromiso, lealtad, fidelidad o como se llame. Por eso, aquel día de diciembre no era uno más. Durante todo el día estuve prometiendo sorpresas. En realidad, no había nada raro. No soy complejo y ella no lo era. Lo mejor era cenar en un buen restaurante y terminar la noche en un buen telo. Era la combinación perfecta. Lo que los dos más disfrutabamos: comer bien y coger bien. Así de simple. Por aquel entonces, la plata no abundaba, ahora tampoco, en esos tiempos menos todavía. Necesitaba invitarla, agasajarla sin que me genere un costo excesivo. Por eso miré los descuentos que tenía por intermedio de una tarjeta. Hasta que encontré un restaurante italiano que nunca había ido y que tenía una fachada pintoresca. Un 40% de descuento era un buen número. Ya tenía la cena. Me quedaba definir la segunda parte del plan: el telo. Luego de consultar a varios especialistas en el tema, me incliné por uno temático en Palermo. Digamos que venía barbaro, los dos estaban en el mismo barrio. Como eran habitaciones temáticas, podía elegir la que quería y mirando unas fotos por internet del lugar, me gustó uno medio extravagante con una cama de agua, un hidromasaje del tamaño de una pelopincho, espejos por todos lados, sillones estilo antiguo y un plasma enorme. Además con esa misma tarjeta, tenía otro 20% de descuento. Por ende, mi plan estaba resuelto y no me iba a generar un gasto excesivo de dinero. Igualmente cuando uno esta de novio, no piensa en gastos, piensa en invertir. Pero realmente cuando la plata no sobra, ahorrarse unos mangos no viene mal.
En el día habíamos hablado una vez para saludarnos por el "mes" y le prometí llevarla a unos luagres especiales. Lo que estaba haciendo en idioma criollo era algo así como "vender humo". Sabía por dentro que no era nada increíble. Pero sí, una buena salida. Lo importante era la compañía, supongo. Ella no se mostraba tan entusiasta con respecto al día. A decir verdad, no le ponía muchas ganas a esos días. Me sentía la mina de la relación, hay que blanquearlo. A ella no le importaban las fechas. Dudo si realmente sabía que los nueves cumplíamos mes. No es más que parte de su personalidad. Había que quererla así. O dejarla, cosa que no hubiese hecho nunca, me parece. Cuando subió al auto me dio un beso. Me acuerdo que tenía puesto un vestido gris con unas calzas negras y unos zapatos del mismo color. Lo primero que me preguntó fue a donde la llevaba y le dije la verdad. Empece por el primer paso, el restaurant. Una vez que llegamos, lo conocí por dentro, no estaba nada malo, tenía unos cuadros tangueros en las paredes mezclado con los colores italianos. El primer plato se podía elegir entre varios que estaban en una mesa especial. Si adivinabas cuánto pesaba te llevabas el plato gratis. No hicimos uso de ese beneficio. Fuimos directo al principal. Nos reímos, tomamos un vino, nos quisimos un poco más y nos dimos la mano unas cuantas mesas uno en frente de otro. Ella me regalaba una sonrisa cada tanto. Yo estaba omnubilado en cada acción que ella hacía. Para mí, todo lo que venía de ella era increíble. Una idealización intensa, no recomendable. Ella pidió unos ravioles de verdura con una salsa de camarones. Me di cuenta enseguida que era el plato más caro del restaurante. Se lo estaba regalando, pero me daba un poco de bronca que justo pida ese plato. Solía pedir siempre lo más caro, cada vez que ibamos a cenar. Dejé pasar el hecho y pensé en el descuento como para amortiguar el derroche de dinero. Yo me pedí unos spaguetis gratinados, algo más simple y menos costoso, claro. Pedimos un vino tinto, un cabernet suavignon. Brindamos. Comimos. Ella dejó medio plato, a diferencia mía que casi limpie el mío con el pan. En esa cena hubo una discusión en la que estuvimos de acuerdo, si alguna vez teníamos hijos los ibamos a mandar a una escuela laica. No queríamos encerrarlo en la burbuja del judaísmo. Pensandolo un poco más friamente, fue la proyección más grande que hicimos estando juntos. Cuando el mozo vino amablemente a retirar los platos, le pedí la cuenta. Me preguntó si tenía algun descuento, a lo que atine a decirle que sí, tenía la tarjeta especial. Saqué la billetera y no estaba. Saqué todas las tarjetas y no había caso. Ella me decía de fondo que seguramente me la había olivdado en mi casa. No aportaba mucho ese comentario en ese momento. Me paré, revise mi jean, los bolsillos de la camisa y no había caso. En esos segundos segundos que el moso fue a traer la cuenta, rezé por dentro para que no sea un precio imposible. El mozo trajo la cuenta y mi cara no salió del asombro. La suma de dinero era realmente alta. Me agarré la cabeza disimuladamente. No tuve alternativas, pagué y no emití ni una palabra más. Ella ni amagó en sacar de su cartera algo de plata. Típico. Si bien yo había ideado el plan, pretendía el amague de invitar. Obviamente no se lo iba a aceptar. Pero el gesto me iba a dar una sonrisa, minimamente. No hubo nada. Me resigné a pagar. Necesitaba lavarme la cara.
Fui al baño a lavarme antes de arrancar la segunda parte de la noche, me insulté a mi mismo por olvidarme la tarjeta en la mesa de luz de al lado de mi cama. ¿Cómo la pude dejar ahí?, ¿cómo no corroboré antes de salir si la tenía?. Todo por no ser impuntual para pasarla a buscar y que no se enoje. Le fastidiaba la puntualidad como a nadie. Todo para hacerla sentir un poco más reina de lo que era. Me di fuerzas internamente, me convencía de que la situación ya había pasado y ahora venía una linda noche de sexo. De amarnos un poquito más mejor dicho. Cuando llegamos al telo, me miró con cara de que ya lo conocía. Me desinfló un poco la sopresa. Le dije al tipo de la entreda que venía a la habitación "casanova", asi se hacía llamar. Por suerte, no estaba ocupada. Dejamos el auto en el garage, y cuando abrimos la puerta de la habitación nos quedamos sorprendidos. Realmente era perfecta. Tenía todos los lujos que aparecían en la página de internet. Ella no tardó ni un minuto en prender el hidromasaje y en poner en la tele un canal de música. Raro. Siempre poníamos la radio cada vez que ibamos a un telo, porque nos daba risa el contraste musical. A los cinco minutos nos desnudamos el uno al otro y entramos al agua. Estaba caliente y empezamos a salpicarnos, cuan nene de cinco años. Al ratito empezamos a besarnos y a los minutos ya estabamos protagonizando una película porno. Ella afuera del hidro, yo adentro, y una posición de esas que solo se dan en películas pornográficas. En medio del polvo, ella se dio vuelta y me dijo que se sentía en una película para adultos. Eso no hizo más que excitarme más y en generar que la agarré y la llevé directo a la cama, donde no podía dejar de besarla por todo el cuerpo ni un segundo. Al instante sentí unas nauseas inesperadas, y mi cara cambió de color. No quise arruinar el momento de ella que estaba disfrutando como nunca, y ya había acabado tres veces en cuarenta minutos. No sé como había hecho para mantenerme en pie. Asi que le seguí dando placer manualmente, no podía seguir de otra manera. Ella se componetraba en llegar al orgasmo ganador. Y yo en no vomitar los fideos. Cuando llegó a su quinto orgasmo, volvió a la realidad y me preguntó si me sentía bien. No le mentí y le comenté que me había bajado la presión o algo similar. Se empezó a reir porque no entendía como aguante en ese estado haciendo el amor. Y justamente la respuesta estaba en su pregunta, era el amor que le tenía. El hacerla sentir importante, en no ser egoísta, en verla feliz. En pensar en ella, simplemente. Me dio un abrazo y unas caricia en la espalda, mientras apoyaba sus tetas en mi pecho. El turno había terminado y me ayudó a cambiarme. Yo ya estaba completamente vestido y ella desnuda. Desde la cama aprecié como otras tantas veces, ese cuerpo, que cada vez que lo veía, me preguntaba como hacía para tenerlo tan cuidado. Cómo podía tener los pechos tan duros y la cola tan parada. Cómo tantos años de gimnasia daba su fruto. Cómo su pelo suelto era algo único, no quería que se lo ate nunca. Seguí con detalle como se ponía el vestido gris, como se miraba al espejo para que la calza le remarque más la cola. Y como hacía todo lo posible por ser lo que era, hermosa.
Me sentía realmente muy mal, así que le pedí que manejara. No se negó. Al salir del telo, me había olvidado que esa tarjeta me daba el descuento para ahí también y que nuevamente estabamos en la misma situación que horas antes. La habitación me iba a costar más cara. Ahora había que sumarle mi estado. Nuevamente resignado le pagué al tipo de la puerta. Otra vez, ni amagó en ayudarme. Ni un salvavidas. En el viaje no emití sonido. Ella prendió la radio y puso Coldplay para relajar el ambiente. No nos dirijimos la palabra, hasta que ella me preguntó donde prefería dormir. Le respondí que solo y en mi casa. Se sorprendió un poco, pero no lo discutió. Acató mi decisión. Bajó en su casa y esas pocas cuadras que nos separaban de nuestros hogares, las maneje yo, a un ritmo lentisimo. Me saludó con un beso en la boca y un abrazo largo. Cuando estaba por arrancar porque ví que ya había entrado al edifcio, dió vuelta atras sorpresivamente y se acercó de nuevo al auto. Subió, dió un puertazo, me miró fijo y me dijo "gracias por la mejor noche de mi vida". Se volvió a bajar, y arranqué. Las nauseas comenzaron a irse, y la risa transformó mi rostro enfermizo en felicidad pura. No necesité de ningún antiacido ni remedio para recuperarme. Solo de esas palabras. La mejor cura la tenía al alcance. Era su amor. Era ella. .
En el día habíamos hablado una vez para saludarnos por el "mes" y le prometí llevarla a unos luagres especiales. Lo que estaba haciendo en idioma criollo era algo así como "vender humo". Sabía por dentro que no era nada increíble. Pero sí, una buena salida. Lo importante era la compañía, supongo. Ella no se mostraba tan entusiasta con respecto al día. A decir verdad, no le ponía muchas ganas a esos días. Me sentía la mina de la relación, hay que blanquearlo. A ella no le importaban las fechas. Dudo si realmente sabía que los nueves cumplíamos mes. No es más que parte de su personalidad. Había que quererla así. O dejarla, cosa que no hubiese hecho nunca, me parece. Cuando subió al auto me dio un beso. Me acuerdo que tenía puesto un vestido gris con unas calzas negras y unos zapatos del mismo color. Lo primero que me preguntó fue a donde la llevaba y le dije la verdad. Empece por el primer paso, el restaurant. Una vez que llegamos, lo conocí por dentro, no estaba nada malo, tenía unos cuadros tangueros en las paredes mezclado con los colores italianos. El primer plato se podía elegir entre varios que estaban en una mesa especial. Si adivinabas cuánto pesaba te llevabas el plato gratis. No hicimos uso de ese beneficio. Fuimos directo al principal. Nos reímos, tomamos un vino, nos quisimos un poco más y nos dimos la mano unas cuantas mesas uno en frente de otro. Ella me regalaba una sonrisa cada tanto. Yo estaba omnubilado en cada acción que ella hacía. Para mí, todo lo que venía de ella era increíble. Una idealización intensa, no recomendable. Ella pidió unos ravioles de verdura con una salsa de camarones. Me di cuenta enseguida que era el plato más caro del restaurante. Se lo estaba regalando, pero me daba un poco de bronca que justo pida ese plato. Solía pedir siempre lo más caro, cada vez que ibamos a cenar. Dejé pasar el hecho y pensé en el descuento como para amortiguar el derroche de dinero. Yo me pedí unos spaguetis gratinados, algo más simple y menos costoso, claro. Pedimos un vino tinto, un cabernet suavignon. Brindamos. Comimos. Ella dejó medio plato, a diferencia mía que casi limpie el mío con el pan. En esa cena hubo una discusión en la que estuvimos de acuerdo, si alguna vez teníamos hijos los ibamos a mandar a una escuela laica. No queríamos encerrarlo en la burbuja del judaísmo. Pensandolo un poco más friamente, fue la proyección más grande que hicimos estando juntos. Cuando el mozo vino amablemente a retirar los platos, le pedí la cuenta. Me preguntó si tenía algun descuento, a lo que atine a decirle que sí, tenía la tarjeta especial. Saqué la billetera y no estaba. Saqué todas las tarjetas y no había caso. Ella me decía de fondo que seguramente me la había olivdado en mi casa. No aportaba mucho ese comentario en ese momento. Me paré, revise mi jean, los bolsillos de la camisa y no había caso. En esos segundos segundos que el moso fue a traer la cuenta, rezé por dentro para que no sea un precio imposible. El mozo trajo la cuenta y mi cara no salió del asombro. La suma de dinero era realmente alta. Me agarré la cabeza disimuladamente. No tuve alternativas, pagué y no emití ni una palabra más. Ella ni amagó en sacar de su cartera algo de plata. Típico. Si bien yo había ideado el plan, pretendía el amague de invitar. Obviamente no se lo iba a aceptar. Pero el gesto me iba a dar una sonrisa, minimamente. No hubo nada. Me resigné a pagar. Necesitaba lavarme la cara.
Fui al baño a lavarme antes de arrancar la segunda parte de la noche, me insulté a mi mismo por olvidarme la tarjeta en la mesa de luz de al lado de mi cama. ¿Cómo la pude dejar ahí?, ¿cómo no corroboré antes de salir si la tenía?. Todo por no ser impuntual para pasarla a buscar y que no se enoje. Le fastidiaba la puntualidad como a nadie. Todo para hacerla sentir un poco más reina de lo que era. Me di fuerzas internamente, me convencía de que la situación ya había pasado y ahora venía una linda noche de sexo. De amarnos un poquito más mejor dicho. Cuando llegamos al telo, me miró con cara de que ya lo conocía. Me desinfló un poco la sopresa. Le dije al tipo de la entreda que venía a la habitación "casanova", asi se hacía llamar. Por suerte, no estaba ocupada. Dejamos el auto en el garage, y cuando abrimos la puerta de la habitación nos quedamos sorprendidos. Realmente era perfecta. Tenía todos los lujos que aparecían en la página de internet. Ella no tardó ni un minuto en prender el hidromasaje y en poner en la tele un canal de música. Raro. Siempre poníamos la radio cada vez que ibamos a un telo, porque nos daba risa el contraste musical. A los cinco minutos nos desnudamos el uno al otro y entramos al agua. Estaba caliente y empezamos a salpicarnos, cuan nene de cinco años. Al ratito empezamos a besarnos y a los minutos ya estabamos protagonizando una película porno. Ella afuera del hidro, yo adentro, y una posición de esas que solo se dan en películas pornográficas. En medio del polvo, ella se dio vuelta y me dijo que se sentía en una película para adultos. Eso no hizo más que excitarme más y en generar que la agarré y la llevé directo a la cama, donde no podía dejar de besarla por todo el cuerpo ni un segundo. Al instante sentí unas nauseas inesperadas, y mi cara cambió de color. No quise arruinar el momento de ella que estaba disfrutando como nunca, y ya había acabado tres veces en cuarenta minutos. No sé como había hecho para mantenerme en pie. Asi que le seguí dando placer manualmente, no podía seguir de otra manera. Ella se componetraba en llegar al orgasmo ganador. Y yo en no vomitar los fideos. Cuando llegó a su quinto orgasmo, volvió a la realidad y me preguntó si me sentía bien. No le mentí y le comenté que me había bajado la presión o algo similar. Se empezó a reir porque no entendía como aguante en ese estado haciendo el amor. Y justamente la respuesta estaba en su pregunta, era el amor que le tenía. El hacerla sentir importante, en no ser egoísta, en verla feliz. En pensar en ella, simplemente. Me dio un abrazo y unas caricia en la espalda, mientras apoyaba sus tetas en mi pecho. El turno había terminado y me ayudó a cambiarme. Yo ya estaba completamente vestido y ella desnuda. Desde la cama aprecié como otras tantas veces, ese cuerpo, que cada vez que lo veía, me preguntaba como hacía para tenerlo tan cuidado. Cómo podía tener los pechos tan duros y la cola tan parada. Cómo tantos años de gimnasia daba su fruto. Cómo su pelo suelto era algo único, no quería que se lo ate nunca. Seguí con detalle como se ponía el vestido gris, como se miraba al espejo para que la calza le remarque más la cola. Y como hacía todo lo posible por ser lo que era, hermosa.
Me sentía realmente muy mal, así que le pedí que manejara. No se negó. Al salir del telo, me había olvidado que esa tarjeta me daba el descuento para ahí también y que nuevamente estabamos en la misma situación que horas antes. La habitación me iba a costar más cara. Ahora había que sumarle mi estado. Nuevamente resignado le pagué al tipo de la puerta. Otra vez, ni amagó en ayudarme. Ni un salvavidas. En el viaje no emití sonido. Ella prendió la radio y puso Coldplay para relajar el ambiente. No nos dirijimos la palabra, hasta que ella me preguntó donde prefería dormir. Le respondí que solo y en mi casa. Se sorprendió un poco, pero no lo discutió. Acató mi decisión. Bajó en su casa y esas pocas cuadras que nos separaban de nuestros hogares, las maneje yo, a un ritmo lentisimo. Me saludó con un beso en la boca y un abrazo largo. Cuando estaba por arrancar porque ví que ya había entrado al edifcio, dió vuelta atras sorpresivamente y se acercó de nuevo al auto. Subió, dió un puertazo, me miró fijo y me dijo "gracias por la mejor noche de mi vida". Se volvió a bajar, y arranqué. Las nauseas comenzaron a irse, y la risa transformó mi rostro enfermizo en felicidad pura. No necesité de ningún antiacido ni remedio para recuperarme. Solo de esas palabras. La mejor cura la tenía al alcance. Era su amor. Era ella. .
martes, 8 de marzo de 2011
LA BOMBA LOCA
No sé si efectivamente eras vos. El exceso de alchol, el humo de la marihuana en el ambiente y la gente bailando desaforadamente, me hicieron verte ahí. Si era una ilusión optica era muy real. Estabas con una musculosa roja, que te remarcaban las tetas, un mini short blanco y ojotas. Simple, pero sexy. Estabas toda mojada por la transpiración. En el lugar no se podía estar del calor que hacía. La humedad aumentaba cada vez más llegando a ser casi un suplicio estar ahí adentro. Sin embargo no te importaba nada. Ningún factor hacía frenar la adrenalina de la música. La bomba de tiempo no dejaba respirar un segundo. Candombe, carnaval, cumbia y todos los sonidos te hacían imparable. Eras un huracan. Vos bailando. Yo mirando. Me froté los ojos varias veces para corroborar que eras vos, me fui al baño a lavarme la cara incluso, me compré la quinta cerveza para asegurarme que eras vos. Eras. Te rodeaban unos tipos, vos los alejabas con grandeza. Como una señora. Generabas una especie de temor para los que venían atras. No había ni siquiera una amiga alrededor tuyo, no querías que ese instante sea empañado por nadie. No mirabas más que tus movimientos de piernas. Las caderas que iban de un lado al otro. Y un vaso de fernet en la mano para dar un poco de frescura a ese derroche de calentura.
No podía acercarme a vos. No podía hacerte perder ese instante de gloria. No quería arruinarte. Probablemente ni me ibas a registrar, y en caso de que sí, me ibas a sacar como sacaste a todos los tipos que te rodeaban. Sos una mina que en el boliche cualquiera se acercaría, tenés el punto de atracción ideal, el básico: rubia y tetona. A mí me divertía verte bailar. Verte compenetrada en lo tuyo. Ver como todos los buitres caían a tus pies y a vos no te importaba. Podía ser un buitre, pero con ciertos privilegios. Con un pasado. Sin un presente. Con un futuro incierto, mentiroso y negador. Si los efectos de todas las mezclas en algún momento bajarían, la imágen tuya se me iría. Tal vez realmente eras vos. Prefiero que no baje mi estado, y quedarme con que eras vos. Claro, y que esta noche te quiero conmigo, loca.
No podía acercarme a vos. No podía hacerte perder ese instante de gloria. No quería arruinarte. Probablemente ni me ibas a registrar, y en caso de que sí, me ibas a sacar como sacaste a todos los tipos que te rodeaban. Sos una mina que en el boliche cualquiera se acercaría, tenés el punto de atracción ideal, el básico: rubia y tetona. A mí me divertía verte bailar. Verte compenetrada en lo tuyo. Ver como todos los buitres caían a tus pies y a vos no te importaba. Podía ser un buitre, pero con ciertos privilegios. Con un pasado. Sin un presente. Con un futuro incierto, mentiroso y negador. Si los efectos de todas las mezclas en algún momento bajarían, la imágen tuya se me iría. Tal vez realmente eras vos. Prefiero que no baje mi estado, y quedarme con que eras vos. Claro, y que esta noche te quiero conmigo, loca.
domingo, 6 de marzo de 2011
DE MENSAJES Y OTRAS ADICCIONES
No te mandé un mensaje por alguna razón lógica. Es todo ilógico. La lógica por fin se nos deshizo en la boca, diría Fito. Si todo fuera lógico con vos no pasarían las cosas que pasan. No seguirían pasando situaciones extrañas. No habría un mensaje, ni siquiera un encuentro, mucho menos un beso. No te elegí por lo normal. Te elegi por lo anormal. Por las decisiones alocadas. Por tu forma de ser extraña. Por tus salidas que nadie entiende. Si cada vez que pienso en mandarte un mensaje de texto, me pondría una traba estaría en contra de mis sentimientos. Dejaría de ser yo. Me trasnformaría en un jugador. Con su estrategia, con su idea de juego bien clara y una manera de actuar distinta a la de alguien relativamente normal. No es que no me guste la gente normal, pero los anormales tienen algo diferente. No es el hecho de ser anormal, sino es el hecho de como llevan su vida. No son aburridos, lo que no quita que no sean simples. Anormalidad y simpleza van de la mano.
Sé que te reís mucho cada vez que te hablo. Sé que a veces te parezco una carga, te obligo a responderme o genero incomodidad. Por otro lado te subo el autoestima o te sentís mas linda, más mujer capaz. No sé porque las minas necesitan todo el tiempo que les digan que están lindas. Prefieren que se les diga que les queda mejor el pelo de tal color o la ropa que se compraron, a que son interesantes o inteligentes. De que tienen virtudes que no pasan por lo físico. Sabemos que tu caso puede encajar en la belleza, pero también en tu manera de ser. Y si bien a mi me vuelve loco tu forma de ser, no por eso dejo de ser como soy con vos. En la vulnerabilidad es cuando me doy cuenta que todo los conceptos se van por las ramas. Que pienso menos, actuo más, me expongo demasiado, termino lastimado, roto, y así y todo, te vuelvo a idealizar. A veces no entiendo si es que te extraño a vos. O extraño tus acciones. Si extraño tus abrazos, o extraño sentir ese abrazo tuyo. Si extraño garchar con vos, o extraño hacer el amor con vos. Me lleno de interrogantes. Me vuelvo neurótico, obesivo y terminó enroscandome la cabeza una y otra vez. Ya no pasa por una cuestión de celos. No digo que no los tenga. Ni que no piense en que te estás revolcando con otro, o peor aún, saliendo con otro. Puede que pase el tiempo, que sepa menos de vos, que vos hayas cambiado incluso. Lo que no me arrepiento de hacer, y aunque suene un poco autodestructivo, es de mendigar amor. Mendigo tu amor porque no me dejaste comprarlo. Me arrastro mirandote a los ojos desde el suelo, como un rehen de tus tetas. Y siempre, tus respuestas siempre son cortitas y al pie. Claras. Envidio sanamente tu claridad, y al que las está apreciendo. Y elijo mendigar. O mejor dicho, te elijo a vos.
Sé que te reís mucho cada vez que te hablo. Sé que a veces te parezco una carga, te obligo a responderme o genero incomodidad. Por otro lado te subo el autoestima o te sentís mas linda, más mujer capaz. No sé porque las minas necesitan todo el tiempo que les digan que están lindas. Prefieren que se les diga que les queda mejor el pelo de tal color o la ropa que se compraron, a que son interesantes o inteligentes. De que tienen virtudes que no pasan por lo físico. Sabemos que tu caso puede encajar en la belleza, pero también en tu manera de ser. Y si bien a mi me vuelve loco tu forma de ser, no por eso dejo de ser como soy con vos. En la vulnerabilidad es cuando me doy cuenta que todo los conceptos se van por las ramas. Que pienso menos, actuo más, me expongo demasiado, termino lastimado, roto, y así y todo, te vuelvo a idealizar. A veces no entiendo si es que te extraño a vos. O extraño tus acciones. Si extraño tus abrazos, o extraño sentir ese abrazo tuyo. Si extraño garchar con vos, o extraño hacer el amor con vos. Me lleno de interrogantes. Me vuelvo neurótico, obesivo y terminó enroscandome la cabeza una y otra vez. Ya no pasa por una cuestión de celos. No digo que no los tenga. Ni que no piense en que te estás revolcando con otro, o peor aún, saliendo con otro. Puede que pase el tiempo, que sepa menos de vos, que vos hayas cambiado incluso. Lo que no me arrepiento de hacer, y aunque suene un poco autodestructivo, es de mendigar amor. Mendigo tu amor porque no me dejaste comprarlo. Me arrastro mirandote a los ojos desde el suelo, como un rehen de tus tetas. Y siempre, tus respuestas siempre son cortitas y al pie. Claras. Envidio sanamente tu claridad, y al que las está apreciendo. Y elijo mendigar. O mejor dicho, te elijo a vos.
viernes, 18 de febrero de 2011
UN AÑO PARA RECORDAR
La lluvia golpea el techo de mi habitación desde la mañana. Las gotas se meten por las rejas de la ventana en el mueble, mojando un poco los libros. El olor a tormenta me hace acordar a ese miercoles de octubre del 2009. Estamos hablando de hace más de un año. Cuando en ese miercoles lluvioso me mandaste un mensaje al mediodía que decía "¿como estás hermoso? ¿voy a almorzar a tu casa y combatimos la lluvia?". El mensaje era simple, básico. Pero era la primera vez que me decías "hermoso". Apenas pronunciabas mi apodo, como con miedo, un poco por tímidez y otro poco, para separar el terreno. Cuando leí lo que me pusiste me dio unas ganas tremendas de abrazarte. No dudé ni un minuto en faltar al laburo y en no ir a la facultad. ¿Que cosa mejor tenía que hacer? Estar con la chica que amaba, disfrutando de tu compañía, tirados en una cama y escuchando la metro. Me acuerdo exactamente estar acostados en el mismo lugar que estoy escribiendo ahora, vos con la cabeza en mi pecho y el hombre cualquiera tirando una máxima. Nos descostillamos de risa, y nos quedamos dormidos. Desnudos. Libres. No nos importaba otra cosa. Dejabamos todo por estar juntos. No era como vos me habías escrito en el mensaje, "combatir la lluvia". Era amarnos un poco más. Descubrir que no había otra receta que la de estar juntos. Que la lluvia nos ponía cursi a los dos, pero que aprendíamos a convivir con ella de a dos. Que muchas veces seguramente los dos en medio de un diluvio habremos pensado que teníamos que quedarnos en nuestras casas solos, sin abrazos ni caricias, con la sola certeza de que teníamos que comprar chocolates para ver una película de amor cuyo final nos deparaba un llanto incontrolable. Saber que en ese momento los chocolates los teníamos que compartir, que la película ya no era tan triste y que los llantos no eran de tristeza sino de felicidad era lo que nos hacía un poco más feliz. En medio de la rutina, encontrabamos la sastifacción de tenernos.
No puedo soportar que llueva, no puedo soportar que encima sea viernes. Aprendi a soportar que no estés acá. Pero son los días como hoy, oscuros, grises y nublados, donde necesito aunque sea que estés un solo segundo en mi cama. Que me suene el celular y de nuevo el mensaje diga: ¿como estás hermoso? ¿voy a almorzar a tu casa y combatimos la lluvia? Sí. Aunque esta vuelta, que no sea sólo un almuerzo. Que sea para siempre.
No puedo soportar que llueva, no puedo soportar que encima sea viernes. Aprendi a soportar que no estés acá. Pero son los días como hoy, oscuros, grises y nublados, donde necesito aunque sea que estés un solo segundo en mi cama. Que me suene el celular y de nuevo el mensaje diga: ¿como estás hermoso? ¿voy a almorzar a tu casa y combatimos la lluvia? Sí. Aunque esta vuelta, que no sea sólo un almuerzo. Que sea para siempre.
miércoles, 2 de febrero de 2011
TOKIO BLUES
Me senté en el banco de Plaza Francia media hora, no más que eso. Saqué el ipod del morral, el libro de Murakami y que el proceso de relajación mental arranque. No hago yoga, no hago pilates, no la relajo de otra forma. O si. Esa forma es leyendo, escribiendo o escuchando música. Grandes expresiones artísticas diría. Lo artistico cura. Ni las mujeres que pasaban alrededor con sus escotes y sus polleras cortas dignas del verano podían distraer mi atención en la lectura. No terminé el libro, de hecho leí setenta hojas aproximadamente. Pero puedo asegurar que Tokio Blues tiene algo. Desde la primer página que el protagonista escucha en un avión una canción de los Beatles que le hace acordar a su infancia, se sabe que la historia va por buen rumbo. Instantaneamente me enganché con el texto y supe que mi elección en la librería hace un mes fue la correcta. Repito, no sé como termina ni que puede pasar en el medio, ni los enriedos o lo que sea. La idea ya vale la pena comprarla.
Que increible cuando una canción nos remonta a un momento. Después de todo el trayecto entre la plaza y mi casa pensé en llegar y poner un tema para intentar copiar al protagonista del libro. Efectivamente la prueba tuvo sus frutos. Puse un tema de Fito que me hizo acordar a una situación que pasó hace como quince años, cuando estaba en cuarto grado. Después puse un tema de Los Redondos que me remontó a la secundaria y aquellas epocas donde abundaban las remeras de rock. Y así podía estar toda la noche, acordandome de muchisímas minas también, sería lo más nostálgico. Bah, lo de siempre. Suena simple. La ecuación es fácil: un tema = un momento. Así de sencillo es el libro. Y creo que lo sencillo es lo que atrapa. A través de lo sencillo surge lo complejo. Y lo sencillo trae complicaciones. Ayer hablaba con alguien sobre una mina, me preguntó que es lo que mas me gustaba de ella, y yo respondí su sencillez. A la vez me di cuenta que lo sencillo se transformó en algo lastimoso. Como que paso a ser lo que más me afectaba de ella también. Que la sobredosis de sencillez me terminó desgastando con esa mina. Que lo sencillo de ella se fue transformando en "no me importa mucho lo que vos haces flaco". Por eso, hay que encontrar el equilibro. Porque a mi me encanta que una mina no me haga un planteo, que se adpate a cualquier momento o sitaución. Que no tenga tantos mambos. No digo que no tenga, porque eso es imposible. Que le de lo mismo comer en Puerto Madero que un choripan en Costanera Sur, que le de lo mismo ver un drama en el cine que una de tiros en Las Vegas, que le de lo mismo comer ensalada de tomate y cebolla que de rúcula y parmesano. También llega un momento en que el todo SÍ termina perjudicando en algún punto. A mi me paso por lo menos. Sé que puedo estar loco de cuestionar algo tan lindo como lo sencillo de alguien. No lo critico, simplemente advierto de que hay que cuidarlo. De que lo sencillo no se transforme en rutinario. Porque no hay nada más feo que la cotedaneidad. En una relación es bueno lo sencillo, increible diría. Con equilibrio. Sostenerlo.
Me voy a escuchar un tema de The Doors, a ver que me inspira. O tal vez baje a la calle para encontrar minas complicadas, que siendo las dos de la mañana, deben abundar. Cierto que me gusta lo sencillo moderado. Pero termino siendo un mambeado de raíz.
Love me two times.
Que increible cuando una canción nos remonta a un momento. Después de todo el trayecto entre la plaza y mi casa pensé en llegar y poner un tema para intentar copiar al protagonista del libro. Efectivamente la prueba tuvo sus frutos. Puse un tema de Fito que me hizo acordar a una situación que pasó hace como quince años, cuando estaba en cuarto grado. Después puse un tema de Los Redondos que me remontó a la secundaria y aquellas epocas donde abundaban las remeras de rock. Y así podía estar toda la noche, acordandome de muchisímas minas también, sería lo más nostálgico. Bah, lo de siempre. Suena simple. La ecuación es fácil: un tema = un momento. Así de sencillo es el libro. Y creo que lo sencillo es lo que atrapa. A través de lo sencillo surge lo complejo. Y lo sencillo trae complicaciones. Ayer hablaba con alguien sobre una mina, me preguntó que es lo que mas me gustaba de ella, y yo respondí su sencillez. A la vez me di cuenta que lo sencillo se transformó en algo lastimoso. Como que paso a ser lo que más me afectaba de ella también. Que la sobredosis de sencillez me terminó desgastando con esa mina. Que lo sencillo de ella se fue transformando en "no me importa mucho lo que vos haces flaco". Por eso, hay que encontrar el equilibro. Porque a mi me encanta que una mina no me haga un planteo, que se adpate a cualquier momento o sitaución. Que no tenga tantos mambos. No digo que no tenga, porque eso es imposible. Que le de lo mismo comer en Puerto Madero que un choripan en Costanera Sur, que le de lo mismo ver un drama en el cine que una de tiros en Las Vegas, que le de lo mismo comer ensalada de tomate y cebolla que de rúcula y parmesano. También llega un momento en que el todo SÍ termina perjudicando en algún punto. A mi me paso por lo menos. Sé que puedo estar loco de cuestionar algo tan lindo como lo sencillo de alguien. No lo critico, simplemente advierto de que hay que cuidarlo. De que lo sencillo no se transforme en rutinario. Porque no hay nada más feo que la cotedaneidad. En una relación es bueno lo sencillo, increible diría. Con equilibrio. Sostenerlo.
Me voy a escuchar un tema de The Doors, a ver que me inspira. O tal vez baje a la calle para encontrar minas complicadas, que siendo las dos de la mañana, deben abundar. Cierto que me gusta lo sencillo moderado. Pero termino siendo un mambeado de raíz.
Love me two times.
lunes, 31 de enero de 2011
EN LA VIDA... LAS MISMAS CALLES
A eso de las 2 de la tarde salí a comprar unos libros por mi casa. Caminé unas cuadras y pensé que ahora que volví a subir cosas al blog, un tema entretenido era las calles que antes me generaban alegría, luego nostalgia y ahora, son calles y nada más que eso. Llegué a la librería y no había nada que me convencía, así que volví para mi casa con el insoportable calor veraniego. Me senté en la computadora intentando poner en palabras lo que pensaba de esas dos cuadras de la Ciudad y que venía martillandome la cabeza. No pude. Me resigné a los cinco minutos de arrancar. Será la falta de ritmo de escritura o realmente no estaba convencido de lo que quería manifestar. Mandé unos CV y me tiré a dormir un rato.
A eso de las 6 de la tarde tenía que ir a ver a un tipo para hablar de un probable laburo. Me daba paja volver a cambiarme, así que solo me puse las zapatillas y salí sin bañarme, ni lavarme los dientes ni verme al espejo ni arreglarme. Solo me comí un beldent de menta que estaba tirado en el mueble desde el sábado.
El lugar al cual tenía que ir quedaba a seis cuadras de mi casa, para el lado de Villa Crespo, caminé para ese diracción nuevamente con el sol pegandome en la nuca y la transpiración empezando a fluir. No tenía el ipod, tuve que usar el celular para distraerme. Llegué a la esquina de Salguero despreocupado, sin pensar demasiado y mandando un msj de texto hasta que levanté la vista porque venía venir de lejos a una rubia. Claramente mi fanatismo por ellas generó que mis ojos se claven en esa persona. De lejos no veo bien, y no me había percibido quien era. Le ví cara conocida y no había errado, definitivamente era alguien importante. Hay veces que uno está preparado para encontrarse con alguien que en algún momento fue importante, muy. Yo no estaba preparado. ¿Quién lo está?. De hecho, el tema con esa persona de a poco se va sanando y empieza a trasformarse en el pásado. De eso era lo que quería escribir en el fallido intento del regreso de la librería y no pude. De curar las heridas. De cambiar lo amargo por miel. De los fantasmas del recuerdo que ya no salen de noche a paotiarme. De que esas dos cuadras que separan la casa de ella de la mía ya no me generaban lo mismo que meses antes, donde la nostalgia tanguera le ganaba a cualquier otro síntoma. Será el maldito destino, será una prueba del cielo o será simplemente una casualidad que me la volvieron a cruzar cuando menos lo esperaba. Cuando ni lo esperaba en realidad.
La saludé con un abrazo y una risa. Ella lo hizo lo mismo. Me temblaron los pies y me aparecieron unos escalofríos en el cuerpo cuando ella me abrazó. De nuevo la piel de bebe y esas piernas largas cuidadas. El abrazo fue afectuso, sincero, tierno y de corazón. No estaba caretiando. Obviamente, en estas situaciones, lo primero que se charla es de lo formal. ¿La facu bien? ¿El laburo? ¿Tus cosas? ¿Qué tal las vacaciones?. Las típicas preguntas pelotudas, de rigor, que a uno le interesa en menor medida. Pero seamos sinceros, lo que nos importa realmente es a quién se está garchando y no esas cosas que van y vienen. Pero como cambiar el eje. ¿Tus garches? Suena mal, sería interesante e imposible. Te encontrás con una ex y lo primero que le decis, ¿cómo van tus orgasmos? ¿Fuiste al telo de Palermo?. Hablar de lo formal lleva tiempo, no te puedo resumir mi vida de los ultimos 6 meses en cinco minutos, tampoco te voy a invitar a tomar algo. Por eso usamos la esquina del encuentro como nuestro Bar, sin consumir, con gente pasando alrededor y las vocinas de los bondis en pleno Corrientes. Es otra manera de charlar. Es raro. Como que ninguno se anima a decirle al otro que se quiere ir para no quedar mal. Porque en realidad te queres sentar, pero no da. Palabras más, palabras menos, se diluye la charla entre te acordás de tal, de lo que pasó hace mucho tiempo y así una sarta de pelotudeces constantes. Te das un abrazo de despedida, largo, que te dan ganas de quedarte un rato más, por los episodios pasados, y que ya sabes que no se van a repetir. Los soñadores, somos utópicos, pero por dentro realistas. Y sabemos que ese abrazo final es final. Jugamos a que no, pero lo es.
Nos volveremos a ver, no porque uno llame al otro. Eso no va a pasar, sin dudas. No lo vamos a esperar. No llamemos al destino. Dejemos que se mueva por el sector de la cancha que más cómodo se siente. Te sorprende. Te maneja. Prometo que pasar por la esquina de Medrano va ser lo que fue el último tiempo: un gran recuerdo de una persona hermosa e importante. Ahora la calle es la estación de subte, el Mc Donalds y demás negocios. Bueno, va a ser siempre tu hogar también. Y es lindo que volvamos a nuestro hogar por lo menos un ratito de nuestras vidas.
A eso de las 6 de la tarde tenía que ir a ver a un tipo para hablar de un probable laburo. Me daba paja volver a cambiarme, así que solo me puse las zapatillas y salí sin bañarme, ni lavarme los dientes ni verme al espejo ni arreglarme. Solo me comí un beldent de menta que estaba tirado en el mueble desde el sábado.
El lugar al cual tenía que ir quedaba a seis cuadras de mi casa, para el lado de Villa Crespo, caminé para ese diracción nuevamente con el sol pegandome en la nuca y la transpiración empezando a fluir. No tenía el ipod, tuve que usar el celular para distraerme. Llegué a la esquina de Salguero despreocupado, sin pensar demasiado y mandando un msj de texto hasta que levanté la vista porque venía venir de lejos a una rubia. Claramente mi fanatismo por ellas generó que mis ojos se claven en esa persona. De lejos no veo bien, y no me había percibido quien era. Le ví cara conocida y no había errado, definitivamente era alguien importante. Hay veces que uno está preparado para encontrarse con alguien que en algún momento fue importante, muy. Yo no estaba preparado. ¿Quién lo está?. De hecho, el tema con esa persona de a poco se va sanando y empieza a trasformarse en el pásado. De eso era lo que quería escribir en el fallido intento del regreso de la librería y no pude. De curar las heridas. De cambiar lo amargo por miel. De los fantasmas del recuerdo que ya no salen de noche a paotiarme. De que esas dos cuadras que separan la casa de ella de la mía ya no me generaban lo mismo que meses antes, donde la nostalgia tanguera le ganaba a cualquier otro síntoma. Será el maldito destino, será una prueba del cielo o será simplemente una casualidad que me la volvieron a cruzar cuando menos lo esperaba. Cuando ni lo esperaba en realidad.
La saludé con un abrazo y una risa. Ella lo hizo lo mismo. Me temblaron los pies y me aparecieron unos escalofríos en el cuerpo cuando ella me abrazó. De nuevo la piel de bebe y esas piernas largas cuidadas. El abrazo fue afectuso, sincero, tierno y de corazón. No estaba caretiando. Obviamente, en estas situaciones, lo primero que se charla es de lo formal. ¿La facu bien? ¿El laburo? ¿Tus cosas? ¿Qué tal las vacaciones?. Las típicas preguntas pelotudas, de rigor, que a uno le interesa en menor medida. Pero seamos sinceros, lo que nos importa realmente es a quién se está garchando y no esas cosas que van y vienen. Pero como cambiar el eje. ¿Tus garches? Suena mal, sería interesante e imposible. Te encontrás con una ex y lo primero que le decis, ¿cómo van tus orgasmos? ¿Fuiste al telo de Palermo?. Hablar de lo formal lleva tiempo, no te puedo resumir mi vida de los ultimos 6 meses en cinco minutos, tampoco te voy a invitar a tomar algo. Por eso usamos la esquina del encuentro como nuestro Bar, sin consumir, con gente pasando alrededor y las vocinas de los bondis en pleno Corrientes. Es otra manera de charlar. Es raro. Como que ninguno se anima a decirle al otro que se quiere ir para no quedar mal. Porque en realidad te queres sentar, pero no da. Palabras más, palabras menos, se diluye la charla entre te acordás de tal, de lo que pasó hace mucho tiempo y así una sarta de pelotudeces constantes. Te das un abrazo de despedida, largo, que te dan ganas de quedarte un rato más, por los episodios pasados, y que ya sabes que no se van a repetir. Los soñadores, somos utópicos, pero por dentro realistas. Y sabemos que ese abrazo final es final. Jugamos a que no, pero lo es.
Nos volveremos a ver, no porque uno llame al otro. Eso no va a pasar, sin dudas. No lo vamos a esperar. No llamemos al destino. Dejemos que se mueva por el sector de la cancha que más cómodo se siente. Te sorprende. Te maneja. Prometo que pasar por la esquina de Medrano va ser lo que fue el último tiempo: un gran recuerdo de una persona hermosa e importante. Ahora la calle es la estación de subte, el Mc Donalds y demás negocios. Bueno, va a ser siempre tu hogar también. Y es lindo que volvamos a nuestro hogar por lo menos un ratito de nuestras vidas.
domingo, 30 de enero de 2011
PROMESAS SOBRE EL VIDET
En el mismo momento que te mire fijo a los ojos, me di cuenta que no te quería perder. Apareciste en mi vida sin que te buscara y fueron más los momentos felices que tristes. Fueron más los momentos de risa que de llantos. Fueron momentos. De momentos quiero vivir, compartir, sentir. Necesito de esos momentos. Darme cuenta que hay gente diferente, que piensa distinto y canaliza a su manera. Hay que amoldarse a una cabeza que uno no frecuenta. Hay que valolarlo. Aferrarse a alguien que realmente vale. Que se interesa en escuchar al otro, que opina, que la vive, que tiene ovarios y sinceridad. Que no está en la duda, que sabe lo que quiere. Claro, saber lo que uno quiere. Mierda. No estaba acostumbrado a vincularme con alguien que sabe hacia donde apunta, hacia donde quiere ir y con que armas. La vida nos enseña que hay que dajarse llevar, no forjar las cosas. Pero a veces, es conveniente entender que hay gente que en su válida razón tiene un mínimo lapsus de iluminación en el cual tienen la certeza de saber donde quieren moverse. Los envidio. Los copiaria. Estaría curtiendo mis principios si fuese como ellos. Me tengo que chocar la cabeza contra la pared, aunque hoy es por una causa justa. Interpretar al otro. Al que tiene la capacidad psicológica de plantear las cosas que no van. Por dentro me siento gratificado, orgulloso y tranquilo de que todavía haya mujeres con esa facilidad. Es bueno volver a la mañana, sin tener que comerme el bocho por un sufrimiento que ya casi no está presente y pensar un poco en el futuro. En esa idea de que no todo es tan malo. Tan gris. El color verde puede estar asomando, con sus decaídas, se destiñe a veces, pero jamás pierde la escencia del color. No quiero que se destiña lo que se construye. Quiero agregarle más colores felices al gris de la pared. O mirar el techo con tu cabeza en mi pecho y cerrar los ojos. Un abrazo, una caricia, un mimo. Seguir peleando por esas cosas. Valen la pena. Ya no es una utopía ni un sueño abstracto. Es una realidad. Hay que vivir en esta realidad. Alguien tiene que ceder, es conveniente. No tengo problemas. Entendí todo. Cediendo se gana algo valioso. El fruto de la victoria tiene un valor impagable. Es el precio del amor. Y en el amor nada se compra. Nada se pierde, todo se transforma.
sábado, 29 de enero de 2011
TUS BESOS
Besos con sabor a excesos
Besos que endulzan hasta la sal más salada del universo
Besos con aroma tabaco pero sin llegar a ocasionar una enfermedad en el cuerpo
Besos que curan el alma
Besos que funcionan como terapia ante el malestar
Besos que reflejan el estado más puro del hombre
Besos con un toque de canabbis que no trae más que el toque de la victoria y la serenidad
Besos que le ganan a la soledad, siempre ahí, esperando que caigamos
Besos que triunfan sobre los silencios
Besos que ocultan a los miedos en un lugar que es preferible no encontrar jamás
Besos que duran por horas, por meses o por siglos, inmunes a otras bocas que no sea la de esa persona indicada
Besos que quedan marcados como una especie de tatuaje que otro beso no puede tapar
Besos indescriptibles, perfectos o justos
Besos transparantes, poéticos y filosóficos
Besos que callan peleas, gritos o rencores
Besos suaves, delicados y con los ojos cerrados, sin permitir que se abran en ningún momento. Pecando ante el más mínimo despegue de las lenguas.
Besos que no se terminan nunca y cuando se terminan, quedan fijados en el labio (y en todo el cuerpo)
Besos en estado de nerivosismo que se transforman en estabilizadores emocionales
Besos que tapan estados de imperfecciones
Besos simples, sin complejos, sin tabues y ataduras
Besos cómplices, audaces y necesarios
Besos sinceros y sutiles
Besos que no hacen más que recordar un segundo, un instante pleno de felicidad absoluta y son la esperanza utópica de que en un atardacer, mientras la luna se pone lentamente, esos besos serán testigos de ese acontecimiento. Cuando vos, siempre tan vos, vas a venir a sentarte conmigo en la arena suave, con el ruido del mar de fondo y sin nadie más que nosotros. El beso de la eternidad, el beso que nunca morirá, el beso tuyo, el que nunca despegará de mi mente y al cual aspiro besar nuevamente.
Besos que endulzan hasta la sal más salada del universo
Besos con aroma tabaco pero sin llegar a ocasionar una enfermedad en el cuerpo
Besos que curan el alma
Besos que funcionan como terapia ante el malestar
Besos que reflejan el estado más puro del hombre
Besos con un toque de canabbis que no trae más que el toque de la victoria y la serenidad
Besos que le ganan a la soledad, siempre ahí, esperando que caigamos
Besos que triunfan sobre los silencios
Besos que ocultan a los miedos en un lugar que es preferible no encontrar jamás
Besos que duran por horas, por meses o por siglos, inmunes a otras bocas que no sea la de esa persona indicada
Besos que quedan marcados como una especie de tatuaje que otro beso no puede tapar
Besos indescriptibles, perfectos o justos
Besos transparantes, poéticos y filosóficos
Besos que callan peleas, gritos o rencores
Besos suaves, delicados y con los ojos cerrados, sin permitir que se abran en ningún momento. Pecando ante el más mínimo despegue de las lenguas.
Besos que no se terminan nunca y cuando se terminan, quedan fijados en el labio (y en todo el cuerpo)
Besos en estado de nerivosismo que se transforman en estabilizadores emocionales
Besos que tapan estados de imperfecciones
Besos simples, sin complejos, sin tabues y ataduras
Besos cómplices, audaces y necesarios
Besos sinceros y sutiles
Besos que no hacen más que recordar un segundo, un instante pleno de felicidad absoluta y son la esperanza utópica de que en un atardacer, mientras la luna se pone lentamente, esos besos serán testigos de ese acontecimiento. Cuando vos, siempre tan vos, vas a venir a sentarte conmigo en la arena suave, con el ruido del mar de fondo y sin nadie más que nosotros. El beso de la eternidad, el beso que nunca morirá, el beso tuyo, el que nunca despegará de mi mente y al cual aspiro besar nuevamente.
miércoles, 5 de enero de 2011
UN JUEGO ABSURDO
La mujer utópica es una mina que cumple con dos requisitos que parecen incompatibles: linda e inteligente. Cuando por lo general un pibe sale con una piba, lo primero que te preguntan tus amigos es ¿linda o inteligente?. Como si ambas facetas no puedan unirse generando justamente la idea principal del post, la utopía. Una mina que ya estuviste no es utópica. Ni siquiera cuando ese alguien no te da más bola y vos querés estar igual. El solo echo de haber estado en algún momento significa que no es un imposible. Compartiste momentos y situaciones. Te quiso. Te necesitó. Te buscó. La utópica nunca pensó en vos, no te necesitó ni piensa en vos. No podes creer que exista alguien con todas las cualidades juntas. Es esa mezcla rara: una mina que la ves compartiendo una cena familiar, caminás por la calle de la mano o te tirás en una cama teniendo sexo brusco. Son todas las combinaciones más extremas. No es la perfección. Por lo menos, yo no creo en la perfección. Siempre hay una mina que nos gusta mucho, más que otras. Las otras, las que no nos gustan tanto, son las que nos dan bola. En cambio, ellas, las utópicas ni nos miran ni nos registran. A lo sumo, les generás lástima. Ni así les sacás un sí. ¿por qué me gusta esa? ¿por qué no me gusta la que me esta abrazando y valorandome? ¿por qué insisto en un NO seguro?. Soy partidario de que están estas minas que nos vuelan la cabeza, que no podés creer que la naturaleza les hayan dado semejantes virtudes y uno está tan lejos de conseguirlas. Las escuchás hablar, las ves caminar o reirse y decís "¿por qué tiene que ser un sueño para mí?". Generan que te baje el autoestima, están del otro lado del camino. Está bueno que existan igualmente. Pero solamente van a exisitr, nada más. No sueñes con ganartela o con un beso de película con espectadores de fondo aplaudiendo la escena. Solamente apoya la cabeza en la almohada y pensa por dentro "que linda chica utópica". Es un juego al que hay que someterse. Es un juego en el que uno sale lastimado. Es un juego absurdo.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)